Lunes, 26 de marzo de 2007
Porque Dios es peruano

David Hidalgo Vega
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DEBUT. El joven periodista Daniel Titinger ofrece un provocador alegato sobre las expresiones máximas de nuestra nacionalidad: el pisco, el cebiche, una bebida gaseosa y algunos personajes marcados por lo insólito. Hoy presenta su primer trabajo en la Feria Internacional del Libro

Que dispare una idea el que sea capaz de sustentarla. El periodista Daniel Titinger lo ha hecho con ciertos tópicos casi intocables y entonces ocurre que varios cebicheros quisieran exprimirle limones en los ojos, como él mismo confiesa, por decir que el cebiche es de aquí y de todos lados. O que su correo sigue recibiendo reclamos y diatribas por escribir que la historia del pisco no es sino un compendio de sospechas entre el Perú y Chile. O que muchos no comprenden esa postura suya de creer que ser peruano puede ser un ejercicio de preguntarse cosas. Disparar ideas implica la capacidad de resistir la escaramuza de resistencias que van a generar. El libro "Dios es peruano", su debut literario, lleva su propia munición: "(la comida) es una histeria nacional", escribe. "Allá quienes buscan revanchas y se embriagan en sus odios más patrioteros", remata. Titinger, limeño, 29 años, dice estar preparado para las ráfagas de vuelta.

¿Tu intención original es poner en cuestión que algunas de nuestras creencias no son tan sólidas?
Creo que conceptos de peruanidad, como el pisco, el cebiche, la nostalgia de cuando uno sale afuera y extraña la Inca Kola, son cosas que nos hacen sentir más peruanos. Pero aquí pasa algo: por ejemplo, hemos creado una guerra nacional, que en realidad es más una batalla de barrio contra Chile, diciendo que nuestro mayor lema y nuestra mayor fuerza es que el pisco es peruano. Yo no dudo de que así es. Pero por lo que he averiguado del tema --incluso en el mismo valle de Elqui, donde ellos producen lo suyo-- digo que la guerra comercial está totalmente equivocada. Chile vende su pisco a los grandes mercados. Lo que nosotros tenemos que vender es la calidad. No hay forma, y te lo puede decir cualquier chileno que ha probado el pisco peruano --salvo que sea tan equivocadamente patriota como algunos de nosotros somos--, de no reconocer que el pisco sour nuestro es mejor. El pisco sour chileno es una especie de limonada que te emborracha. Tienen buenos aguardientes, yo tengo uno de los mejores en mi casa, de un color dorado, como el del whisky, pero son para otro paladar. No tienen comparación con un Ocucaje de uva italia, pues.

¿Pero qué de malo ves en el sentido de aferrarse a un símbolo?
Es una especie de engaño, por diferentes cosas. A mí no me parece mal que el pisco se haya puesto de moda. Ahora hay campañas por la copa del pisco, por la receta perfecta del pisco sour. Eso me parece genial. Pero creo que el engaño va por el lado de sentirse más peruanos por cosas así. Es decir: a mí no me hace más ni menos peruano que el cajón ahora sea usado para la música flamenca. No me hace más peruano que tengamos el río más largo, la montaña más alta. Yo, al menos, me siento peruano más allá de todo eso. Mucha gente que hace propaganda por el pisco y lo alaba, no toma pisco. Le parece un trago impasable.

Eso dice el propio Vargas Llosa.
Lo detesta. Pero bueno, estamos hablando de costumbres y él quizás no esté acostumbrado al pisco. Todo esto empieza con una campaña publicitaria que presentaba un racimo de uvas con la forma de Sudamérica, pero a la que se le había quitado las uvas en la franja que correspondía a Chile. Antes, el pisco se tomaba sobre todo en Ica, pero no era tan masivo. ¿Qué necesitábamos para revalorarlo? A Chile. Y luego sale un comercial chileno sobre un producto llamado suspiro limeño y al día siguiente llegan varias señoras con sus pañuelos en la cabeza a vender suspiro a la limeña en la puerta del hotel Sheraton.

Lo que planteas es un tipo de nacionalidad que me recuerda lo que Hugo Neira dice del vals peruano: Que es lacrimógeno e hipocondríaco.
A mí eso me da cólera. Ahora, esto no invalida que un país necesite cosas con qué identificarse, pero creo que para eso está la familia, los amigos, toda una cultura detrás. Lo que no me parece es buscar nuevas tradiciones como sacándolas del pañuelo, cuando durante años no se han mantenido. Muchos salen afuera y te aseguro que no van a extrañar el pisco. Quizá sí el cebiche, aunque también es una tradición que podría considerarse nueva: el que comemos ahora no es el mismo que el que se comía en los años ochenta. Antes se dejaba preparado, macerando. Ahora se come fresco por la influencia japonesa, como el sushi.

En tu libro mencionas que el cebiche y el pisco son un chauvinismo de la mesa, mientras que un autor como Juan Villoro ha escrito que el ají mexicano es un patriotismo. ¿No hay una suerte de pesimismo en tu visión?
Yo no pongo en duda que hay que explotar esas tradiciones. Nadie te prepara un cebiche como un peruano. Un amigo que vive en España me contó que un día se juntó con varios latinoamericanos y alguien lanzó la pregunta: ¿con qué plato recibirías a un extranjero en tu país? Él dijo que con un cebiche y todos saltaron, cada uno decía que era suyo. Y cuando mí amigo dijo que nada que ver, porque el choclo y el camote eran lo mejor, resultó que nadie tenía idea de que el cebiche llevara esos ingredientes. La batalla es errada. Tenemos el mejor cebiche, pero debemos vender el concepto, como propone Gastón Acurio. Hay que hacer cebicherías y no restaurantes de pescados y mariscos. Alabamos el cebiche, pero pensamos que ponerle cebichería a un local le quita caché.

