Por Fernando Vivas
No soy racista ni clasista, sino realista: en la pantalla hay un último escalafón humano, el que aguanta todas las bromas y todas la chapas denigrantes, el que mata y muere por una figuración aunque sea ínfima, o por el permiso para cobrarse la aparición con un 'cherry' a su peluquero, a su lipoescultor o a su acupunturista. Un canje del hambre con la necesidad.
La lista, aunque su naturaleza es infecta, es selecta: Farid Ode, Flor Polo y mamá Susy Díaz, 'Mero Loco', Tongo, Daysi Ontaneda, todas las chicas de Álex Otiniano, todos los chicos de Skándalo y afines, las porristas (¡Shirley Cherres está acusada de inventarse un cáncer!) y todos los cómicos que deambulan de set a set.
Esta gentita ha perdido la guerra del prestigio, lo sabe bien y le llega altamente. Pero le queda por ganar mil batallas de la figuración. Algunos pelean tantas y con éxito que podrían, de a pocos, ganar la condición de personajes de culto (que es algo parecido al prestigio) y hacer buena caja en el intento. Fue el caso de Susy y hoy es el de Tongo, reyes ambos de la recordación popular.
'El Toyo' y Damián Ode (¿de la misma estirpe que Farid?) cometen contra ellos, los que aguantan todo, sus más traumáticas cámaras escondidas. Cualquiera iría a la comisaría a denunciarlos, pero esta catadura de víctimas tiene que sonreír en medio de su shock. Están a disposición de los humores y ocurrencias temáticas del mediodía y compiten en tantas ediciones que no hay ni una pareja que no haya sido ya apareada en algún juego. Son los malos conocidos que no quieren ceder su lugar a los buenos por conocer.
Ya no está Magaly para invitarlos a que se difamen y arañen entre ellos, pero sí tienen las movidas sabatinas para comparecer, travestidos u homofóbicos, galantes o chuscos, democráticos o racistas, según diga la producción. Son los hijos de la pauta, o sea, de la agenda ínfima de la tele. Son los que aguantan todo mientras los aguantemos.