Domingo, 9 de julio de 2006
Ondas folclóricas
Identidad cultural a través de la radio. Desde hace medio siglo, los provincianos que viven en Lima se integran utilizando la radio de onda media. Productores, conductores, músicos y cantantes se hermanan a su estilo: comparten su música y tradiciones, difunden sus noticias y avisos publicitarios. Existen a través de su señal popular.

Los programas folclóricos surgieron ante la marginación, y todavía son marcados con ese estigma. Aunque en los conos de la capital son muy sintonizados por los provincianos, aún son ignorados por las radios comerciales. Pero la persistencia de sus productores-conductores y la solidaridad de sus oyentes permiten que la música andina se irradie.

De un espacio de una hora diaria que radio El Sol emitía en 1951, en la década de 1980 se multiplicó a 80 espacios diarios de una hora cada uno. La mayoría de ellos se emitía en cuatro emisoras limeñas que dedicaban de 15 a 20 horas al folclor: radios Folklore, Inca, San Isidro y Agricultura.

Hoy, emisoras identificadas con el folclor -como Éxito, Agricultura y San Isidro- transmiten más de 15 horas diarias. En los conos se ha dibujado un nuevo escenario. Radio Imperial, de Villa El Salvador, llega a tener en una semana de 30 a 40 programas de una hora. En Vitarte, radio Andina programa 23 horas diarias de música folclórica.

VISIONARIO EN CABINA

La radio con contenidos folclóricos se fortaleció con la presencia de los migrantes en Lima. Al mismo tiempo que asimilaban hábitos y servicios urbanos, los provincianos difundían sus valores sociales, culturales y artísticos a través de nuevos medios. El comunicador social Rubén Téllez sostiene que surgió por la necesidad de tener un espacio para reproducir sus expresiones musicales.

En días en que los espectáculos vernaculares se ofrecían en coliseos, incluso bajo carpas de circo, el tarmeño Luis Pizarro Cerrón se aventuró a conducir el primer programa folclórico. Tras solicitar a los directivos de radio El Sol que le dieran un espacio que les sobraba para sus fines, logró que le concedieran gratuitamente el horario "muerto" de seis a siete de la mañana.

Así, desde el 28 de noviembre de 1951, El Sol en Los Andes permitió que los artistas provincianos residentes en Lima y los que se encontraban de paso difundieran sus canciones "en vivo". En aquel tiempo, las grabaciones de música andina eran muy escasas. Ellos no cobraban por sus presentaciones, pero tenían la posibilidad de promocionar sus eventos y gozar de popularidad.

El programa, que también era utilizado para difundir mensajes a los oyentes del interior del país, tuvo muy buena acogida. Por eso, en 1954 le empezaron a cobrar cinco mil soles al mes por una hora diaria de difusión. Pizarro Cerrón tuvo, entonces, que convencer a sus amigos que eran dueños de pequeños negocios para que anunciaran.

"El programa gustó en todo el Perú. Cuando los representantes de instituciones y comunidades llegaban a Lima, mi padre hablaba a favor de ellos y les brindaba espacio. Además, cuando él viajaba a su tierra era recibido con bandas musicales", comenta su hijo, Juan Pizarro, quien desde hace 24 años conduce el programa Acuarelas ayacuchanas.

A mediados de la década de 1950 aparecieron otros espacios en emisoras como San Cristóbal, Restauración, Expreso, Continental y Luz, que imitaron el estilo de El Sol en los Andes. Incluso, el mismo Pizarro Cerrón inauguró sus programas Acuarelas peruanas y Mañanitas andinas en radios Nacional y Santa Rosa, respectivamente.

LOS SEGUIDORES

En 1962 se fundó radio Agricultura, que al inicio incluyó programas de música andina con secuencias de asesoría técnica en los campos. En una década, incrementó su programación andina, de nueve a 14 horas diarias.

Cuando el gobierno militar asumió el poder, en 1968, los cantantes y músicos andinos empezaron a producir sus programas. En 1973, 19 programas de los 35 que se emitían en las radios limeñas pertenecían a radio esta radiodifusora.

