Sábado, 25 de marzo de 2006
Suéltame, pasado
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PERFIL DEL CANDIDATO XI
ALAN GABRIEL LUDWIG GARCÍA PÉREZ
Edad 56 años (23/05/49) Profesión Abogado Estado civil Casado (en segundas nupcias con Pilar Nores) Estatura 1,93 m Hijos Carla (31) (de su primer matrimonio), Josefina (29), Gabriela (22), Luciana (21) y Alan Raúl (18) Religión Católica Partido Apra Plancha Lourdes Mendoza del Solar y Luis Giampietri Principales propuestas Proyecto Sierra Exportadora, reactivar el Banco Agrario y reducir tarifas de los servicios públicos

Si Alan ha cambiado lo suficiente como para volver a ser depositario de la confianza popular, es un enigma que no se puede resolver tras solo dos horas de conversación. Se necesitaría mucho más que eso para auscultar a la persona que vive tras el personaje. Lo que sí queda claro es que García ya no es el 'mozallón de 36 años' (Luis Alberto Sánchez dixit) que llegó a Palacio hace más de cuatro lustros, con la secreta y mesiánica convicción de ser el Jesucristo Super Star de esta angustiada villa. No. El Alan de entonces era el resultado de los mimos intelectuales de Haya de la Torre y las ovaciones cerradas de Alfonso Ugarte. Era un ídolo de barro que obtuvo credibilidad con rancheras, pañuelos y promesas de balcón, pero que luego --con medidas calamitosas--, canjeó su simpatía por un justificado repudio. El Alan de ahora, en cambio, es producto de la persecución fujimorista, el exilio francés y la derrota electoral (2001). Ha comprendido a la fuerza que no era, pues, el redentor de las causas populares, sino un peruano más con ganas de ser presidente. Hoy ha cambiado el traje negro por el polo rojo y en vez de La Marsellesa canturrea letras de Celia Cruz. No sabemos si ha madurado, pero definitivamente es otro.

BIBERÓN CON ESTRELLA
La impronta política de García apareció mucho antes de que él pudiese elegirla. Su madre, Nytha Pérez, es fundadora del partido aprista en Camaná, Arequipa; y su padre, Carlos García Ronceros, ocupó la Secretaría de Organización durante el gobierno de Odría y debido a sus movidas proselitistas pasó varios años en El Sexto. Alan recién pudo conocer a su papá a los cinco años. Le parecía un hombre tan extraño, tan ajeno, que, imitando a sus abuelos, solo atinó a llamarlo "señor García" durante algún tiempo. "Ponte en mi lugar: yo estaba en la puerta de la inspección de Educación de Camaná y apareció un señor con sombrero y maletita, me agarró la cabeza y se metió a mi casa. Me costaba decirle 'papá'", me cuenta Alan, sin dejar de mecerse tras su escritorio, en el sillón de su oficina de San Isidro.

Alan apunta que de niño le impactó mucho ver un día a un grupo de gente fuera de su casa cantando el himno aprista, y cuchicheando sobre un personaje misterioso a quien apodaban el 'Viejo'. Poco años después, Alan supo que ese 'Viejo' era Haya de la Torre y desde entonces no deseó otra cosa que conocerlo.

Uno puede querer pegarla de periodista objetivo e imparcial, pero es difícil no conmoverse con la descripción que hace Alan de su primera imagen de Haya. "Era 1962, Haya acababa de ganar la elección del Apra y convocó un campamento juvenil en el río Rímac. Yo estaba a dos metros de este semidiós y me sentía como en la Capilla Sixtina. Era imponente: un vasco antiguo, blanco y barbado, con la nariz corva, y con una enorme cabeza que para mí solo podía ser sinónimo de una maciza inteligencia".

Por esa admiración (que primero fue unilateral y luego de ida y vuelta), no es exagerado decir que Haya definió el carácter social de García y agudizó su compromiso. Por quedarse a oírlo en las asambleas, Alan se privaba de cualquier diversión adolescente. Según él, entre los 18 y los 22 años solo fue a cinco fiestas.

Tanto fue el respeto hacia su líder que cuando se casó por primera vez (a los 22, en Suiza, con Carla Buscaglia) no le contó nada a Haya, pues este solía decir que los caudillos dejaban de serlo una vez que contraían matrimonio.

En una de las paredes de la oficina de Alan hay un cuadro en el que se puede leer una dedicatoria que Víctor Raúl le escribió alguna vez y que él toma como un mandato subliminal. "Para Alan García, compañero joven de quien mucho espero, con el cariño que viene desde su padre y con la esperanza de que será para el Apra el continuador de la obra que su mandato de estirpe debe seguir". Para García, ese tipo de gestos era el salario que compensaba cualquier sacrificio juvenil.

LAS LECCIONES DE EUROPA
A manera de capacitación y luego de hacer sus pinitos como abogado (litigó tres veces), Alan viajó a Europa. Estuvo en Madrid y París. Allí estudió mucha filosofía. Conoció a Felipe González. Se enamoró de Pilar Nores. Y ganó dinero tocando guitarra en varios establecimientos. Regresó a Lima y tras la muerte de Haya (desaparición que lo zarandeó emocionalmente y lo dejó en orfandad partidaria) Alan invirtió pocos años para afinar su ya pronosticado despegue político. En el 79 fue uno de los más jóvenes miembros de la Constituyente, y seis años después ya era presidente electo, con el 45% de los votos. Hoy García admite que ese corrosivo coctel de juventud y poder terminó por marearlo. "Tener 35 y llevar al triunfo a un partido con 55 años sin gobernar es como atravesar el Mar Rojo. Me sentí tocado por el destino", reconoce.

