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EN MAYO PASADO DEBUTÓ EN UN TORNEO PROFESIONAL DEL CIRCUITO EUROPEO

Salvado por el golf

El dominicano Manuel de los Santos sorprende al mundo por su habilidad para el golf, a pesar de jugar con una sola pierna tras perderla en un accidente

Por Fernando Lozano. Periodista

La vida de Manuel de los Santos parece la historia de un milagro. Era una estrella juvenil del béisbol dominicano, pero en un accidente de tránsito sufrió la pérdida de una pierna y la amputación de su futuro. Partió a Francia en busca de tratamiento y encontró otro tipo de salvación fuera de los hospitales, al aire libre.

"El golf me ha devuelto la fuerza para seguir viviendo. El campo nos hace olvidar", dijo Manuel en una entrevista años después, ya como un consagrado del 'handigolf', la versión para discapacitados de golf, uno de los juegos más asociados con la felicidad.

Su drama personal parece el guion de una película hollywoodense, en la que --cómo no-- hay un impactante final feliz.

HISTORIA DE FE
En la primera parte de su historia, a Manuel, en República Dominicana, le decían 'Sammy Sosa', el nombre de una de las estrellas latinas de la Major League del béisbol norteamericano. A los 16 años, ya tenía un preacuerdo para convertirse en 'pelotero' de los Blue Jays de Toronto, Canadá, pero debía esperar a cumplir los 17 para que su fichaje sea oficial. Dos días antes de su cumpleaños, iba en bicicleta y un auto (o una moto, según otras versiones) lo atropelló. Salvó la vida, pero su pierna se gangrenó y se la amputaron. "Fue muy duro saber que nunca podría jugar al béisbol y que el resto de mi vida iba a vivir con una sola pierna", dijo De los Santos.

HOMBRE INVISIBLE
En esta segunda parte, Manuel no era nadie. Así se sentía en París, adonde fue con su esposa, Elena Salazar, en busca de un mejor tratamiento. Manuel no pudo adaptarse a su nueva prótesis para la pierna y la dejó para siempre. "Tenía una gran depresión. Prefiero el dolor físico al psicológico porque para el físico hay medicinas", decía. Su psiquiatra le recomendó irse de vacaciones a su país y allí recuperó la motivación desde la raíz, jugando con unos niños.

A su regreso a París comenzó a buscar un deporte que pudiera practicar sin sentirse frustrado. Pensó en el esgrima, pero se negó porque no quería usar una silla de ruedas.

Una noche veía con su esposa la película "La leyenda de Bagger Vance", con Will Smith y Matt Damon, una historia de jugadores de golf. Había encontrado más que un deporte: la motivación para seguir viviendo, para seguir siendo algo, un todo, un ser completo.

ALMA DE TIGER
En esta parte de su historia, a Manuel de los Santos lo podemos llamar el Tiger Woods de los discapacitados. Dos años después de comenzar a jugar golf, se convirtió en el subcampeón de Europa de su categoría. Le faltaba una pierna de apoyo, pero la potencia de su 'drive' sorprendía a sus rivales y entrenadores. Solo podía concluirse que esto era fruto de una herencia de su pasado en el béisbol y de su dedicación.

"Le pega más fuerte que algunos profesionales del circuito europeo. Redefine todas las reglas de la técnica golfística", explicaba su entrenador Jean Phillip Rochet. "Es impresionante cómo golpea. Es genial ver a alguien con tanta energía", declaraba el español Sergio García, el segundo mejor jugador del mundo luego de Tiger. Sus metas han crecido en paralelo con el desarrollo de su talento para el golf. En mayo pasado, debutó en un torneo profesional en Burdeos, aunque no pasó el corte.

Mientras escribo estas líneas, veo que tiene 1.027 'fans' en su página de Facebook y cientos de comentarios de aliento y admiración. La televisión francesa le ha hecho reportajes y el diario español "Marca" le dedicó una nota que lo hizo conocido en el mundo hispano. El chico que antes coleccionaba pósters de Sammy Sosa ahora tiene todo de Tiger, hasta la fama. Su vida parecía la historia de un milagro, pero solo es la condición humana de un campeón que nunca se resignó a dejar de serlo.

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