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UN DÍA EN EL BEMBOS

Jóvenes detrás del mostrador

Por Corina Delgado

Diariamente, los restaurantes de comida rápida reciben a cientos de personas que son atendidas por chicos y chicas que, en promedio, andan entre los 18 y los 25 años. Más de una vez hemos hablado con ellos, pero por lo general nadie se pregunta quiénes son y en qué consiste precisamente su trabajo. El miércoles pasado nos filtramos en el Bembos de Javier Prado y vivimos con ellos todo un día de chamba.

¿QUIERES UN CAFÉ?
A las once de la mañana Gary Moscoso (25) prepara un moccachino para un cliente que quizá no tuvo tiempo para desayunar en casa y decidió tomar algo rápido en el camino.

Gary trabaja de barista ("el barman del café") y lo disfruta, aunque no siempre los clientes estén de buen humor. Trabaja en Bembos desde que tenía 19 años y estudiaba para ser técnico en Enfermería en el Instituto de Salud Santa Rosa. "Empecé trabajando en limpieza en el horario nocturno (de doce de la madrugada a ocho de la mañana) para solventar mis estudios, pero me gustó y aquí estoy", cuenta.

TU PEDIDO ESTÁ LISTO
Jennifer Paredes tiene 18 años y es 'counter' desde hace seis meses. Ella es la que le entrega al público las hamburguesas o los platos a la carta, y también apoya en la caja, como la mayoría: "Aquí todos hacemos de todo, nos apoyamos entre nosotros", dice.

Son la una de la tarde y Jennifer tiene poco tiempo para contarme más sobre ella, porque la gente está haciendo cola para recibir sus pedidos. Pero más tarde --antes de ir a Alas Peruanas, donde estudia Ingeniería de sistemas-- promete conversar un ratito más.

FIESTA TODO EL DÍA
Son las 2:15 de la tarde y María Benito le explica a un padre de familia en qué consiste una fiesta de cumpleaños para niños en este 'fast food'. Ambos se preparan para firmar un contrato.

Desde hace tres meses, María (19) se viste con un enterizo azul y rojo. Ella es la anfitriona de fiestas infantiles de la tienda. "Yo hago los contratos, organizo y animo los cumpleaños de los niños que se celebran aquí", resume apresurada, mientras se apresta a cambiarse de ropa, porque a las tres tiene que ir a la universidad para llegar a tiempo a sus clases de Negocios Internacionales en la Universidad de Lima.

Gary está cuadrando la caja de la atención del café y verificando cuántos postres están quedando antes de irse. Ya son las tres y él tiene muchas ganas de ver a Luciana, su hija de 2 años, y debe apurarse porque ahorita la está cuidando su abuela. La esposa de Gary (Judith) también trabaja en un restaurante de comida rápida y llega más tarde a su casa.

Él ya egresó del instituto como técnico en enfermería, pero quiere seguir algún curso de especialización, o tal vez una carrera (Administración) en una universidad.

LE TOMO LA ORDEN
"Buenas tardes, bienvenido a Bembos, le tomo la orden", dice Tíffany al escuchar por los audífonos --que lleva a todos lados-- la señal de que un auto acaba de ingresar al local por el lado del 'drive thru' (servicio al carro).

A las 3:30 hay mucha afluencia de vehículos en el servicio en el que ella trabaja. "Atiendo aproximadamente a treinta carros en las cuatro horas que estoy trabajando", precisa.

Tíffany González de La Cotera también tiene 19 años y a su corta edad es madre de una bebe de 9 meses a quien debe mantener. "Acabo mis labores y voy a cuidar a mi hija", dice sonriendo.

EL SALÓN QUEDÓ IMPECABLE
A las cuatro de la tarde, Antonio Franco --aprovechando que la afluencia de público ha disminuido-- repasa los pisos con un trapo para que el muchacho del próximo turno, su sucesor en el puesto, encuentre todo limpio cuando él se vaya.

Antonio tiene 20 años y trabaja de salonero: se encarga de que todo el salón esté pulcro y brillante. O como él describe: "Recojo los azafates de las mesas, limpio los vidrios de las ventanas, los muros y el piso de todo el lugar".

Dentro de unos minutos, Antonio se irá a su casa a tomar un baño y a alistarse para sus clases que empiezan a las siete. A él le gusta mucho el fútbol y quiere ser entrenador, por eso estudia en la Escuela de Entrenadores de Fútbol durante la noche.

Jennifer ya terminó con su trabajo de 'counter' y a esta hora (5 p.m.) sale para ir directo a sus clases, pero le da tiempo para decirme lo que ya suponía: que ella también trabaja porque necesita dinero para continuar sus estudios.

Gary, Jennifer, María, Tíffany y Antonio ya se fueron, pero sus historias quedan aquí, atrapadas entre la cocina y el vago olor de las hamburguesas. Porque detrás de cada uno de ellos hay una persona, un joven como cualquiera de nosotros que lucha todos los días por salir adelante, por avanzar.

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