Versiones anteriores de tus textos te han acarreado ataques.
Sí. Y reconozco que algunas veces he cometido excesos. He recibido opiniones de gente que lo leyó muy superficialmente. Algún párrafo lo utilizan en campañas pro chilenas y otros párrafos aparecen en páginas web pro peruanas. Alguien me preguntó que de qué país era, porque no parecía ni de uno ni de otro. Yo creo que mi posición es recontraperuana y hay momentos en que escribo también desde la cólera.

Incluyes otro ícono que es la Inca Kola. ¿Qué hay detrás de esa nostalgia?
Tendría que hacerse una teoría del sabor, pero yo creo que aplaca el sabor excesivo de la comida peruana. Pero también está el que la gaseosa ha sabido explotar muy bien la imagen de bebida nacional. La Coca Cola era reina absoluta hasta la llegada de la televisión. Hubo algún genio que dijo que debían vender el tema de peruanidad y de ahí no se ha movido nunca. Cuando han querido vender otra cosa, con otro eslogan, bajaron sus ventas. A muchos extranjeros les parece fea, pero les resulta tan exótica que se compran su polo con la marca y los ves paseando por la calle. Hay un libro que se llama "Inca Kola: Traveler's tale or Perú" que habla del país, pero no menciona una sola vez a la gaseosa, solo en el título. Es parte de la identidad.

Oswaldo Soriano escribió que la Coca-Cola se había expandido gracias a la geopolítica de EE.UU.
Claro, decía que EE.UU jugaba rayuela con la bebida. Que la ponía en las patas de la Torre Eiffel y Francia se rendía al sabor, que la ponía en las afueras del Muro y Alemania se tomaba todo, era una cuestión casi invasiva. Pero eso no puede suceder con nuestra gaseosa. Es una cuestión de paladar peruano. Tampoco es para alarmarse. En Estados Unidos hay una gaseosa picante. A ver, trata de exportarla. Jamás, pues.

Tu propuesta de la peruanidad incluye algunos personajes.
Así es. Los considero también como productos nacionales. El primero es Sixto Paz, este peruano que asegura haber visitado el planeta Ganímedes. No es el que escribió el libro "Yo visité Ganímedes", ese es otro. Pero no me dejaba de parecer muy interesante que uno de los peruanos más conocidos del mundo sea alguien tan relacionado con lo espacial. Lo acompañé a México para probar si en otro país era tan conocido como aquí. Mi punto de vista no es si tiene o no tiene razón, sino entender cómo logra que la gente le crea. Me parece más alucinante su capacidad de convencer que el hecho de si hay ovnis en el mar.

El segundo personaje es Maju Mantilla. ¿Una reina de belleza como símbolo de peruanidad?
Allí la pregunta era: ¿Qué se puede decir sobre una Miss Mundo? Y lo sorprendente es que su historia parece haberse reescrito. La gente decía que a Maju le salía luz del cuerpo cuando era niña. Era como si a uno lo contrataran en el Cienciano y de pronto le mete un gol al Real Madrid. Algo en tu historia cambia con eso. Ella fue elegida por tres mil millones de votos. Imagínate.

¿Se volvió una leyenda urbana?
Exacto. Yo creo que los únicos que no me mentían eran la familia y sus amigos cercanos. Y ellos me decían que Maju puede ser muy terca, por ejemplo. Pero quienes no la conocían, comenzaron a crear una ficción alrededor de ella.

Y la tercera historia de peruanidad, la más alucinada, es la del ascensor al espacio.
Alguna vez me llegó un mail de un peruano que decía que se podía llegar al espacio en un ascensor. Entonces quedamos para conversar en un café de San Isidro y allí me explicó que tenía que ver con la fuerza de la gravedad y con un material nuevo que había sido descubierto por un japonés. Eso permitía que se pudiera lanzar al espacio un cable cien veces más fuerte que el acero. Por allí subiría y bajaría un ascensor. Todo estaba estudiado en un libro financiado con medio millón de dólares por la NASA y allí entraban físicos del laboratorio de Massachusetts, donde se inventó la bomba atómica. Y no era una especulación, sino que una empresa en Seattle ya lo estaba haciendo. Me fui hasta allá y era real, hay una empresa que está en busca de financiamiento. Y en medio de todo, este hombre estaba peleando por que se construya este ascensor a la altura de Tumbes. Es como un sueño de un peruano común y corriente. Y ahí está lo curioso: el personaje más normal de este libro quiere llegar al espacio en un ascensor.

Si pudieras extraer el rasgo de peruanidad en cada uno de ellos, cuál sería.
De Sixto Paz, sería la locura. Nosotros somos chiflados, nos ven en cualquier parte y no pueden creer que un perro como Lay Fun sea un héroe, por ejemplo. De Maju Mantilla, esa característica tendencia a reinventar el pasado. Y en el caso del ascensor, el sueño: creo que sobrevivimos por eso, porque somos soñadores y creemos que siempre hay un futuro. Y este tipo piensa en el futuro más allá del futuro.

Las Frases
Nombre: Daniel Titinger
Profesión: Periodista
Edad: 29 años
Trayectoria: Es editor en la revista "Etiqueta Negra". Tiene a cargo el Taller de Periodismo Literario de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.
Educación: Estudió periodismo en la UPC. Ha sido becario en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano.

Las frases
"¿El pisco es peruano o chileno? Al mundo le da igual por ahora. Ni siquiera se lo bebe lo suficiente"

"El cebiche puede ser tan distinto como las propias culturas y seguirá siendo cebiche"

"Dios es peruano"





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