Miércoles, 28 de marzo de 2007
"No es momento de abstenerse, ni en el ánfora ni en la vida


MOISÉS LEMLIJ
El psicoanalista pone los puntos sobre las íes, desnuda engañosos discursos y aborda temores que los peruanos enfrentan en esta coyuntura

¿Por qué surgen liderazgos como los de Humala?
Normalmente, en las sociedades, tenemos los llamados grupos de tarea, que pueden ser un país entero, una corporación o un aula de clases. Estos grupos necesitan una estructura y un liderazgo para conseguir lo que desean. Sin embargo, en momentos de desorganización y de caos, en que se fractura el orden social y se cuestionan los liderazgos que no están cumpliendo su tarea, aparecen un montón de aspirantes que surgen automáticamente.

Y que buscan poner un poco de orden
Así es. Algunos de estos aspirantes pueden ser maravillosos y otros serán peligrosos. Mientras más caos, aparecen más opciones.

¿Por qué?
Porque el caos produce desasosiego, resentimiento en las personas que empiezan a buscar desesperadamente quién les resuelva el problema.

Y surge gente que se aprovecha de esa desesperación
Así es. ¿Por ejemplo, recuerdas la inundación en Nueva Orleans? Bueno, ese es un caso típico de un país organizado, donde las cosas funcionan hasta que ocurre una desgracia y todo colapsa. Ahí, aparecen los llamados depredadores sociales, como esos grupitos que se instalaron en el estadio, cobraban la entrada al baño, violaban a las mujeres y les robaban a los viejitos. Siempre aparecen estos depredadores en situaciones de caos.

¿Esa tendencia a la depredación es natural en el ser humano y se ve reprimida en momentos de normalidad?
Sí, porque para lograr orden es necesario un pacto social. Ahora, el problema es cuando se rompe este pacto social y salen a la luz estos depredadores o aquellos reprimidos que han estado al margen y de pronto ven su oportunidad de hacerse del poder. Aparecen los oportunistas que apoyan a los líderes que están surgiendo para estar cerca del poder.

Pero en el Perú no ha habido una gran inundación, no estamos en nuestra peor crisis. ¿De dónde sale, entonces, la sensación de caos y la proliferación de oportunistas?
De las elecciones, que son terremotos estructurados periódicamente por la estupidez de las organizaciones políticas y por la manera absurda en que están concebidas las constituciones, pues en lugar de tener renovación por tercios, o elecciones periódicas, en nuestro sistema cambia todo a la vez. Esos son cambios dramáticos, que generan inseguridad.

Porque las personas depositan sus expectativas en que por fin cambiará también su vida
Así es. Algunos resuelven esta expectativa simplemente votando y otros buscan acomodarse donde está el poder y ahí aparecen los tiburones y los pirañas.


Los advenedizos
Sí, pero los hay de distintos tipos. Los primeros en subirse al carro son los parientes y amigos más cercanos del nuevo líder; luego vienen los oportunistas. Si es que les tengo que poner nombres a mi desprecio citaría a Edmundo Murrugarra, Carlos Tapia, Daniel Abugattas y Gonzalo García Núñez en este grupo. Luego, vienen los tecnócratas migrantes de los que también se rodean algunos regímenes autoritarios: los sacan de la empresa privada, los ponen de ministros y les blanquean el sistema. Finalmente viene la guardia pretoriana, los militantes dispuestos a romper las cabezas, como los reservistas de Humala.

Obviamente, la posibilidad de que uno de estos depredadores sociales y todo su séquito llegue al poder disminuye cuando tenemos democracias basadas en un sistema de partidos
Claro, porque los partidos son precisamente grupos de tarea, con organizaciones claras y liderazgos rotativos y adecuados, que hacen lo que tienen que hacer: diseñan programas, planes de gobierno y van a las elecciones. Cuando no hay un liderazgo adecuado, en cambio, no hay una tarea precisa e impera el caos, el fraccionamiento, la angustia, los sentimientos persecutorios y empieza la búsqueda desesperada de un líder que te resuelva este problema.

¿Qué pasa cuando estos grupos suben al poder?
La historia está llena de horrendos ejemplos: ahí tienes a Hitler, o a Mussolini. Paul von Hindemburg, el presidente alemán, creyó que iba a poder controlar a Hitler, pero se olvidó de que estos líderes carecen totalmente de escrúpulos, son audaces, no les preocupa meter la pata porque saben que las personas les perdonan todo

¿Por qué?
Porque manejan un discurso banal, sensiblero, patriotero, prepotente. Ese es el mínimo común denominador entre todos los gobernantes autoritarios. Ese discurso, además, suele apoyarse en algún punto intenso y conflictivo como puede ser, para nosotros los peruanos, la Guerra con Chile, la recuperación del Huáscar, o la nacionalización de recursos. Si además se le agrega algo de sangrecita, de jolgorio del camino al cadalso con espectáculo público, tienes la fórmula perfecta.

La cuota infaltable de morbo, digamos
¿Tú crees que hay algo más inquietante que elucubrar sobre si Humala cumplirá sus amenazas? Hay una excitación que se levanta con esa promesa. Estamos ante la fórmula del pan y circo tradicional, más omnipotencia. Además, ya encontrará a alguien que lo bendiga, porque la cuota de religión es fundamental

¿No hay opción de que Humala haga un gobierno democrático?
Para mí no hay medias tintas. Yo soy judío, tengo documentos de mis parientes que murieron en campos de concentración, yo sé lo que es el nacionalismo patológico que encarna Humala.

¿Consideras que todo nacionalismo es malo?
Por supuesto que no. Hay un buen nacionalismo que todos tenemos, que se diferencia del etnonacionalismo enfermizo.

