Por Mario Fernández
Sporting Cristal era el dueño de la fiesta. Jugaba en su estadio, con una hinchada bulliciosa y a pleno sol pero el rival, Bolognesi, terminó adueñándose no solo de la piñata, sino de los tres puntos de premio porque la victoria fue para el equipo tacneño por 2-1.
Nunca un castigo tan merecido para alguien como el once de Juan Carlos Oblitas que se perdió en un mar de errores, que nunca pudo insinuar una fisonomía de equipo, al extremo que su goleador Ximénez ni siquiera fue digno de anotar un penal --tan discutido en su cobro como peor en su ejecución--.
A los rojos del sur les bastó ser ordenaditos en su línea de fondo, con la seguridad de su meta Heredia para comenzar a tejer esta victoria que llega en horas tan difíciles, cuando se juega el derecho a no bajar.
Se iba un insípido primer tiempo cuando Ross ejecuta un tiro libre y Roberto Demus se anticipa a todos y de cabeza anota. El árbitro Pacheco no sabía qué cobrar y si marcó el centro fue porque su línea Moisés Ibáñez le marcó.
En el complemento Juan Barros, el sub 20 nacionalizado, hizo un hermoso gol, que justificó con creces el precio de la entrada pagada. El descuento de Wenceslao Fernández apenas sirvió para animar a un Cristal tan desteñido, tan sin alma, tan sin sed.