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EDITORIAL

Chinalco: los primeros resultados del APEC

Ya se van haciendo notar los primeros resultados de la cumbre del APEC, que se celebra en Lima. Cada vez son más los mandatarios y líderes de opinión que coinciden en que el Perú se ha convertido en un país ideal para inversiones, desde el presidente de Estados Unidos, George Bush, hasta el mandatario chino, Hu Jintao.

Pruebas tangibles de ello son los tratados de libre comercio, con Estados Unidos, en proceso de implementación, cuanto con el gigante asiático, a punto de finiquitarse. Adicionalmente, algunas empresas chinas, como Chinalco, han aprovechado la coyuntura para anunciar su intención de invertir aproximadamente 2 mil millones de dólares en el proyecto minero de Toromocho, en Junín, con lo que la producción de cobre se iniciaría en el primer trimestre del 2012.

¿Qué significa esto? Como sucedió a principios de la década de los 90, cuando Telefónica ofertó más de 2 mil millones de dólares por la concesión del servicio telefónico, vemos con satisfacción que nuevamente somos receptores de megainversiones que marcan toda una tendencia.

Así, no se trata simplemente de concesiones gratuitas al país anfitrión, sino de un reconocimiento al enorme potencial del Perú. Chinalco es el tercer mayor productor de aluminio del mundo y la segunda mayor empresa de cobre en China, y se ha comprometido a apoyar el traslado de gran parte de la población, incluso en la compra de nuevos terrenos para que los posibles afectados puedan mudarse.

Dicho esto, debemos subrayar las responsabilidades que debe asumir el Gobierno para estar a la altura de las circunstancias. Y no solo para garantizar estabilidad política y jurídica para las inversiones, sino también para crear un clima de sana convivencia entre inversionistas, trabajadores y comunidades.

En tal contexto, las nuevas inversiones en minería deben servir para superar problemas que se han presentado en otras oportunidades y evitar que se repitan sucesos infaustos como los del año 2002, en el llamado 'arequipazo', cuando el gobierno del presidente Toledo, con Fernando Rospigliosi al frente del sector Interior, no pudo controlar los desmanes de los grupos que se oponían violentamente a la privatización de Egasa. Se hizo evidente allí no solo la falta de adecuada información previa, sino también la carencia de vínculos sólidos con las comunidades aledañas, todo lo cual atizó los conflictos en lugar de amenguarlos.

Eso es lo que hay que evitar de ahora en adelante, dentro de lo que se llama responsabilidad social de las empresas, que debe basarse en el convencimiento de que el desarrollo no debe ser solo económico, sino también social en un entorno de paz orientado a la mayor inclusión.

El mundo atraviesa una seria crisis financiera y económica, que pone a prueba el temple y la capacidad de todos los países. El Perú se encuentra en buen pie, pero ello no debe significar que descuide los flancos políticos y sociales. Por el contrario, la positiva política de apertura e integración comercial debe incluir compromisos de los inversionistas para considerar como prioritarios los vínculos con los trabajadores y las comunidades, en un contexto de sana competencia económica y comercial.

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