La corrupción, el terrorismo y la sociedad peruana bajo la lupa del psicoanálisis. Entre el próximo 5 y 8 de octubre se desarrollará en Lima el Congreso Latinoamericano de Psicoanálisis (Hotel Los Delfines) con la presencia de 500 especialistas de todo el continente. Al respecto, conversamos con el presidente de la Federación Psicoanalítica de América Latina, el peruano Álvaro Rey de Castro.
El congreso coincide con la celebración de los 150 años del nacimiento de Freud, ¿cuál es la importancia del psicoanálisis hoy cuando se le acusa de haber perdido vigencia e incluso de ser una pseudociencia?
Estas acusaciones vienen ya desde un primer momento, cuando se produce la ruptura entre Freud y Adler. Es cierto que durante un período relativamente largo ha existido una división entre la psiquiatría y el psicoanálisis, sobre todo de la psiquiatría farmacológica. Ahora, en mi opinión, contrariamente a lo que piensa mucha gente, esa diferencia es cada vez menor, porque cada uno de estos campos se ha dado cuenta de que no lo puede abarcar todo. El psicoanalista sabe que él no puede cubrir todos los frentes y el psicofarmacólogo sabe que no todos los problemas se pueden solucionar con fármacos. Yo conozco casos de psicofarmacólogos que transfieren pacientes al psicoanalista y de psicoanalistas que transfieren pacientes al psiquiatra.
¿Cree que al margen de lo que opinan los críticos del psicoanálisis se está creando un puente entre ambas disciplinas?
A diferencia de cuando yo era estudiante, ahora no hay un clima de hostilidad. Existe más bien un clima de diálogo, y no solamente con la psiquiatría sino también con la neurología. Yo creo que lo que pasó es que cuando el psicoanálisis se puso de moda, sobre todo en Estados Unidos, los psicoanalistas coparon todas las cátedras de psiquiatría y dejaban afuera a quienes no lo eran, a todos los que no tenían la verdadera fe (risas). Ahora con el fabuloso avance de los estudios sobre el cerebro ha llegado la venganza, y los que dominan son los psicofarmacólogos, pero eso no quiere decir que haya hostilidad.
A partir de los avances en el conocimiento del cerebro, ¿qué aspectos del psicoanálisis se mantienen y qué han perdido actualidad?
Por ejemplo, las tesis freudianas sobre el sueño no solo no están negadas por la fisiología, sino ahora están comprobadas. Hoy en día ya no es apropiado hablar del psicoanálisis en singular sino debemos referirnos a los psicoanálisis, en concreto veo dos polos opuestos: uno conocido como ortopédico, que dice que debemos "normalizar" al sujeto y adaptarlo a la sociedad; y otro que para mí es fascinante, pues es, y hay que rescatar la palabra del vocabulario policial, subversivo, en el sentido de que trata de romper con las convicciones que el sujeto tiene respecto a sí mismo. También ahora hay un acercamiento entre las escuelas conductivas y las psicoanalíticas, que antes nos odiábamos a muerte, porque las primeras han tenido que aceptar que existe una cierta noción de inconsciente.
¿Este acercamiento también se da con las llamadas psicoterapias?
Primero, debo decir que hay psicoterapias y psicoterapias. En el fondo el psicoanálisis es una forma de terapia intensiva. Ahora, hay gente que me va a matar por afirmar esto, pero yo creo que para nuestro medio la psicoterapia puede resultar incluso más útil que el mismo psicoanálisis. Usted tiene una zona como Ayacucho, a donde colegas de la sociedad no han podido llegar a psicoanalizar a las víctimas, pero sí han tratado a quienes han visto estos casos terribles, porque acá hay una realidad evidente: el psicoanálisis es elitista, y no puede dejar de serlo, porque es un entrenamiento largo, caro y complicado. Ahora, la cualidad del psicoanalista es que siempre verá al paciente de manera horizontal, nunca, por ejemplo, pondrá una mesa en el medio. Puede parecer trivial, pero el saber escuchar es tan importante, sobre todo en un país como el nuestro, donde ya nadie escucha a nadie.
Existe también una relación permanente entre el psicoanálisis y los fenómenos sociales contemporáneos, viendo los temas que se tratarán en este congreso, destaca el referido al terrorismo y la violencia, ¿cree que el psicoanálisis es también un intérprete del malestar de la sociedad actual?
