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Cuando las cumbres ya no pueden viajar en su propia nube

Por: Juan Paredes Castro

Probablemente esta será la primera vez que los líderes del Asia-Pacífico no podrán alejar de su agenda de fondo las políticas domésticas nacionales.

No las tendrán en sus carteras de trabajo sino en la cabeza, el hígado y el corazón. Son demasiado vitales y palpitantes para dejarlas en casa.

Es que la agenda de fondo no es otra que la de buscar acuerdos urgentes para enfrentar la crisis financiera internacional. Claro que esos acuerdos, en su más pura realidad, no van a funcionar si las políticas domésticas nacionales no lo hacen suyos. Y para ello, los líderes del Asia-Pacífico tienen que ser conscientes de la necesidad de convertirlos en vinculantes y obligatorios, pero bajo la cuerda particular de cada cual, sin responsabilidades institucionales para el APEC.

Estamos ante un excepcional y crítico momento internacional en que los acuerdos generalmente no vinculantes de las citas del APEC solían tomarse en cuenta o matizarse sin necesidades cruciales de por medio. Ahora sí importa lo que diga y deje de decir cada acuerdo según los intereses en juego a este lado y el otro del Pacífico. De ahí que la combinación de tales acuerdos con las políticas domésticas nacionales van a constituir debates y reacciones interesantes respecto de sus aplicaciones.

Tampoco los acuerdos logrados en la cima del APEC podrán apostar ciento por ciento por ellos si no forman parte de la compleja cadena de las políticas domésticas nacionales que hoy en día están divididas entre las que sienten pánico frente a la crisis y las que basan su optimismo en una perspectiva de crecimiento continuo en los próximos años.

Lo que nos recuerda el economista Moisés Naim respecto de cumbres como la G-20, APEC y cualquier otra, delante del derrumbe financiero global, es que todas ellas son más necesarias que nunca, pero que sus declaraciones finales tienen que estar amarradas, lo quieran o no, en un segundo tiempo, a las políticas domésticas nacionales.

No hay nada que quiera o pueda hacer la cumbre del APEC que no pase por lo que están viviendo y sintiendo internamente, en lo económico y social, todos y cada unos de los países miembros de la organización.

Y quizás por eso la agenda del APEC en Lima se vuelve crucial no únicamente para la zona Asia-Pacífico, sino también para el resto del mundo, incluida la Europa proteccionista y sobrerregulada.

¿Será que la crisis financiera internacional no está para protocolos ni para generalidades ni para fotografías del recuerdo sin sentido histórico.

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