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PUNTO DE VISTA

Mi deseo, ya sin uvas

Por Gustavo Rodríguez. Escritor y comunicador*

Siempre que van a sonar las campanadas de fin de año ocurre que no tengo pensados los doce deseos que acompañan a las uvas. El fin de este 2008 no fue la excepción. Mientras mi familia se atiborraba de uvas y de deseos a la misma velocidad, yo tropezaba, y terminé como una miss ante el jurado: pidiendo amor para mi familia y paz en el mundo.

Ahora que han pasado unos días me sometí a un ejercicio más crítico y me pregunté: ¿qué deseo pediría para mi país este año? Pues desearía que el prejuicio retroceda en el Perú. Prejuicio viene de prejuzgar: tener ya una opinión del otro sin conocerlo en verdad. ¿Cuántas crisis políticas, huelgas y resentimientos nos evitaríamos si no cayéramos en la tentación de guiarnos por él? Es verdad que con toda la información que nos rodea, etiquetar el mundo nos facilita teóricamente la vida. Lamentablemente, estas soluciones simples que nos eximen de profundizar en el otro tarde o temprano llevan a razonar con injusticia.

Por ejemplo, hace un tiempo sentí la sombra de esta inequidad con mi socio, quien alguna vez asesoró a una comunidad para impedir que una minera prepotente se instalara junto a ella. Hoy, él y yo tenemos entre nuestros clientes a un par de mineras modernas que tienen claras políticas ambientales y una tecnología que les asegura cumplir lo que sostienen. Al atenderlas, no se han hecho esperar comentarios simplistas: ¿cómo un "caviar" que se tumbó a una minera puede ahora darle servicio a otras?

Aquí va mi respuesta sin etiquetas: la minería no es buena ni mala en sí. Lo que hay son mineras responsables y otras que no: lo normal es trabajar con las primeras y tratar de desterrar a las segundas. Confieso que hasta ahora me sorprende cómo gente tan inteligente en su faceta intelectual puede ser tan primaria en su faceta emocional, cegándose en el blanco o negro, cuando el mundo es tan complicado como para catalogarlo así.

¿Me acompaña a recordar algunos otros prejuicios? "Los congresistas son una basura". Hagamos aquí una corrección: muchos congresistas son unos indeseables, pero también los hay buenos: los conozco, los admiro. No son la mayoría. Que lo sean depende justamente de nosotros. "Los empresarios son malos". Es curioso, pero esto se lo he escuchado a un promotor cultural que mientras despotricaba ¡no se daba cuenta de que él es un empresario! "Los funcionarios del Estado son unos ociosos". Confieso que mis últimos años de trabajo con funcionarios me han enseñado que trabajan tanto --y hasta más-- que sus pares privados. De ahí la injusticia de bajar sus sueldos en nombre de la demagogia. "Los negros son brutos". ¿Lo son? ¿O será que en nombre de ese prejuicio se les recorta las oportunidades? Escribámosle al señor Barack Obama, presidente de EE.UU., a ver qué opina.

Al etiquetar y polarizar se ganan puntos para hacerse entender en un debate. Pero se pierde la oportunidad de construir una sociedad sana que es lo que, finalmente, deseo.

* TORONJA COMUNICACIÓN INTEGRAL

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