Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook
EL NOTABLE MILAGRO DE UN EJEMPLO

Un pequeño gran paso

La increíble vuelta del uruguayo Darío Silva, quien tras un grave accidente que lo dejó sin una pierna, jugó al fútbol con una prótesis

Por Miguel Villegas. Periodista

Nunca nadie había esperado tanto porque llegue el domingo. Darío Silva probó distraerse con sus caballos, incluso decidió practicar un deporte imposible para un tipo como él. Pero sus planes exigían una cancha de fútbol, una tribuna, el gol. Ni la hípica ni el remo le quitaron la ilusión de volver a jugar. Por eso, 96 domingos después de esa maldita primavera del 2006, Darío Silva está allí, a pocos segundos de festejar con una sonrisa panorámica. Con la celeste uruguaya puesta. Con el país encima. Como en su época de salvaje delantero al que le valía apenas una pierna para ser el mejor de todos.

Noventa y seis domingos después, Darío Silva gritó el gol más bonito del mundo. Aunque era un amistoso sencillo, él estaba ganando el partido de su vida.

CUANDO DARÍO SILBA
La fatalidad consiguió con Silva lo que no pudieron los zagueros: detenerlo. Tras el accidente, los médicos del Centro de Tratamiento Intensivo de Montevideo le amputaron una pierna. Vamos, la mitad de una, la derecha. El día de la primavera del 2006, el delantero sufrió un accidente automovilístico junto con dos amigos. Iba por las ramblas de la capital. Iba pensando volver a un grande del fútbol charrúa, nacional. Iba con 33 años, haciendo cuentas, recordando hazañas, pensando de qué color teñirse el cabello. Iba y fue. Si el Darío-jugador era capaz de gambetear a casi todas las defensas, el Darío-hombre no pudo esquivar la desgracia luego de chocar con un poste.

Pasó cuatro días en coma. Cuando despertó, quiso ponerse las zapatillas y salir a la playa. Se puso la izquierda, todavía aturdido por los tranquilizantes, y cuando quiso calzarse la derecha, la misma con la que hizo goles en Cagliari, Espanyol, Málaga, Sevilla y Porstmouth, se había ido. Ya no estaba.

"Es como yo digo: fui a visitar al 'Barba' y no me gustó el ambiente. Así que dije: 'Lo siento, pero me voy para abajo', y bajando las escaleras es cuando me rompí la pierna", le dijo al diario "Marca", dos meses después de salir de la clínica. Ni la peor tragedia le quitó la alegría. Así definió la jugada, a su estilo, como si tuviera cinco centrales al frente, todos grandotes, y se diera tiempo para hacerles un gol de lujo.

Por esa persistencia, a nadie le pareció broma que Darío Silva anunciara su vuelta al fútbol una tarde del 2009. Iba a ser una pichanga entre amigos, en Punta del Este, con gente famosa y gente que lo hizo famoso. El objetivo era recaudar dinero para la Fundación Niños con Alas. Con ese pretexto, Darío Silva --ayudado por una prótesis-- se puso otra vez la celeste, pateó un penal con clase y lo celebró, 96 domingos después de esa maldita primavera. Fue un gol más importante que los 123 que anotó en su carrera. Fue el domingo de la resurrección.

A grandes rasgos ese es Darío Silva, más que un crack, un ejemplo notable. Un tipo al que provoca imitarle todo; hasta la forma de sufrir.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook