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LETRA VIVA

Descubramos a Wilkie Collins

Por Ricardo González Vigil

A pesar de que su culto crece sin tregua, Wilkie Collins (1824-1889) no ha logrado todavía entrar al canon de los colosos de la novela del siglo XIX, pese a que fue tan admirable o más que su amigo Charles Dickens (escribieron algunas obras al alimón), a quien sin duda superó en el tramado perfecto de sus intrigas (más complejas y penetrantes que las de Dickens para retratar los abismos de la naturaleza humana) y en la exploración de nuevas técnicas narrativas.

Catherine Peters lo bautizó en 1991 como el 'Rey de la Invención' por su maestría en la arquitectura narrativa y la dosificación del suspenso; hace más de medio siglo, un degustador de las tramas perfectas, Jorge Luis Borges, sentenció: "Wilkie Collins es el maestro de la trama, la zozobra y los desenlaces imprevisibles". En lo relativo a la experimentación narrativa, basta señalar que Collins, y no Henry James, fue el primer novelista en usar varios narradores y puntos de vista, como hizo en las geniales novelas "La dama de blanco" (1860) y "La piedra lunar" (1868). Si Poe escribió los primeros cuentos policiales, Collins constituye el primer novelista del género policial, la 'piedra lunar', en opinión de T.S. Eliot y de Borges, la primera y la más perfecta novela policíaca.

Acaba de ser traducida al español una obra en la que brillan la caracterización psicológica del protagonista y el efecto que le causan las personas que conoce (su formidable amigo Rufus): "Las hojas caídas" (1879). Sobresale, además, por la riqueza de alusiones a consagrados argumentos literarios: el apellido Goldenheart (que significa 'corazón de oro') invita al alegorismo de la novela de aprendizaje más leída por los ingleses, "The Pilgrim's Progress", de Bunyan. El traductor Miguel Martínez-Lage devela la resonancia de Dante: "Tras verse expulsado del Paraíso de la comunidad en que vivía, Amelius llega al infierno de Londres, a cuyas profundidades desciende en compañía de Rufus, un Virgilio revestido de pragmatismo americano, y se encuentra con su Beatriz (Sally)" (p. 489). Otro modelo es Cervantes: hay mucho quijotismo en Amelius, quien al aplicar el Evangelio causa estragos en una sociedad que se dice cristiana; tenemos un Rufus-Sancho, damas afligidas, Sally-Dulcinea, etc. Además, Sally ostenta rasgos de Cenicienta (la importancia del zapatito para descubrirla) y de la Galatea que enamora a su autor Pigmalión (años después, el socialista Bernard Shaw estrenó su "Pigmalión", adaptado cinematográficamente en "My Fair Lady"). Nótese, finalmente, que ridiculiza la superficialidad de las novelas policiales que se ponen de moda con detectives infalibles y crímenes resueltos (pp. 418-420).

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