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En CD

Por Francisco Melgar Wong

El último romántico
Como un joven aspirante a mafioso en una película de Martin Scorsese, el personaje que Pelo Madueño encarna en su último disco no puede dar un solo paso en falso. Para empezar, el papel es pesado (se trata del último romántico que pretende sacrificar su corazón a cambio de una decadente temporada en el infierno) y en esta ocasión, para colmo de males, el guion es sumamente exigente y detallado. Lo interesante del asunto es que en casi todas las canciones Pelo convierte sus visiones del amor y de la muerte en formas musicales de gran originalidad: interesantes progresiones armónicas, una voz expresiva gracias a su propia somnolencia, además de sorprendentes arreglos instrumentales.

La parte menos interesante del asunto está en las letras, y es que por no quebrar la perfecta geometría de las canciones Pelo cede a ese 'impulso Cerati' de insertar la palabra que suena mejor en la métrica predeterminada del tema, en lugar de escribir la frase que podría revelarnos matices inéditos de la composición. No sería mala idea (como a veces hacen los jóvenes aspirantes a mafiosos en las películas de Scorsese) que Madueño a veces diga lo que le dé la gana. Aunque suene románticamente incorrecto. Un poco de humor y frescura pueden añadir un realismo necesario a las grandes producciones. Si no, pregúntenle a Joe Pesci. A veces hay que dejarse ir nomás.

El pogo eterno
Dalevuelta siempre fue una de las bandas más energéticas de la escena hardcore punk local. Sus inicios fueron incendiarios, con un "Fuimos los que somos" oportuno e inolvidable, pero luego su estela perdió fuerza por los continuos cambios de formación y las indecisiones estilísticas. Por suerte, la caterva liderada por Renzo Lancho ha vuelto por sus mejores fueros para entregar un trabajo que matiza con gran muñeca la rabieta punk y el arrebato sentimental, la invitación al pogo feroz y el desfogue amoroso, la calle y la fonda, el llanto y la sangre. Entre el hardcore melódico y la incursión metalera, Dalevuelta es una banda que parece decidida a despertar al adolescente disfun-cional que llevamos dentro, y por eso sus canciones resultan tan frescas como un chapuzón en la fuente de la eterna juventud. [RCA]

Esas cuerdas que lloran
Lleva dos décadas rasgando la guitarra flamenca, sacándole notas lacrimosas, convirtiéndola en un lamento que bastaría (ella sola) para conmover, pero que no duda en acompañar por el cante arrobador de Camarón de la Isla, Mari Ángeles Fernández Torres, Potito y El Guadiana para lograr un efecto aun más impactante. Por eso, los tangos, soleás, rumbas y bulerías de Tomatito no hacen escalas, llegan directo al sentimiento. Esta antología doble del español es imprescindible para entender su trayecto, curtido no solo de ebulliciones flamencas, como seguidor indiscutible de Paco de Lucía, sino también del jazz --se ha nutrido de Pat Metheny, Wes Montgomery y George Benson-- y del rock (y del blues), pues en él viven B.B. King, Santana, Chuck Berry y Clapton. Discazo. [RV]

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