Steve Irwin, el zoólogo australiano que logró fama en la televisión como 'El Cazacocodrilos', murió el lunes tras el ataque de una raya mientras filmaba un documental
Nunca dejan de asombrarnos las ironías del destino: moviéndose siempre sobre la línea que divide el entusiasmo y la excentricidad, el zoólogo australiano Steve Irwin siempre salió bien librado de sus enfrentamientos ante cámaras con ponzoñosas víboras y sobrecogedores cocodrilos. Sin embargo, fue una pacífica raya, pez que no aparece en las estadísticas de ataques mortales a humanos (en Australia solo se habían registrado dos casos fatales), la que perforó ayer, con la púa de su cola, el corazón del 'Cazacocodrilos', mientras filmaba un documental en la costa norte de Australia.
Rápida y atroz. Así fue la muerte de la estrella de uno de los más vistos programas de Animal Planet, pues el aserrado aguijón del pez es capaz de causar lesiones tan profundas como una bayoneta. En efecto, el animal desgarró la carne del pecho de su víctima, poco después de que Irwin, temerariamente, se montara sobre la raya mientras buceaba en Port Douglas, Queensland, al norte de la isla continente. Consultado por la prensa, su manager, en medio del shock producido por la noticia, solo atinó a decir: "Él se montó en la raya y la cola dio contra su pecho. Le hizo un agujero en el corazón". Con una herida de tal gravedad, fue imposible que el zoologista llegara vivo al hospital de Low Isles, donde fue llevado en un helicóptero. Ed O'Loughlin, el médico que recibió su cuerpo, describió así su muerte: "Era claro que no podría sobrevivir. Tenía una herida penetrante en el lado izquierdo del pecho. Había perdido el pulso y no respiraba", señaló.
En los casi cincuenta documentales emitidos por Animal Planet, Irwin destacó por una actitud desafiante frente a los animales salvajes que, muchas veces, lo llevó a mostrar poca prudencia. "Él tomó enormes riesgos, pero sabía lo que estaba haciendo. Esto fue un terrible accidente", comentó su amigo y colega, el naturalista y documentalista británico David Bellamy a la cadena televisiva BBC.
Sin embargo, hechos anteriores demuestran que Irwin no siempre sabía lo que hacía. Ya en junio del 2004 había sido llevado a juicio al acusársele de alterar la vida animal al jugar con ballenas y pingüinos durante la filmación de un documental en la Antártida. A inicios de ese año había desatado la indignación en millones de telespectadores cuando dio de comer a un gigantesco cocodrilo llevando a su hijo, recién nacido, en brazos. En un día en que Australia lamenta la muerte de su cazador mediático, también debería reflexionar sobre los riesgos innecesarios cometidos con el fin de darle alimento a las cámaras. El hombre que no conocía el miedo.
Enrique Planas