Creo que ese es uno de los grandes progresos del psicoanálisis, de los que más me alegran y por los cuales personalmente he luchado. Una cosa es que, por su característica, sea elitista y otra cosa es que no se comprometa. Felizmente, el psicoanálisis peruano se ha interesado en los últimos años por el tema social. Tiene, por ejemplo, a Max Hernández en el Acuerdo Nacional, y yo mismo trabajé en la comisión anticorrupción durante el gobierno de Valentín Paniagua. Ahora, ¿por qué esta preocupación? Yo creo que porque tenemos que entender finalmente que hay muchos elementos subjetivos en los fenómenos sociales y que no basta una ciencia para entenderlos. Yo no discuto ni el valor de la sociología ni el valor de la antropología, pero no bastan. Son ángulos parciales. Cuando estábamos en la locura del terrorismo y la gente veía como mataban a sus hijos reaccionaba de manera visceral y decía que maten a todos estos terroristas. Freud decía que la civilización nació, cuando nació el insulto. Es decir, en lugar de matar a alguien se le insultaba. A lo que voy es que hay una dimensión subjetiva en todos estos problemas.
Otra mesa del congreso se llama Odio y perdón en la historia del Perú. Uno de los títulos dice "sobre el odio indígena al conquistador" y podríamos repetir la premisa desde el otro lado, ¿cree nuestra sociedad es producto de odios entrecruzados?
En ese aspecto el trabajo que hizo la Comisión de la Verdad fue interesante porque había que remover las cosas que habían pasado, justamente para que las víctimas hablen de lo sucedido y se pueda alcanzar la reconciliación. Definitivamente, es una respuesta difícil. Para empezar el Perú es un país multicultural, multirracial, pero absolutamente mal constituido. Somos racistas en todos los niveles sociales, y tengo la impresión de que nuestro racismo ya no tiene que ver exclusivamente con la raza, sino yo diría más bien que el racismo peruano es altamente soluble en dinero. Por otra parte, todavía circula ese mito que dice que se debió importar más blancos de Europa para mejorar la raza peruana.
Y como contrapartida está la idea de que son los blancos los que arruinaron al país al segregar a la raza cobriza.
Tanto lo uno como lo otro son racismos terribles. Otro mito que se ha fabricado es que el Perú es el país más corrupto del mundo, creo que en ese aspecto estamos a media tabla, aunque lo que sí tenemos es la corrupción mejor documentada del planeta. En este tema, creo que la lucha anticorrupción debe plantearse a partir de hacer entender a la gente cómo este hecho la afecta en lo cotidiano. Es decir, habría que explicarle que si todo el dinero empleado en la corrupción durante el régimen de Fujimori se hubiera destinado a obras de desarrollo, se habría aliviado la pobreza en un 7 por ciento. Acá todavía existe la percepción de que el corrupto es el que recibe una coima y no quien la da. Los pocos programas anticorrupción que han funcionado en el mundo han demorado como promedio 20 a 30 años, porque se requieren cambios a todo nivel. Pero si usted quiere ver el problema de manera facilista, entonces agarre a tres o cuatro corruptos y métalos a la cárcel. Tendrá buena prensa, pero con eso no acabará con la corrupción.
Ahora yo no creo que todo sea negativo. No soy pesimista. Hace poco una colega me contaba que en una localidad de la sierra de Piura, la policía prácticamente había desaparecido y los que ponían el orden son los ronderos, que tienen todo un sistema ético, controlado y administrado por ellos. Es increíble la capacidad que tiene la sociedad peruana para solucionar los problemas.
Ahora en el mundo se está fomentado el odio al musulmán.
Es algo terrible. En primer lugar se olvidan de que los que inventaron la guerra santa fueron los cristianos, con las cruzadas, porque la jihad es una respuesta a esas cruzadas. Los que fomentan esto tampoco se dan cuenta de que hay una variedad enorme de musulmanes, chiítas, sunitas, fanáticos, etcétera, y todos ellos con tantas diferencias como las que hay entre un bautista y Cipriani. Pero los ponen a todos en un mismo bloque y solo están consiguiendo que se unan, alimentando un absurdo choque de civilizaciones. Al congreso viene Lord John Alderdice, un psiquiatra y psicoanalista irlandés, quien es una de las personas que más conoce sobre terrorismo en el mundo y participará en una mesa sobre el tema.