Es alucinante el manejo que Alan tiene de su gestualidad. Incluso cuando el fotógrafo no está disparándole a la cara, él respira antes de responder, sopla, por momentos bufa, calcula sus tics, sus guiños y se toma su tiempo para elegir bien cada palabra. Como si degustara cada adjetivo para saber si es el más adecuado.

Pero eso no lo salva de los desastres del período 85--90 y las diferentes crisis que no supo apaciguar. Él sostiene que su máximo error fue continuar las primeras exitosas medidas. "El programa de emergencia de reactivación fue muy bueno, pero luego no lo frené a tiempo", dice. Lamentablemente, ese diagnóstico a posteriori pierde en el contraste con los balances de su gestión.

Los peruanos no olvidamos los subsidios y los créditos que llevaron a la quiebra a diversas empresas públicas, la nacionalización de los bancos, la devaluación del inti. Según el centro de investigación español Cidob, en 1999 la deuda externa peruana llegaba a los 20.000 millones de dólares, y la hiperinflación era del 2.773%. Para colmo, Sendero y el MRTA amenazaban cada vez más por su proximidad e inclemencia. Ello exigió una lucha frontal que tuvo excesos, que devino en la formación de supuestos comandos paramilitares y que ocasionó varias matanzas en el interior del país. De acuerdo con Aprodeh, el gobierno de García dejó 1.682 detenidos desaparecidos, varios cientos más que los registrados en los mandatos de Belaunde y Fujimori.

Y VOLVER, VOLVER, VOLVER
Cuando Fujimori mandó capturarlo luego del golpe del 92, Alan escapó por el techo de su domicilio y se escondió en distintas casas. Una de ellas era la de Judith de la Mata, otra de Juan Carlos Hurtado Miller. Los ancianos del partido lo conminaron a buscar un asilo, que se lo concede Colombia. Del Castillo --que lo acompañó en el vuelo hacia ese país-- me cuenta que Alan casi se quiebra cuando el avión despegó. "Se dio cuenta de que no volvería en mucho tiempo".

García estuvo en Colombia y, todo el mundo sabe que tras una invitación del presidente francés François Miterrand, se mudó a París. Pero hay algo que pocos saben: Alan también cambió su asilo porque a Bogotá llegó Martin Rivas, el ex cabecilla del grupo Colina, que, aparentemente, fue 'sembrado' para espiarlo.

En Francia, Alan recuperó su vida familiar y el 2001, luego de que las acusaciones que enfrentaba se archivaron, retornó a Lima para postular. Desde entonces, parte de su prédica mediática consiste en subrayar su experiencia y madurez. Mirtha Larrauri, su secretaria hace más de 20 años, me confiesa que cuando volvió de Francia lo encontró muy cambiado. "Lo vi tan pausado que no me gustó. Yo lo prefería 'espídico' e impetuoso, ahora está más sereno, con decirte que desde el 2001 que no le escucho una sola lisura". Claro, para qué decir lisuras si puede dar patadas, podrían pensar sus adversarios.

Hoy --con las patillas encanecidas y la cara más gorda-- Alan dice, sin perder el glamour, que ha aprendido de los palos del ayer y que no es tan imbécil para gobernar mal de nuevo.

Él sabe muy bien cómo manejar el ritmo de la carrera electoral y --como practicó maratón cuando era joven-- traza al respecto una excelente analogía: "La elección, como la maratón, es una paciencia, una disciplina psicológica, usted debe saber administrar sus pasos, ponerse detrás del que va adelante, imitarle y sentir, poco a poco, cómo se va cansando para luego pasarlo. Nunca vaya usted primero ni en una maratón ni en una elección".

Quién sabe si García volverá a subirse al podio de la presidencia, pero nadie podrá negarme que como candidato se lleva la medalla de oro. De lejos, Alan, de lejos.

 
La Ficha
Estudios
: Colegio J. M. Eguren; U. Católica y San Marcos (Derecho); doctorado en Derecho en la U. Complutense (Madrid); doctorado en Sociología en U. La Sorbona (París)
Trayectoria: Secretario de Org. del Apra (77/82), Secret. Gen. del Apra (82/85/92), Miembro de la Asamblea Constituyente (79), diputado (80/85) y presidente de la República (85/90)
Trabajos: Fue abogado particular en 1980 y desde el 2001 dirige la Escuela de Gobierno de la Universidad San Martín de Porres.


LO BUENO
Tiene amplia experiencia, mucho carisma y una gran convocatoria. Es el líder del partido más organizado del Perú.

LO MALO
Su gobierno llevó al Perú a su más aguda crisis económica y social. Para muchos, ya tuvo su oportunidad y no la aprovechó.

LO OCULTO
Durante su exilio dejó Colombia, entre otros motivos, porque Santiago Martin Rivas llegó a Bogotá para espiarlo.



Renato Cisneros



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