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El otro mundo al revés que vive el norte peruano

Por: Juan Paredes Castro

Hace mucho rato que el norte peruano genera noticia. ¿Pero por dónde viene la noticia, es decir la novedad?

Entre otras cosas, por ese otro empresariado que se ha instalado allí, y que en su suma y multiplicación productiva y competitiva, ha creado, en su tipo, un mundo al revés.

No reniega del Estado debiendo hacerlo; tampoco pierde el sueño por la crisis financiera internacional que tiene sin dormir a millones de inversionistas; y finalmente no exhibe un pelo de susto por el desafío económico y financiero de sus rivales, principalmente en el mercado de la agroexportación.

Sabido es que el mundo normal y lógico del exitoso empresariado tradicional peruano tiene un movimiento de rotación siempre pendiente de lo que haga o deje de hacer el Estado, lo cual no tiene nada de malo ni de ilegítimo. Vive en cíclicas colisiones con el aparato público engorroso e ineficiente. No hablamos aquí del empresariado que busca el enchufe del Estado, que es otra cosa y que suena a populismo y mercantilismo.

El novísimo y audaz empresariado que hemos conocido esta vez en el norte, a propósito del lanzamiento de El Comercio en Lambayeque, Piura, Trujillo, Tumbes y Cajamarca, parece estar poseído del férreo espíritu de los pioneros de los viejos tiempos.

Un día convierte una hacienda empobrecida por la politización sindical de sus asociados en un emporio agroexportador. Otro día le abre camino a la inversión próspera de otros empresarios peruanos y extranjeros. Y cualquier amanecer de cualquier día arriba a los puertos de Hamburgo, Nueva York o Ámsterdam, para cerrar negocios de alta escala con importadores locales de alta escala.

Olivio Huancaruna, Edwin Oviedo y Alfonso Velásquez, para citar solo a tres de los más destacados liderazgos empresariales, sienten que la Confiep les queda chica y grande a la vez. Chica porque están más allá de ella. Grande porque quisieran jugar un papel mucho más protagónico dentro de esa institución. ¿Los dejarán?

Ahí está también en el norte el empuje empresarial de los hospitales de la Solidaridad, autofinanciados, eficientes, con tecnología de punta y pacientes satisfechos cien por ciento de los servicios que reciben. El mundo al revés de los hospitales del Estado.

Si alguien quiere reconocer una macrorregión norte con todas las características de tal, esa es la que están labrando los empresarios de viejo y nuevo cuño, de Chimbote a Tumbes, de Piura a Cajamarca, pasando por Trujillo y Lambayeque.

La otra macrorregión, la del papel y el sobrediagnóstico, está en manos de los políticos. A ver si Javier Velásquez Quesquén logra impulsarla sobre la inercia de su propio partido.

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