LA SEMANA QUE PASÓ
Por Pedro Ortiz Bisso
La decisión de la Conmebol de quitarle al Perú la sede del próximo torneo Sub 20 era el requisito que faltaba para sellar la partida de defunción de nuestro fútbol. Su conversión definitiva en paria internacional debe concretarse el viernes 21 de noviembre, cuando el comité ejecutivo de la FIFA dictamine la suspensión de sus derechos como miembro por la injerencia gubernamental que, a su juicio, sufre la Federación Peruana de Fútbol (FPF) desde hace buen tiempo.
El retiro de la sede se caía de madura, así como que Manuel Burga y sus opositores se echaran la culpa mutuamente de lo ocurrido. El primero alcanzó a decir en conferencia de prensa que tenía "la conciencia tranquila" y reiteró que nada lo moverá de su sillón de la Videna. Y antes de despedirse, lanzó una bombita de diez megatones: si el 21 nos suspenden, el 25, cuando se realice el sorteo de la Copa Libertadores del próximo año, los clubes peruanos podrían ser obviados, lo que en buen romance significa adiós a la competencia internacional y, sobre todo, a los cientos de miles de dólares que perciben por su participación.
Para Universitario, el único peruano clasificado a la fecha, cuya quiebra virtual se agudiza semana a semana, tal pérdida podría significar el temido final.
El último viernes, el ex presidente de Sporting Cristal Francois Mujica dijo que su club posee un plan para que Burga deje la FPF en tres meses. El concepto es simple: trabajar con las ligas distritales --"concientizarlas", fue la palabra que usó-- para que las propias bases, sin salirse de la normatividad vigente, obliguen al presidente de la FPF a dejar el cargo.
El proyecto fue preparado hace un año, pero no hubo más clubes que quisieran apoyarlo. Ahora, cuando la sobrevivencia de sus instituciones pende de un hilo, más de un dirigente debe estar dándose de golpes a la cabeza por tal falta de visión.
Pretender sacar a Burga a la mala, como insisten en hacer desde las más altas esferas del poder, ha puesto al fútbol peruano al borde del abismo. No haberlo enfrentado con inteligencia ha determinado que nos encontremos en este callejón sin aparente salida. El pitazo final se acerca cada vez más.