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RECONCILIACIÓN CÍVICO-MILITAR

Un general muy singular

Por Fernando Vivas. Periodista

Abrigo la esperanza de que el general Edwin Donayre sea el último de los cachacos. La palabra tiene un matiz controvertido y por eso la uso con nombre propio. Este general no está para generalizaciones. Su risueña, y ahora dramática singularidad, tiene que ser materia judicial --adelante las pesquisas-- y de indagación sociológica.

A esto último voy y apelo a un término en retirada: entiendo por cachaco, al militar o policía abusivo, cuadriculado en sus principios y machista al punto del exhibicionismo. Tal ha sido por mucho tiempo la manera de expresarse de uniformados que, más allá de cumplir enérgicamente con su misión de preservar la paz interna y bregar por la defensa del país (lo que exige de nuestra parte, absoluto respeto), se las han arreglado para reclamar prerrogativas frente a la civilidad. Como si su monopolio de las armas estuviera en directa relación con su virilidad y como si esta tuviera que afirmarse mandoneando a otros hombres --las mujeres poco cuentan-- y halagarse con gasolina gratis, playas exclusivas y hasta un fuero propio. Su interna inseguridad --madre de todos los machismos-- se plasmó en la teoría autoritaria de la seguridad. Y no necesitaban derecho a voto porque, de vez en cuando, hacían golpes de Estado. Darles el voto fue un gran avance en la democratización del país.

Se me dirá que al general lo civiliza el buen humor con el que lanza chascarrillos y manda rampar a los panzones omisos al servicio militar. Muchos se seducen por estos aires de Donayre y creen que así atenúa su autoritarismo. Por el contrario, lo facilitan. Miren a Hugo Chávez, el último cachaco presidente de la región, perpetuado con humor.

Tenemos un dramático antecedente de incomprensión de las formas en que se expresa el autoritarismo militar. El general Adrián Huamán sucedió a Clemente Noel en el mando político militar de Ayacucho durante la guerra contra el terror.

Era campechano y su discurso, que ponía de relieve el trabajo social con la población, lo acercó a la opinión pública que había responsabilizado injustamente al parco Noel de la masacre de periodistas en Uchuraccay.

Resulta que cuando la Comisión de la Verdad hizo el balance de la guerra interna, se confirmó que el simpático Huamán era responsable político de muchos más excesos que el satanizado Noel.

Por todo esto, el retiro y el proceso de Donayre, sin chiste ni furia, son importantes para la plena reconciliación entre militares y civiles.

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