Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

¿De quién es la gobernabilidad del país?

Por: Juan Paredes Castro

La concurrencia del primer ministro, Yehude Simon, y su Gabinete al Congreso, para exponer la política general del Gobierno, debería cobrar esta vez un carácter distinto del que comúnmente ha caracterizado a este rito constitucional.

No estamos sugiriendo que en presentaciones anteriores de gabinetes ministeriales el Congreso de turno no haya actuado de buena fe o haya rehuido la responsabilidad de compartir el voto de confianza otorgado. Lo que queremos decir ciertamente es que el voto de confianza se convierta, más que nunca en estas circunstancias, en un compromiso por la gobernabilidad del país entre el Ejecutivo y el Legislativo.

Gobernabilidad que debe reforzarse en tres frentes: en el de las demandas económicas y sociales regionales, con toda su carga de conflicto; en el de la crisis financiera internacional, que nos coge parados sobre un abismo, pero con el suelo relativamente firme; y en el del sistema político interno, afectado por el mediocre desempeño de los partidos.

Si el Congreso, de acuerdo con el denominador común recogido por El Comercio entre las bancadas, concuerda que el primer problema por enfrentar es el de la corrupción, su compromiso consistirá en acompañar al Gobierno en ese objetivo.

Muy bien. Pero comenzando por dejar atrás el otoronguismo, el espíritu de cuerpo alrededor de evidencias de delito que comprometen a parlamentarios y que los mecanismos de impunidad internos frenan su paso a la justicia. Este es el ejemplo que debe dar el Congreso en un tema con el que tiene que ser coherente.

El voto de confianza del Congreso tendrá que traducirse también en el comportamiento de la propia bancada del Apra. Que no vaya a repetirse el papel desestabilizador que jugó en muchos de los tramos de gestión del gabinete Del Castillo.

Si entonces Del Castillo suscitaba viejas aunque impertinentes resistencias en su bancada, hoy no habría razones para que Simon tuviera que verse afectado por presiones contradictorias del mismo régimen.

No se trata de que el Congreso le diga a Simon: "Ahí tienes nuestro voto de confianza y arréglatelas como puedas". El Congreso ya no puede seguir jugando a la inimputabilidad. Pensamos, al igual que su presidente, Javier Velásquez Quesquén, que oportunidades como la presente son propicias para reconstruir confianza y establecer algunas conexiones sólidas con las imperiosas necesidades de gobernabilidad del país.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook