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¿Podremos dejar atrás el vicio de la 'electoralitis'?

Por: Juan Paredes Castro

La presidencia del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ha dejado de ser el lugar privilegiado para la rotación cuadrienal de vocales supremos aburridos del Poder Judicial, que buscaban donde invernar los días de función pública que les quedaban.

Hace menos de una década que la presidencia del JNE, al igual que la jefatura de la Organización de Procesos Electorales (ONPE) y la cabeza del Reniec (Registro Nacional de Identidad), soportan la mayor fiscalización pública de su historia, y por consiguiente están obligados no solo a ser eficientes y competitivos sino sobre todo transparentes.

Su triste paso por el sometimiento al autoritarismo fujimorista y en muchos casos por el tejido de corrupción de Vladimiro Montesinos les dio una gran lección: debían devolver, con sus propios actos, la confianza que la ciudadanía les quitó, o sencillamente teníamos que reiventarlos desde las primeras letras de sus leyes orgánicas.

Felizmente el JNE, la ONPE y el Reniec experimentaron cambios fundamentales en sus cúpulas y en sus respectivos desempeños, al punto que hoy en día figuran entre las instituciones de más elevada credibilidad.

Pero sus vidas no pueden seguir girando únicamente alrededor de elecciones presidenciales, municipales y regionales.

Tienen que evitar caer en la 'electoralitis', es decir en el vicio de pensar solo en elecciones. Los partidos políticos han hecho lo mismo toda su vida. De ahí que generalmente existen en tiempos de elecciones y nada más. Incluso la Constitución y las leyes hablan de elecciones como el principio, medio y fin de la democracia y del sistema político del que precisamente carecemos.

Un magistrado del peso del doctor Hugo Sivina, ex presidente de la Corte Suprema y del Poder Judicial, reemplaza al vocal supremo Enrique Mendoza en la presidencia del JNE. Sivina tiene en su activo haber puesto las bases de la reforma judicial que lamentablemente el Congreso ha trancado. Y no creemos que su paso por el JNE lo haga pensar solo en los comicios generales del 2011.

Sin negar la importancia de tales comicios, lo fundamental, en el JNE y en la ONPE, es la contribución que tienen que prestar a la democratización interna de los partidos políticos, a la fiscalización de sus bases, representaciones, sedes y liderazgos. Los partidos ya no pueden pasar gato por liebre a través de los padrones del JNE y de la ONPE para luego sorprender al país con cada 'joyita' en el Congreso. Antes que el elector al JNE le tienen que importar aquellos que buscan ser elegidos por cualquier medio, incluso ilícito.

Bienvenido, doctor Sivina, a sus nuevos quehaceres.

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