Los impuestos en el tapete
Por Elizabeth Cavero
Si la tasa de un impuesto es cero, la recaudación será cero. Si la tasa de un impuesto es 100, la recaudación también será cero porque desaparece el interés por realizar la actividad que da origen al impuesto. De esta premisa parte la teoría de que subir las tasas de los tributos, no necesariamente se traducirá en un mayor volumen de recaudación. Por el contrario, puede que una reducción en las tasas se convierta en un aliciente para que las empresas inviertan más y los consumidores compren más, y así el fisco termine ganando.
¿Suena bien? De seguro. Sin embargo Estados Unidos la aplicó a inicios de los años ochenta y consiguió uno de los mayores déficits de su historia. El problema no es la teoría --popularizada a inicios de esos años por el economista norteamericano Arthur Betz Laffer-- el problema es que quien decide aplicarla no sabe si ha pasado el punto en el que es posible conseguir el mayor volumen de recaudación con las tasas impositivas más altas. Ese punto solo es posible estimarlo.
Islandia lo estimó con éxito cuando, entre 1991 y el 2001, llevó su tasa del impuesto a las rentas corporativas de 45% a 18% y triplicó su recaudación (la página web del Instituto Cato cita un reportaje del Wall Street Journal en el que se contó el caso).
Este nórdico debate ha sido reavivado en el Perú desde que hace algunos días, aprovechando el Foro de Inversiones del APEC, el ministro de Economía Luis Valdivieso opinó que el Impuesto General a las Ventas de nuestro país estaba en un nivel un poco alto. "No estoy diciendo que lo vamos a cambiar en el corto plazo, ni tampoco en el muy largo plazo", dijo de inmediato con astucia a los empresarios que lo escuchaban.
Esta semana volvió a aclarar que tal posibilidad solo se puede contemplar si el país empieza a ver un aumento en la recaudación. "No vamos a matar a la gallina antes de tener los huevos", resume Valdivieso. Aun así, sus palabras avivaron el debate que esta semana se vio nada menos que en el pleno del Congreso. El foro fue el adecuado, pues justamente se hablaba de financiar el presupuesto del 2009.
Sin embargo, más de un legislador señala que el Congreso no cuenta con un análisis económico sobre el impacto de mover las tasas. "Yo creo que el IGV podría bajarse en uno o dos puntos, y tal vez ello alentaría a las empresas a formalizarse", dijo Washington Zevallos, quien preside el grupo de trabajo del Parlamento sobre descentralización fiscal: "Pero es algo que se ha soltado ahora en el debate, habría que analizarlo bien".
CURVAS PERUANAS
Entonces, ¿es posible estimar de qué lado de la curva de Laffer están las tasas impositivas en el Perú? ¿Subiría la recaudación si un menor IGV promueve la demanda y una menor tasa de Impuesto a la Renta promueve las inversiones? ¿O, de otra parte, el Estado estaría sacrificando recaudación a cambio de poco o nada?
Los economistas y abogados tributaristas consultados para este reportaje encontraron diversas razones por las que una reducción impositiva no sería buena para el Perú en este momento.
"La rebaja de los impuestos puede formar parte de una política contracíclica, sin embargo, una de las formas en las que la crisis internacional está afectando al Perú es el precio de los commodities que puede representar una caída muy fuerte en la recaudación, tal vez equivalente a dos puntos porcentuales del PBI. No tenemos margen para hacerlo", comentó el economista Roberto Abusada, director del Instituto Peruano de Economía: "Sin embargo han habido ahorros públicos en los últimos dos o tres años, por lo que es más lógico usar el gasto para hacer política fiscal contracíclica". Según Abusada, este gasto puede además dirigirse a actividades que tengan un fuerte componente de mano de obra, como la construcción o los programas sociales.
Waldo Mendoza, jefe del departamento de Economía de la Universidad Católica, comparte la idea de que hoy a lo que se debe recurrir es al gasto por parte del Ministerio de Economía y, tal vez, a una disminución en la tasa de interés de referencia del Banco Central de Reserva, pero no a una reducción en los gravámenes.
"Históricamente hemos tenido una presión tributaria baja y, a la larga, esto implica que el Estado no puede cumplir con sus funciones básicas en el campo de la salud, la seguridad y la educación", dice Mendoza, precisando que el promedio latinoamericano de presión tributaria está en 18% como porcentaje del PBI, mientras que en el Perú está entre 15% y 16%.
"Los tributos no tienen la flexibilidad que tiene el gasto público: si bajas una tasa es casi imposible volver a subirla y si la subes casi no puedes volver a bajarla", añade Mendoza, quien también destaca la discrecionalidad que tiene el Estado al usar el gasto: "La ventaja es que podemos hacerlo, solo en los gobiernos regionales hay como S/.10.000 millones de soles ahorrados".
