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CARTA DEL FIN DEL MUNDO

Público o privado

Por Maki Miró Quesada

Por estos tiempos se debate mucho sobre las bondades del 'gobierno pequeño' versus las del 'gobierno sobredimensionado', de si el Estado es un buen o mal gerente y hasta dónde debe o puede meterse en lo que no le compete y la cultura es uno de los sitios disputados. En países antiguos con una sólida base cultural como Francia el Estado, siguiendo el 'penchant' absolutista y monárquico que le viene desde el Rey Sol ('L'Etat c'est moi!') financia todo: la ópera, el ballet, los museos y hasta mantiene con un sueldo a los artistas, que ahora que no se mueren de hambre curiosamente resulta que son menos buenos. El Gobierno Francés destina enormes sumas de su enorme presupuesto al mantenimiento de la gran estructura que alberga todas las artes. En Argentina, donde está el Teatro Colón, una de las seis salas de ópera --con París, Milán, Londres, Sidney y Nueva York-- más importantes del mundo este se encuentra cerrado desde hace dos años y nadie sabe cuándo reabrirá. Lo cerraron en el 2006 para preparar la gran re inauguración que debía tener lugar en mayo 2008 celebrando el centenario de su nacimiento y la idea era hacerlo con "Aída", la misma ópera con al cual se estrenó. Mayo vino y se fue. ¿Y el Colón? Bien gracias. En realidad ni tan bien porque según los entendidos está destrozado y nunca volverá a ser como antes, que era la idea. La mampostería ha sido arrancada para pasar cables, el yeso roto para modernizar el sistema eléctrico, el piso del escenario levantado para dar paso a nuevas tramoyas y lo que es más grave al cambiar ciertas telas y tocar el gran telón se le arruinó la acústica. Los sótanos del Colón --una verdadera usina donde funcionaban los talleres que producían 'in house' los vestuarios, pelucas, joyas, etc., para todas las producciones, como lo atestiguan los afiches y donde existían salas de ensayo para orquestas completas y cuerpos de ballet-- estarían destinados a desaparecer para convertirse en una galería de tiendas y boutiques: bienvenidos al Shopping Colón. El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires habla de reabrir en el 2011 pero a estas alturas nadie le cree y ya casi parece que a nadie le importa.

Al otro lado en Puerto Madero se levanta el museo que alberga la Colección de Arte Amalia Fortabat, donada por la mujer más rica de Argentina. Amalita, como cariñosamente la llaman sus compatriotas, no ha escatimado en nada cuando se ha tratado de su legado. Llamó a Rafael Vignoly, un arquitecto argentino de fama mundial que le ha construido un edificio rutilante y bastante espectacular a orillas del Dique 4 de Puerto Madero. Un poco estación de tren futurista, un poco hall de aeropuerto, el edificio es indudablemente bello, estético y de gran calidad. La colección lo es menos y como pasa mucho hoy en día el envase rivaliza con el contenido.

La colección tiene dos piezas bisagras: un Turner y un Brueghel, ambos menores en su género y es un conjunto ecléctico pero sin rumbo, el gusto de una señora bien pero mal aconsejada. A pesar de sus carencias el Museo le permite descubrir al visitante pintores argentinos de la talla de Macció, Alonso, Berni y García Uriburu y aunque solo fuera por eso vale desviarse y visitarlo. Como también vale la pena destacar la importancia para esta región del aporte privado a la cultura cuando el público no cumple su rol. La Colección de Arte Amalia Fortabat ha creado un polo nuevo para los porteños y los visitantes.

En el Perú gracias a los aportes privados el Museo de Arte de Lima es un balón de oxígeno que solo puede y debe ir creciendo con el tiempo, ese tiempo que pasa mientras se demora la realización del Museo de Arte Contemporáneo en Barranco también una iniciativa privada y la otra antena cultural que Lima necesita en el polo opuesto de la ciudad.

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