Aquel año, el gobierno militar exigió a las emisoras radiales públicas y privadas que dedicaran un mínimo de 7.5% de su programación a la música folclórica. Pero durante el gobierno de Francisco Morales Bermúdez esta obligación empezó a decaer. Para 1980, 12 emisoras de un total de 32 no cumplían estos dispositivos.

Cuando las emisoras expropiadas fueron devueltas a sus dueños, optaron por alquilar sus horas a productores individuales para salir de la difícil situación económica en la que se encontraban. Así, radio San Isidro dejó de ser "La nota elegante del dial" para convertirse en "La nueva voz del folclor". Le siguieron los pasos Excélsior, Oriente (que después se llamó Folklore), e Inca.

En la actualidad, en la frecuencia modulada no hay una sola emisora que dedique su programación a la música folclórica, excepto dos ilegales (Bonita y Auténtica). En los conos, junto a las radios formales como Independencia y Comas (cono norte), Imperial (cono sur), y Andina y Planicie (cono este), coexisten las "piratas" que optan por el folclor. Solo en Vitarte hay hasta 12 emisoras clandestinas que constantemente cambian de nombre y lugares de transmisión.

LUCES Y SOMBRAS

Como ayer, hay programas folclóricos que continúan dedicándose a públicos muy específicos. Los representantes de instituciones provinciales y distritales, por ejemplo, alquilan espacios semanales para difundir su música, sus tradiciones y sus noticias.

"Estos programas son empíricos. Los dirigentes, que se convierten en productores y conductores, hacen lo que está a su alcance. Como se dirigen a un sector pequeño, donde la mayoría se conocen, no tienen problema de animar en quechua o español", afirma el danzante de tijeras Rómulo Huamaní Janampa, quien conduce su programa en radio Imperial.

El investigador Rubén Téllez advierte que desde la última década las radios folclóricas se dirigen también a un público mucho más amplio porque en Lima las diferencias cada vez son menores, sobre todo en las nuevas generaciones. Ello se evidencia en el huaino con arpa que incluye instrumentos electrónicos en los grupos musicales e, incluso, incorpora a los animadores en sus discos.

El director general de radio Andina, César Elías Uceda, comenta que hace un año cambiaron de estilo de programación. "El oyente se ha cansado de la música del Perú profundo que la conducían locutores con experiencia. Ahora hemos puesto a locutores más dinámicos y nos hemos recuperado. Caso contrario, perdíamos sintonía".

Los artistas con trayectoria y los "nuevos" son iguales en la cabina radial. Desde 36 años, el músico y folclorista ayacuchano Tulio Gutiérrez, de radio Éxito, organiza eventos y vende publicidad para alquilar una hora de programa, que hoy le cuesta veinte dólares por emisión.

"Realizamos actividades folclóricas, preparamos platos típicos y vendemos cerveza. Nuestros oyentes colaboran con sus entradas y también consumen. En Lima, los artistas sufrimos para hacer folclor y también para difundir nuestra música".

En efecto, ante la falta de espacios los artistas se han convertido también en productores y conductores de sus programas radiales. De acuerdo a la popularidad y el respaldo económico, así como su público objetivo, cada uno tiene la necesidad de alquilar programas en diferentes radioemisoras.

Cantantes de moda como Sonia Morales tienen espacios en emisoras reconocidas como Inca y también en los conos, como Andina (Vitarte). El caso de William Luna, que gusta entre el público joven, es diferente: cofinancia su espacio de una hora diaria en radio Nacional. Para volver a cabina, tiene que convencer a un auspiciador para que aporte mil dólares mensuales.

"Es irónico que el folclor tenga que recibir este trato que ni siquiera se le da a la música internacional. Si llega un hit de un artista extranjero la radio comercial la programa de inmediato, pero si es peruano tiene que pagar hasta tres mil dólares mensuales para que toquen su tema", comenta el cantautor William Luna.

El gran medio para la música folclórica sigue siendo la radio. A través de sus programas se pueden conocer lo que piensan, sienten y quieren los migrantes, que hoy han convertido a Lima en su nueva casa.



Jesús Raymundo



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