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CRÍTICA DE ARTE

Espacios de Salvador Velarde

Por Élida Román

Óleos y dibujos recientes de Salvador Velarde constituyen la exposición que presenta en la galería Fórum, luego de un período de silencio en el habitual circuito de exhibiciones.

Como ha sido una constante en su pintura, la temática matriz es la aproximación al paisaje. Y prefiero emplear el término 'aproximación', en el convencimiento de que lo suyo es lejano a una voluntad de recrear entornos y geografías naturales, sino encontrar en estas representaciones la posibilidad de significados, conceptos y emociones que hablen y comenten sobre una realidad más totalizadora, en que el involucramiento humano se confunda, luche y, en alguna forma, se fusione, con el resultado de su accionar y sus consecuencias.

En sus conferencias sobre "Paisajes en el arte" ('Landscape in Art', 1949, Slade School, Londres), sir Keneth Clark , que encuentra este género pictórico como una gran creación del siglo XIX, explica el surgimiento de la temática, por la confluencia de varios factores propiciatorios. Entre ellos, destaca el de una 'edad de oro', símbolo de armonía y orden, que se pretende recuperable y se anhela realizable.

Viendo estas pinturas de Velarde, esta interpretación pareciera ajustarse como válida si la entendemos por su carácter inverso: mostrando el deterioro, el abandono, lo áspero y rudo, la soledad después de un tránsito, enfrentaríamos una realidad producto de presencias y malestares no deseados. No solo la tierra, la piedra y la vegetación muestran este aspecto triste y fatigado. Los cielos pueden ser amenazantes, cargados, inflamados. En ellos la luz pareciera contenerse y no poder alcanzar al polvo. Un oro-rojo velado, que recorre sutilmente las imágenes, tiene una fuerte carga simbólica que sugiere dolor y agresión.

Estos conjuntos, sin embargo, nos recuerdan el esplendor romántico de otras épocas y otras posibilidades. Frescura, vida, aire son recordados por ausencia, limitados por esta lograda densidad dramática.

En sus dibujos, el autor busca una precisión académica notable.

Sin duda a nuestro artista no le interesa la sumisión a preceptos estéticos de nueva data. Le basta con los elementos clásicos y los maneja de modo tal, que son válidos para su discurso, en que la denuncia del abandono ecológico, la indiferencia ante el avance de contaminaciones y el descuido ante los cambios de la naturaleza, encuentran un claro lenguaje, sin retórica estridente ni reclamos agrios.

Elocuentes, en tal sentido, son esas piedras tan vulgares y patéticas, o esas laderas rugosas.

Ajeno a vanguardias técnicas, entregado a una tradición expresiva que ya tiene siglos, Salvador Velarde es un caso aparte de los vaivenes y de las polémicas sobre técnicas y nuevas formas. Y sin embargo, lo suyo responde a una absoluta actualidad y un total interés comunitario. Interés y responsabilidad que asume no solo en su arte, sino también en la acción que con él efectúa en ese estupendo espacio (paisaje) creado para llevar adelante su propia batalla por lo humano.

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