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PUNTO DE VISTA

Los piratas del Índico

Por Juan Velit Granda. Internacionalista

Hace exactamente una semana, el gobierno de Dimitri Medvedev en Rusia decidió desplegar sus unidades navales de guerra en el Océano Indico para prevenir ataques de piratas a barcos mercantes no solo de su país, sino de cualquier otra nación. Con ello se sumó a las de la OTAN y la UE que también buscan poner orden y legalidad en esta convulsionada región.

Lo cierto es que, en los últimos tiempos, la República Democrática Somalí, ubicada en el Cuerno de África, está dominada por la violencia y una guerra civil larvada que hace ingobernable el país. Este proceso caótico ha llevado a que en esta nación aparezcan nuevas formas de delincuencia, siendo la piratería una de las más importantes.

Somalia, hermoso país ubicado en el África oriental, ha tenido en los últimos tiempos una historia accidentada. En el siglo XIX era una colonia británica e italiana con todos los retrasos que esta forma de administración conlleva. El país se independizó en 1960 y con ello se instaló un proceso de caos político que llegó hasta 1969, cuando asume el poder el general Siad Barre y se inicia una frágil institucionalidad política.

En 1991 es derrocado Barre y comienza una anarquía generalizada, que la ONU ha tratado de solucionar sin tener hasta ahora resultados concretos.

A pesar de que sus principales productos de exportación son el plátano y el mango, es el secuestro de barcos el rubro que en los últimos tiempos les está dando mayores dividendos. Aprovechando las luchas de clanes que se ha desatado en el país, algunos fundamentalistas musulmanes han iniciado una guerra religiosa contra los ciudadanos somalíes que colaboran con los voluntarios de las ONG humanitarias o en las diversas oficinas del Estado o en las de la ONU, con lo que se agudizado el desgobierno.

El secuestro de barcos mercantes y de cruceros turísticos es el principal objetivo de estos piratas que amenazan con alterar el desenvolvimiento del comercio marítimo en el convulsionado Índico.

En agosto unos barcos japoneses y belgas fueron secuestrados, y después de grandes negociaciones y del pago del respectivo rescate se logró su liberación. Luego algunas naves militares francesas fueron atacadas por los piratas somalíes, pero se logró repeler la agresión. En setiembre se realizó una de las acciones más audaces de la piratería moderna cuando se capturó un barco ucraniano que transportaba armamento de mano y más de 35 carros de combate. Pero el golpe más atrevido ha sido la captura de un barco con bandera saudí, el Sirius Star, que llevaba más de 2'000.000 de barriles de petróleo, con un valor aproximado de 100 millones de dólares y considerada la nave más grande que se haya secuestrado.

Esta ha sido la gota que colmó la paciencia de los ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa de la Unión Europea para decidirse a actuar contra estos delincuentes y se ha acordado lanzar una gran operación combinada, llamada Atalanta, para lo cual ya se han iniciado los preparativos de unidades aeronavales.

Lo cierto es que esta nueva cruzada podría acarrear consecuencias imprevisibles, ya que podría ser percibida como una agresión occidental contra un pueblo musulmán cuyos niveles de pobreza son inmensamente desproporcionados al de los países que forman la alianza europea.

Pero también hay que tener en consideración que este tipo de actividades criminales dificulta el normal desenvolvimiento del tránsito marítimo en esta estratégica región, donde circulan aproximadamente 20.000 naves al año.

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