Con el mismo pragmatismo que Abusada y Mendoza --quienes han estado en el Ministerio de Economía como jefe del gabinete de asesores y como viceministro de Hacienda, respectivamente-- opina Carlos Casas, profesor de Econometría de la Universidad del Pacífico y ex jefe del gabinete de asesores del MEF en la gestión de Luis Carranza. "Reducir uno o dos puntos en el IGV tendría un fuerte impacto en la recaudación, pero para los comerciantes y consumidores la diferencia es marginal. Yo creo que no terminaría de trasladarse", señala.
Casas indica que antes de estudiar incentivos vía reducción de impuestos, debe haber un verdadero esfuerzo del Estado por ampliar la base tributaria. "Si uno ve donde se paga el Impuesto a la Renta, notará que la recaudación es mucho mayor en Lima, aún descontando a los grandes contribuyentes. Por eso creo que una reforma podría pasar por darle más facultades a los gobiernos regionales", dijo Casas, quien el viernes tuvo una exposición en el Congreso sobre descentralización fiscal.
En cuanto al Impuesto a la Renta, no descartó que una reducción pudiera alentar la inversión. Pero antes que un recorte del porcentaje impositivo, Casas dijo que el Gobierno podría estudiar una medida como la de devolver impuestos directamente. Ello podría incluso complementar alguna medida que reduzca la evasión entre los profesionales independientes.
En este punto hay que señalar que el factor cultural afectaría la aplicación de una teoría como la de Laffer. ¿Qué tasa sería adecuada para que los consumidores peruanos no pidan el descuento del IGV a cambio de no pedir comprobante? ¿Qué tasa haría que, para las empresas, no valga la pena conseguir facturas que les ayuden a ganar más crédito fiscal?
Según Mendoza, impuestos tan importantes como el de la renta y el IGV solo deben modificarse si hay una política de largo plazo, es decir, diez años o más. "No se le puede decir a un inversionista que bajan los impuestos para el 2009 y luego no sabemos qué vamos a hacer en el 2010", precisa.
Abogados tributaristas que están en permanente contacto con las empresas comparten, en lo general, esta visión. "Puede que un menor IGV aliente el consumo, pero en el caso del Impuesto a la Renta, así la tasa sea alta, si estamos en la parte expansiva del ciclo y los precios son buenos, los empresarios invierten", afirma Roberto Cores, tributarista de Ernst & Young: "No creo que un escenario de recesión o desaceleración sea el ideal para bajar el Impuesto a la Renta".
Opinión similar tiene Rudolf Röder, socio tributarista de Price Waterhouse: "Una reducción del Impuesto a la Renta tendría poco impacto. Los inversionistas no están invirtiendo ahora por un tema de costos financieros y un menor impuesto no afectaría su modelo de evaluación del proyecto. Además, si como se supone la recesión va a durar más de un año, no tiene sentido desgastarnos por ese lado". Röder piensa que una reducción en la tasa debe venir después, durante la fase expansiva, como un incentivo adicional. Destaca, además, que los países están compitiendo por las inversiones a través de sus tasas impositivas.
"Yo estoy a favor de una reducción en el Impuesto a la Renta, pero no para usarla como una herramienta contra el ciclo económico, sino por un tema de competitividad del país", afirma también Roberto Abusada.
Para Javier Luque, socio de la práctica tributaria de KPMG, es bueno reconocer que el libre mercado ha hecho que los gobiernos dejen de usar la política tributaria como una herramienta y prefieren más bien que el manejo de los impuestos sea lo más neutral posible.
"Ahora bien, así como en épocas de inflación generada por un exceso de la demanda técnicamente es posible ajustar la tasa del IGV para arriba y reducir el consumo, en épocas de recesión también podría serlo reducir la tasa a fin de favorecer el mismo. Sin embargo, estos son conceptos teóricos que no siempre se encuentran respaldados en la realidad, dado que esta clase de medidas pierden su impactos por las exoneraciones y las altas tasas de evasión que aún existen en nuestro país. El esfuerzo podría resultar inútil", explica Luque, quien participó en el diseño tributario de inicios de los 80. Ahora, precisa, lo que podría necesitarse es que el MEF estudie si hay incentivos para evitar recortes en los puestos de trabajo.
Medidas como estas pueden formar parte de la revisión integral del MEF. Aunque la oportunidad para hacerla, tal vez, ya esté pasando.
ESTIMACIÓN
Ejercicios universitarios
La ubicación de los impuestos peruanos en la curva de Laffer ha tratado de estimarse a un nivel académico. El MEF y la Sunat también tienen estimaciones, pero estas son consideradas como información sensible que no suele divulgarse.
Según Carlos Casas, en la Universidad del Pacífico se han dado intentos de determinar si una menor tasa impactaría en una mayor recaudación de los impuestos. Sin embargo, la escasa variación que han tenido el IGV y el Impuesto a la Renta deja poco margen para estas estimaciones.
En todo caso, la reducción del RER para las mypes podría dar una aproximación a la conducta de los contribuyentes.