¿Cuáles son las mayores diferencias?
Este nacionalismo se caracteriza porque sus miembros se creen superiores a otros grupos, tienen desprecio y hostilidad hacia los ajenos y consideran que el destino individual depende del grupo. Estamos entonces ante una mentalidad de grupo patológica, en la que se excluye a todos los demás, y en donde el ataque al otro está permitido.

Que se traduce en propuestas como fusilar a los corruptos y a los homosexuales.
Exacto. Es la hermandad hacia adentro y el odio hacia afuera.

Para ellos el individuo no cuenta.
Para nada. Son antiindividualistas. Este tipo de nacionalismo siempre está ligado a un líder redentor omnipotente, cuya propuesta de redimir a su masa, lleva implícito el matar, eliminar o limpiar el mundo de todos los enemigos.

Que en realidad no es otra cosa que barrer todos los posibles obstáculos para hacer lo que le da la gana.
Sí, pero ojo, no es solo un asunto de estrategia o de maniobra. Odian genuinamente

¿Y este discurso cala con más facilidad en sociedades pobres?
La pobreza es una causa necesaria, pero no suficiente. Alemania no era tan pobre cuando eligió a Hitler, lo que había más bien eran sentimientos de humillación y de vergüenza. Ese es el verdadero caldo de cultivo de las poblaciones que apoyan estos liderazgos.

¿Por qué?
Porque cuando alguien te dice nosotros los cobrizos o los arios o los negros tenemos derecho al mundo, lo que intentan recuperar a partir del elemento étnico es un orgullo perdido. Esas propuestas te ofrecen la posibilidad de resarcirte de una humillación y te ofrecen la posibilidad de venganza, de hacerle al otro lo que sentías que te hacían a ti. En la Alemania Nazi, la humillación de la derrota de la Primera Guerra Mundial obligó a que le echaran la culpa a alguien, y cayeron los comunistas, los judíos y los gitanos, los turcos culparon a los armenios en su momento, y los cristianos ortodoxos a los musulmanes en la ex Yugoslavia.

Pero no son enemigos reales

Así es, en estas condiciones, se suelen inventar a un enemigo: ubican a quién echarle la culpa de todo y le quitan características humanas, encima como los ha humillado, o eso creen, se sienten con derecho de hacer cualquier cosa y vengarse.

¿Es un odio reivindicatorio?
Con un ingrediente más: siempre da gusto meterle una patada a quien está en el suelo. Si es que aquel a quien temías cae, te va a dar un gusto patearlo y golpearlo. Fíjate nomás en los huacos Mochica, cómo trataban los moches a sus derrotados

¿Por qué tanta maldad?
Porque cuando humillas a quien ha sido tu enemigo temido, te ensañas. Incluso cuando pides perdón a tu verdugo, esto provoca un ataque mayor.

¿Cuánto influye la formación militar en este esquema?

El gobierno de un militar es al gobierno, lo que la música militar es a la música, o la inteligencia militar es a la inteligencia.

O sea un desastre

Exactamente, una contradicción absoluta.

¿Qué nos queda a los demócratas?
No es momento de votar en blanco ni de abstenerse, ni en el ánfora ni en la vida. Uno tiene que alinearse y asumir su responsabilidad. Por eso, nos guste o no, no nos queda más que cuidar a Alan García.

Pero Alan ya nos hizo padecer una vez. ¿Qué riesgos encarna un posible gobierno de Alan García para los que tendríamos que estar alertas?

Que alguien haya cometido errores no es una garantía de que los vaya a cometer, ni de que no los vaya a cometer. Él ha dicho que sería un imbécil si metiera la pata nuevamente en lo mismo. Ese no es argumento.

Julio Iglesias cantaba: Tropecé de nuevo y con la misma piedra

Así es. Eso no es ninguna garantía. Alan tiene que entender que esta vez necesita de otra gente que lo acompañe con poder efectivo. Y la sociedad civil, todos los que la formamos, tenemos que ser unas ladillas, si me perdonas la expresión, y estar encima de él. Hay que cuidarlo de sus propios errores.

Si bien Alan García no se acerca a la violencia de Humala, no podemos olvidarlo pateando a un pobre hombre en una manifestación. ¿Encarna algún riesgo su personalidad, si llegara otra vez al poder?

Te voy a contestar en términos generales, esto es aplicable a cualquiera. El poder legitima al poder. Una vez que tienes el ejercicio de poder, eso te transforma en alguien que se siente con derecho para siempre. Nadie que haya ejercido poder deja de querer seguirlo teniéndolo.

Como una droga
Exactamente te vuelves adicto a la capacidad de hacer y a la capacidad de ser adorado, admirado y querido. La vieja idea de Lord Acton, "el poder absoluto corrompe absolutamente", pero el poder pequeño igual te deja un gustito de querer seguir ejerciéndolo. Por eso, las sociedades necesitan ponerle límites a todo aquel que tiene ejercicio de poder, porque el más puro y el más casto va a quedar tentado.


La ficha
Nombre: Moisés Lemlij M.
Nacionalidad: Peruana.
Formación: Psicoanalista y doctor en Medicina.
Trayectoria: Integra la Asociación Psicoanalítica I
ternacional (API), la Sociedad Peruana de Psicoanálisis y
la Asociación Psiquiátrica Peruana. Es miembro asociado de la Sociedad Británica de Psicoanálisis y miembro honorario del Northern Ireland Institute of Human Relations y de la Asociación de Psicoterapia de Niños. Es, además, socio fundador del Seminario Interdisciplinario de Estudios Andinos (SIDEA).
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