Por Gonzalo Galarza Cerf
La destreza mostrada a temprana edad por Quíspez Asín despierta más que entusiasmo, inquietud, pues la respuesta escapa a la lógica. Aunque, más allá del talento nato, hay una palabra clave: dedicación. A los 15 años estaba frente al maestro Teófilo Castillo siguiendo atento sus indicaciones en el taller de la Quinta Heeren, en Barrios Altos. Luego se iría a la academia Concha y en 1919 sería uno de los primeros alumnos matriculados en la recién inaugurada Escuela Nacional de Bellas Artes. Ese año, mientras recibía las pautas de otro de sus maestros, Daniel Hernández, el joven Quíspez Asín montaba su primera muestra.
En esa época el sueño de los artistas era partir a Europa ante la incipiente vida cultural limeña. En ese momento su primo, Alfonso de Silva, se gana una beca para estudiar música en Madrid. "Siempre se dijo que Quíspez Asín fue becado para irse a Madrid, pero no fue así", revela el curador de la muestra, Jorge Bernuy. "¿Cómo te vas a quedar? Esto es deprimente, espantoso, acá te mueres, no hay nada. Si quieres compartimos mi beca y vamos a vivir allá", recuerda Bernuy las palabras del primo de quien fuera después, en la década del cincuenta, su maestro y amigo.
"Él había ganado dinero como dibujante y un tío le da una bolsa con monedas de oro. El primo era un grandísimo bohemio, le entraba al trago, a la droga y al juego. Y le empieza a pedir en el barco, le va sacando y sacando, y cuando llegan se habían tomado la plata. Esos meses la pasaron horrible porque llegaron y aún no tenían la plata de la beca", dice Bernuy. Después la madre del artista gestionaría una beca para su hijo a través de una audiencia con el presidente de turno.
SU PASO POR EUROPA
En España Carlos Quíspez Asín es marcado profundamente por el Museo del Prado: en sus salas el joven creador analiza y se pone a estudiar a los artistas clásicos: los maestros italianos Paolo Uccello y Piero de la Francesca. Luego, ya instalado en la Academia de San Fernando, adquiere el oficio de la mano de Cecilio Pla, un teórico del color que lo orientó a aprovechar el blanco de la tela para alcanzar una mayor luminosidad a través de la transparencia.
Un día llegó a la clase un tipo alto, elegantemente vestido de blanco, llevaba puesto un sombrero sarita, escarpines y utilizaba un bastón con la punta en oro. Lo acompañaban tres tipos elegantes que se quedaron en la puerta. El hombre entró y no saludó a nadie, ni al profesor. Armó un caballete y puso una tela. El maestro Carlos Quíspez Asín lo contempló, y se preguntó qué irá a hacer. De pronto, este ser extraño para el peruano agarró el carbón y empezó a dibujar. "Estoy seguro de que ni el profesor podía superar en dibujo a este tipo", dijo el artista. "Tenía una facilidad increíble y una genialidad. Era extraño, muy simpático, y especial", describía así a quien sería después uno de los más grandes artistas españoles: Salvador Dalí. Quíspez Asín le hizo un retrato y días después Dalí volteó y lo vio. Bernuy recrea el momento: "Tienes talento, puedes dar, está muy bien el dibujo y tiene buen color. Sigue adelante; ese retrato está muy bueno. Te voy a invitar a comer", añadió con superioridad Dalí. Desde allí se hicieron amigos.
Si en España absorbió de los clásicos, en París, cuando va a visitar a su hermano César Moro, Carlos Quíspez Asín se nutre de los pintores de vanguardia de ese momento como Pablo Picasso. De ellos asimila el cubismo.
De regreso en España monta su primera muestra y cosecha elogios de la crítica. Sin embargo, regresa a Lima ante el pedido de su familia que estaba necesitada de dinero. Su vuelta marca uno de los errores en su vida, pues no vendió ni un cuadro. Empieza a dictar clases y es invitado por el padre de uno de sus alumnos a que sea una especie de tutor y guía en Estados Unidos. En Los Ángeles incursiona en los murales, gana un concurso en Miami y otra vez vuelve a caer en el mismo error y regresa a Lima, ante el mismo argumento de su familia. En ese tiempo, con una madurez notable, continúa su vasta obra, que incluye más de mil cuadros, una veintena de murales al fresco, dibujos y grabados. Incluido dentro del grupo de los llamados Independientes, Quíspez Asín pasa a enseñar en Bellas Artes y forja a artistas como Tilsa Tsuchiya y Gerardo Chávez. Y hasta el final de su vida mostró la limpieza en la línea, el color y la forma en sus obras.
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Dirección: Jr. Bellavista 531, Miraflores.
Temporada: del 3 al 30 de dic.