DE AUDIOS Y CORREOS
Por Jorge Salmón Jordán (*). Comunicador social
Todo indica que ni la crisis económica mundial nos afectaría tanto como la crisis de desconfianza que estamos viviendo. Los audios y correos electrónicos sobre hechos aparentemente delictivos muestran al Perú ante los ojos del mundo con visos de inestabilidad e incertidumbre.
La percepción del Perú hasta hace 30 días no podía ser mejor. Sin embargo, hoy ante la escasa credibilidad de instituciones y sectores dirigentes y la difusión, interna y externa, del engaño y el fraude, de la viveza criolla y la mezquindad, tenemos la más importante campaña comunicativa en contra de nuestro país y ello conspira contra la inversión y la democracia.
Más allá de personas y de hechos punibles, el clima generado no es el más propositivo para responder la ojeada del orbe. Porque nada como lo ocurrido ha sido tan eficiente para desprestigiarnos. En este Diario se ha editorializado que es inaceptable un sistema criminal de seudomoralización, movido por la venganza, el espionaje industrial o el chantaje.
Ciertamente, no es aceptable que un vulgar 'chuponeo' pueda servir como eventual prueba no siempre verídica o más grave aun, que correos electrónicos se fabriquen y difundan perjudicando honras de personas e instituciones. Por esa terrible sensación de que pudiéramos estar eventualmente extorsionados por interceptaciones telefónicas o correos apócrifos, no puede paralizarse un país que, con problemas y dificultades, viene claramente creciendo.
Estas reflexiones no indican que hay que dejar de impulsar la transparencia. Pero no a través de retórica y frases clichés. Porque igualmente hay que luchar contra la maledicencia, la hipocresía y la mezquindad, pero en una cruzada de todos los sectores.
Porque no puede aceptarse con facilidad irresponsable que la grabación clandestina sea un método tolerable, incluso para ventilar actos delictivos. No solo la justicia debe hacer algo, sino debe lograrse que se legisle más eficientemente sobre el tema. Conflictos familiares, societarios, políticos y hasta personales pueden estar en riesgo. El país con mayor razón. Basta una grabación o un correo mal intencionado para que el ciudadano viva un vía crucis y se destruya el capital más importante: su nombre.
Pero no equivocarse. No se trata de silenciar la corrupción. No se trata de que la fiscalía no proceda con la celeridad del caso. No se trata de que los medios de comunicación no informen. No se trata de que los jueces no actúen como corresponde. Se trata de lograr que el momento que vive el Perú no sea desperdiciado y que desdeñables intereses mercantilistas o políticos indignos conspiren contra el país y su opción de desarrollo. Se trata de valorar el honor y la dignidad.
Ante un momento tan delicado y teniendo ad portas un evento en el que estaremos en la vitrina del mundo, alguna institución o personalidades del más alto nivel deberían buscar un espacio de reflexión y marcar un hito para que se mire el futuro luchando contra la corrupción pero con el mismo espíritu, el respeto por ciertos valores fundamentales.
Hay que enfrentar esta psicosis que trae una parálisis terrible. Melindrosa. Temerosa. Mojigata. Algo hay que hacer. Me lo dicen académicos y magistrados, empresarios y políticos. Hagamos un ejercicio de responsabilidad social. Por el país, por el futuro y por nosotros mismos.
(*) INTERFORUM