Por Luis Davelouis Lengua
En el Perú, la palabra incluir supone hacer partícipe. ¿Por qué? Porque se ha argumentado desde siempre que la disgregación demográfica y las distancias y accidentes geográficos de nuestro país son los causantes de las amplísimas diferencias de toda índole que existen y, sobre todo, de la inadecuada e injusta distribución de la riqueza que mantiene dividido al Perú.
Pese a que la economía crece sostenidamente desde hace siete años y que gracias a ello se han implementado programas de ayuda social que han elevado las condiciones de vida de miles de peruanos, casi el 40% de la población sigue siendo pobre y un 25% es pobre en extremo.
Entonces, ¿qué pasará en un escenario de crisis donde el crecimiento decae, los ingresos del fisco y la inversión privada se retraen y, además, se ajusta el gasto del Estado? ¿Cómo se incluye entonces?
NO IMPORTA LA CRISIS
Todos los economistas consultados opinan que los procesos de inclusión no solo no deben estar subordinados a las condiciones económicas producto de la crisis, sino que, además, se deben tomar todas las medidas que sean necesarias para proteger a los sectores menos favorecidos de los efectos de una desaceleración que todas las veces trae cola.
Como explica el economista Roberto Abusada del IPE, "tener el criterio y la decisión de implementar --en un lugar estratégico al que rodean, digamos, 30 comunidades--, un hospital pequeño o un camino rural (...), eso no tiene nada que ver con la crisis, porque son cuatro reales".
Los economistas Félix Jiménez, de la PUCP, y Richard Webb, de la Universidad San Martín, piensan con afinidad. El primero señala que "si en bonanza persiste la exclusión, en períodos de crisis van a entrar más personas al mundo de la pobreza". Webb explica que los programas de inclusión y lucha contra la pobreza no representan más de "uno o dos puntos porcentuales del PBI (...), y eso es tan poco que no está amenazado por la crisis (...) e incluso si el crecimiento fuera cero para el 2009 o fuéramos a crecer 4% en vez de 8%, pues con mayor razón se debe seguir con los programas".
Gianfranco Castagnola, de Apoyo Consultoría, opina que "una crisis económica no es motivo para sacar el tema de la inclusión de la agenda del Estado".
FRENAZO
Lo que se espera es una desaceleración pausada y paulatina de la economía, de manera que no produzca mayores sobresaltos.
El problema es que el Perú viene creciendo a velocidades relativamente al- tas y toda la economía se organiza de acuerdo a ello, por extrapolación. Aun si seguimos creciendo, si la desaceleración es muy brusca, es cierto que no se producirá una recesión, pero el impacto será severo.
Jürgen Schuldt, de la Universidad del Pacífico, sostiene que "con esta crisis lo que va a aumentar es, en realidad, la exclusión social: precarización del empleo y más informalidad", explica.
En efecto, la reducción de la tasa de crecimiento (probablemente de 8% a 4,5%) tendrá un impacto inexorable en la economía.
"Va a haber muchísima inversión grande y microinversión que se va a quedar en off side, porque tomó por fundamentos futuros los del pasado (...), típico del peruano que va por la carretera a 120 y debe bajar a 70 de manera abrupta, todo el mundo sale volando por la ventana", explica Webb.
El efecto, como es previsible y en lo que coinciden todos los consultados, es mucho más severo para los sectores más pobres, con economías de supervivencia y que no tienen las herramientas para protegerse de una desaceleración económica.
De hecho, Élmer Cuba, de Macroconsult, proyecta que "el avance de la lucha contra la pobreza solo se va a poder hacer desde el lado del Estado (...) y para eso va a tener que utilizar el fondo de estabilización fiscal".
LA TAREA LA VISTA
Así, Jiménez y Cuba piensan que la tarea del Estado es proteger a los más vulnerables, para lo cual se debe mantener y reforzar los actuales programas sociales de ayuda y alivio, incluso como parte de las políticas fiscales. Con más o menos diferencias, la receta de todos es más o menos la misma: gastar más desde el Estado, pero selectivamente, en infraestructura y educación. Lo más golpeado durante una crisis económica es la inversión, lo que se traduce en menos puestos de trabajo disponibles, para una fuerza laboral que sigue creciendo.
Depende del Estado mantener el ritmo de la actividad económica a través de la inversión mencionada que, además de los efectos en la elevación de la calidad de vida de las personas, ayuda a cerrar en infraestructura y mejorar la competitividad del país. "Básicamente, nuestra pobreza y nuestro sufrimiento son productos de la falta de organización del Estado", sostienen Abusada. Esperemos que esta vez no le podamos echar la culpa.