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CRÓNICA. LOS NEGROS EN EE.UU.

Más de dos siglos de una lucha constante

Antes de las enmiendas, la Constitución protegía la esclavitud y legalizaba la subordinación racial

Por Roger Zuzunaga Ruiz

Rosa Parks murió en octubre del 2005, cuando ni siquiera se avizoraba la posibilidad de que un negro pudiera llegar a ser elegido presidente de Estados Unidos.

Esta mujer de raza negra protagonizó uno de los hechos más emblemáticos en la lucha contra la segregación racial. El 1 de diciembre de 1955, en Montgomery (Alabama), Parks, integrante desde 1950 del movimiento por los derechos civiles, se negó a obedecer al chofer de un autobús público que le exigía ceder su asiento a un pasajero blanco, amparado en una ley vigente en ese entonces en el sur del país. Su acción le costó el ser denunciada, arrestada, enjuiciada, sentenciada y obligada a pagar una multa de 14 dólares.

Pero con su actitud contribuyó de manera decisiva a provocar un cambio en la sociedad estadounidense de mediados del siglo XX y, sobre todo, confirió a los activistas que luchaban en contra de la segregación racial una nueva forma de protesta.

Conocido el caso de Parks, Martin Luther King, en ese entonces un pastor bautista casi desconocido, y decenas de líderes negros se organizaron y promovieron un boicot a los autobuses de Montgomery.

En aquella ocasión, Luther King manifestó: "No tenemos otra opción que la protesta. Han sido muchos los años de notable paciencia, hasta el punto que, en ocasiones, hemos dado a nuestros hermanos blancos la impresión de que nos gustaba el modo en que nos trataban. Pero esta noche estamos aquí para liberarnos de esa paciencia que nos ha hecho pacientes con algo tan importante como la libertad y la justicia".

El boicot duró 382 días, hasta que la ley fue eliminada en 1956 por la Corte Suprema, que determinó que la segregación en el transporte estaba en contra de la Constitución. Durante ese tiempo, la vivienda de Luther King fue destrozada y recibió varias amenazas de muerte.

CONSTITUCIÓN IMPERFECTA
Pero el boicot a los autobuses solo fue el epílogo de una serie de hechos que venía incluso de casi dos siglos atrás.

En 1787 se redactó, en Filadelfia, la Constitución de EE.UU. Según un análisis de Ira Glasser, de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), el documento era extraordinario, pero profundamente incompleto. Sobre todo en lo referente a los derechos civiles. No incluía una declaración específica sobre derechos individuales. Aunque estipulaba lo que el Gobierno podía hacer, no decía lo que no podía hacer. Además, no se aplicaba a todos, pues el consenso de los gobernados se refería solo a los hombres blancos con propiedad.

Y precisamente debido a esas imprecisiones muchos estados se negaron a ratificar la Constitución. Exigían una declaración de derechos antes de estampar su firma en el documento. Los federalistas no la consideraban indispensable, mientras que sus antagonistas sí la creían fundamental. Tras cuatro años de negociaciones, finalmente la Declaración de Derechos Civiles de EE.UU. fue rubricada en 1791. Pero dicho documento escondía una realidad que pronto salió a flote: las mujeres eran ciudadanas de segunda categoría (recién en 1920 tuvieron derecho al voto), y los nativos americanos estaban fuera del sistema constitucional y se los definía como extranjeros dentro de su propia tierra.

A decir del análisis de Glasser, se tenía por bien entendido que había una "excepción de raza" en la Constitución. La carta protegía la esclavitud y legalizaba la subordinación racial. Los esclavos eran gobernados por "códigos de esclavitud" que regían cada uno de los aspectos de sus vidas. La ley no los amparaba y no podían recurrir a una corte, realizar contratos o tener propiedad. Podían ser azotados, marcados, encarcelados sin juicio y colgados. Hasta la Corte Suprema opinó en algún momento que "los negros no tenían ningún derecho que el hombre blanco debía respetar".

Años de lucha y una sangrienta guerra civil desembocaron en enmiendas constitucionales que, en el papel, le dieron a los esclavos y a sus descendientes derechos plenos de ciudadanía.

La decimotercera enmienda (1865) abolió la esclavitud y la decimocuarta (1868) garantizaba a los afroamericanos los derechos al debido proceso y la protección igualitaria de la ley. Mientras que la decimoquinta (1870) les otorgó derecho al voto. Pero tomaría un siglo más de lucha para que estos derechos fuesen ejercidos y respetados a plenitud.

EL SUEÑO DE LUTHER KING
Los primeros pasos para poner en práctica las enmiendas empezaron a darse en 1954, un año antes del Caso Parks, con el fallo Brown vs. Board of Education. En dicha sentencia la Corte Suprema consagró la educación como la principal reivindicación de los derechos civiles de nuestro tiempo. Este fallo empezó a terminar con la segregación escolar.

La llama ya estaba encendida y Martin Luther King se convirtió en la cabeza más visible del movimiento contra la segregación racial. El 28 de agosto de 1963, tras culminar una marcha de 250 mil personas, pronunció el discurso más emblemático de la época.

En ese mensaje, después de denunciar que la vida del negro seguía lisiada por las cadenas de la discriminación y que era hora de hacer realidad las promesas de la democracia, pidió que la lucha fuese sin amargura ni odios, sin violencia ni desconfianza hacia el hombre blanco.

Martin Luther King murió sin ver su sueño hecho realidad. El 4 de abril de 1968, en Memphis (Tennessee), James Earl Ray, un hombre blanco que había escapado de la prisión, lo asesinó.

Pero el camino ya estaba marcado y no había marcha atrás. Cuarenta años después de su muerte, un negro, Barack Obama, ha sido elegido presidente de Estados Unidos.

El legado de Parks y el sueño de Luther King
En su autobiografía publicada en 1992, Parks escribió que "algunas personas han dicho que no dejé el asiento porque estaba cansada. No es así, yo era una mujer joven y no estaba más cansada que al término de cualquier otro día de trabajo. De lo que sí estaba cansada era de ceder siempre", añadió. "Cuando me arrestaron, yo no tenía idea de que eso iba a causar todo un movimiento. Habíamos soportado ese tipo de tratamiento durante demasiado tiempo", afirmó la pionera del movimiento de los derechos civiles.

Por su parte, Martin Luther King, en su discurso del 28 de agosto de 1963, dio un mensaje inolvidable: "Yo tengo un sueño, que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo... que todos los hombres son creados iguales".

"Yo tengo un sueño, que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa...".

"Yo tengo un sueño, que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel...".

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