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LA VELOCIDAD DE LA LEYENDA

Obama ya fue

Por Fernando Vivas. Periodista

Hagamos el obituario del fenómeno político de carne, hueso y piel negra. Ese Obama ya fue. Bienvenido el superhombre ungido por la capacidad fabuladora de la gente antes de siquiera haberse estrenado como el funcionario público número uno. La habilidad para mitificar ha adquirido, en los últimos tiempos, en la tele, los blogs y las redes sociales reales o virtuales, la velocidad de un cometa.

Este precoz mito de Obama como 'gran esperanza negra para salvar al planeta' no tiene, por supuesto, una sola lectura, sino tantas como grupos hay que la sesgan. Veamos, por ejemplo, cómo lo contó en vivo la CNN en español: la toma de mando concitó tanto interés que la gente soportó el frío de -8 °C. La cifra se repitió hasta el hartazgo, pero era falsa. Los relatores emplearon el eufemismo de 'sensación térmica' para bajar unos cuantos grados y subrayar la idea de que la cálida esperanza de Obama vencía hasta al frío extremo. Sin embargo, varios analistas notaron que la ceremonia y el 'speech' no tuvieron la calidez esperada. Acabo de ver un extracto del célebre concierto de la soprano negra Marian Anderson en 1939, también en un frío día de enero, con la multitud congregada ante el Lincoln Memorial, y lo encuentro más emocionante. Los racistas le habían cerrado a la diva las puertas de un teatro, y Eleanor Roosevelt influyó para que cantara en el corazón cívico de Washington. Lo encuentran en Youtube, con el nombre de la cantante.

Mi impresión es que la tremenda 'disrupción' que supone el ingreso de un negro en la Casa Blanca tenía que ser modulada de alguna forma por los medios conservadores. De ahí que, por un lado, mitificaban el calor y el color negro de la esperanza, pero por el otro, describían fríamente el traje de Michelle Obama y anunciaban las galas danzantes a las que asistirían los debutantes. O sea, la pareja de verdad fue desnudada para ser luego arropada con los estereotipos románticos del poder tradicionalmente blanco.

Otro ejemplo de esta modulación de la 'disrupción' es la aparición, aquí y allá, de la recurrente leyenda urbana del complot para matar al presidente. Con lo que le pasó a Lincoln y a Kennedy, el temor tiene asidero histórico, pero su manifestación suele ser fantástica, sin sustento periodístico, aunque sí literario. El bestseller "The Man" (1964) de Irving Wallace narraba un complot magnicida contra un presidente negro. La versión fílmica tenía un lindo eslogan de amor-odio, de 'tememos por su vida, pero qué tal si lo matamos': "Juraron por él, luego juraron contra él".

Barack Obama tendrá que decidir si batalla contra ellas o cabalga sobre sus mitificaciones, si modera o refuerza su significado 'disruptivo'. Pero, vaya que después de Bush y en prevención de cualquier amenaza de desastre, nos cae de perilla.

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