Jueves, 7 de setiembre de 2006
"En los jardines salté el cerco en pánico, como en una película"

Joven relató que se sentía como una pobre gallinita en una granja. Calificó a su secuestrador de criminal, paranoico y desconfiado.



VIENA [EL COMERCIO/AGENCIAS]. Una de las historias más conmovedoras que han sido contadas en mucho tiempo fue relatada ayer por Natascha Kampusch, la joven de 18 años que vivió raptada durante ocho años en una casa en las afueras de Viena.

La idea que rondó por la cabeza de Kampusch durante su cautiverio fue la forma de huir del pequeño habitáculo en el sótano de la casa de su secuestrador Wolfgang Priklopil, según una entrevista con la joven que publican la revista austríaca "News" y el diario alemán "Westdeutsche Allgemeine Zeitung".

La noche de ayer, el canal austríaco ORF emitió una conversación con Kampusch, quien relató sus experiencias al periodista Christoph Feurstein. La joven, pálida y delgada, apareció en la televisión con vestimenta a la moda y algo maquillada. Vestía una blusa de color lila bordada y alrededor del cuello una cadena roja con un dije plateado. Su cabello rubio rojizo estaba recogido con un pañuelo colorido.

Según recalcaron tanto sus cuidadores como el entrevistador, fue decisión de Kampusch aparecer en público sin que su cara fuera deformada por medios técnicos, para no ser reconocida.

Feurstein precisó que esperaba que ahora las personas dijeran: "Vimos su cara, ella contó su historia, ahora dejemos vivir a Natascha Kampusch".

La joven habló en la entrevista sobre sus sentimientos durante su secuestro y de la dramática fuga del 23 de agosto: "Corrí cuando vi que él estaba hablando por teléfono. En varios jardines pequeños salté simplemente sobre el cerco, en pánico, como en una cinta de acción".

La primera mujer que encontró simplemente no entendió qué había pasado. Ella no permitió que entrara a su casa. Kampusch temió ser descubierta. "Tenía el temor de que esa persona (Priklopil) asesine a esa mujer, o a mí, o a ambas", contó al diario "Kronen Zeitung".

También los policías que llegaron primero no sabían con quién estaban tratando. Los agentes le preguntaron su nombre, su fecha de nacimiento y su dirección.

Sobre su situación, la joven comentó: "Me preguntaba una y otra vez por qué esto me tenía que pasar a mí, entre los muchos millones de personas".

"Siempre pensaba: No vine al mundo para encerrarme y arruinar por completo mi vida. Estoy desesperada por esta injusticia. Siempre me sentía como una pobre gallinita en una granja ponedora. Seguramente ustedes vieron en la televisión mi calabozo. Así que saben lo pequeño que era. Era para desesperarse", citó la agencia de noticias APA de las entrevistas con Kampusch.

NUEVA VIDA
"Me siento bien, dadas las circunstancias. Lo que más hago es intentar relajarme, recuperarme del estrés de la huida" fueron sus primeras palabras ante las cámaras, y con ello también la primera vez que la población austríaca pudo oír la voz de la joven secuestrada.

La joven comentó que suele hablar por teléfono con sus padres y destacó que su madre nunca perdió la esperanza de que estuviera viva.

Dijo que en estos momentos confía en el equipo de psicólogos que la trata, pero fundamentalmente en su familia.

Claves
Una vida en cautiverio
4Natascha Kampusch fue secuestrada a los 10 años, el 2 de marzo de 1998, cuando iba a la escuela. Wolfgang Priklopil la retuvo en su casa durante más de ocho años en Strasshof (Viena).

4Pocas horas después de que lograra escapar el 23 de agosto pasado, el hombre, de 44 años, se suicidó.

4La joven contó que en Navidad o en su cumpleaños su captor le hacía regalos.

4Kampusch apenas miró a las cámaras porque sus ojos son muy sensibles a la luz. Su voz parece de alguien que tuviera un resfriado.

Lo que dijo
"También tenía pensamientos feos (...) A veces soñaba con cortarle la cabeza, si hubiera tenido un hacha (...) Hubo muchas personas a las que intenté hacerles señales, pero la gente no piensa en algo así, no se les ocurre...".

"Una vez, en coche, quise desprenderme el cinturón de seguridad para saltar del vehículo, pero me retuvo (...) Un intento fallido hubiese significado no salir nunca más del calabozo (...) Solo pensaba en cómo fugar".

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