La voz de los sobrevivientes de la Guerra del Pacífico. La televisión chilena transmitió en estos días un reportaje-documental titulado Epopeya. La Guerra del Pacífico, con entrevistas a descendientes de quienes combatieron en dicho conflicto. A manera de respuesta, este artículo trata sobre los peruanos que combatieron y sobrevivieron a la guerra.
Por Alejandro Reyes Flores*
Las generaciones posteriores a la Guerra del Pacífico perdieron la oportunidad de rescatar los testimonios de algunos de los miles de peruanos combatientes y sobrevivientes a tan infausto acontecimiento. Hoy ya no es posible hacerlo. Sin embargo, no todo está perdido, pues en el archivo Histórico Militar del Perú existen algunas decenas de expedientes bajo el título de "sobrevivientes del 79". Este archivo responde a personas que debían demostrar su participación en la guerra para obtener una pensión del Estado. Es una historia testimonial, realizada cuando la mayoría de ellos ya se encontraban en el ocaso de sus vidas.
Se trata de "microhistorias" de venerables ancianos "sobrevivientes del 79" que vivieron hasta mediados del siglo XX, como don Luis Aguirre Benavides, "chorrillano", fallecido en 1944 a los 90 años; don Fernando Acero Aguilar, "chalaco", que muere en 1957 a los 94 años o don Antonio Adrianzén, natural de la Huaca, Piura, quien en 1954 a los 92 años aun trabajaba como profesor en el Alto, Talara, y declaraba haber combatido a órdenes del comandante Ricardo Ortiz de Zevallos y Vidaurre. La ancianidad y la necesidad de una pensión, se conjugan para que surja un testimonio rico en hechos inéditos sobre la Guerra del Pacífico, narrados por los mismos protagonistas.
Se lee: "Heroicos soldados que lucharon bravamente el 79 para defender nuestra Patria", detallando los batallones donde sirvieron: "Unión Nº 87", "Chupaca Nº 2", "Tarapacá Nº 5", "Callao", "Junín", "Glorioso batallón Ayacucho Nº 3". Asimismo, aparece la oficialidad intermedia que estuvo en la primera línea de combate, como Maximiliano Frías, Salvador Lazón, Pío Alcalá, Aurelio Barbieri, Samuel Leyva, Augusto Bedoya, Antonio Aza, Amaro La Rosa, Eusebio Román, Enrique Luque entre muchos más.
"Relatar los sufrimientos sería interminable"
En uno de los expedientes el chorrillano y combatiente de San Juan y Miraflores, don Luis Aguirre Benavides, relata que a las seis de la mañana "rompimos el fuego sobre la escuadra chilena (...) el buque Angamos nos hacia fuego con sus cañones de largo alcance que llegaban al lugar denominado San Tadeo (...) continuamos con ese valor indomable de peruanos". Sin embargo, la superioridad bélica chilena los obligó a retirarse y muchos, entre ellos Aguirre Benavides, fueron capturados. "Fui prisionero en la Isla San Lorenzo, donde relatar todos los sufrimientos que fuimos victimas, sería interminable", dice el aludido. Por su parte, don José Balbín afirma que en Cerro de Pasco "se formó el segundo Ejército del Centro, compuesto por el batallón Junín y una columna de artillería", a la cual él se enroló como voluntario.
Farmacéuticos, mecánicos.
Se encuentran entre los "sobrevivientes del 79" profesionales como el farmacéutico don Adán Acevedo, que desde el inicio de la guerra, el 16 de mayo de 1879, se embarcó en el vapor Luxor rumbo a Iquique, a órdenes del general Cáceres. Estuvo en "todas las batallas que se dieron en el sur" hasta San Juan, preparando los botiquines y asistiendo a los heridos, hechos corroborados por Cáceres en estos términos: "supo cumplir sus sagrados deberes de ciudadano patriota con abnegación y espíritu de disciplina que lo honra y enaltece".
De igual manera don Francisco Aguirre, chalaco de nacimiento, escribe que sirvió a la Patria "en calidad de mecánico preparando los elementos bélicos que se necesitaron durante la guerra, como son las espoletas de acero para la fabricación de las bombas que usaron contra el enemigo". Dice que su maestro fue el italiano Gabriel Cartotti. También se encuentra el testimonio del "caldelero" don Fernando Acero Aguilar, quien después de la guerra, trabajó en la International Petroleum Company de Talara. Se da cuenta que falleció a los 94 años de edad en Lima.
Las guerrillas en Nepeña, Moro y Yaután
El testimonio de don Manuel Baca, combatiente desde Pisagua hasta San Juan y después jefe guerrillero, nos revela la lucha desigual de las guerrillas contra el ejército chileno, más numeroso y mejor equipado, estacionado en los puertos de Casma y Chimbote a órdenes de los Jefes Federicce y Mont.
Estos son algunos de los hechos. En 1882 cerca de Samanco, las guerrillas dirigidas por don Manuel Baca cercaron a un contingente de chilenos y "ya para batirlos, se rindieron el capitán Zenón (¿Centeno?), el teniente San Martín y diez soldados". "Posteriormente, sigue narrando don Manuel Baca, "nos dirigimos a Yaután, donde encontramos una comisión chilena (...) la batimos matándoles dos coroneles, varios soldados, tomando prisionero al Capitán Linche (sic), quien me suplicó no lo dejase matar, me daría un buen rescate, era sobrino del Presidente que estaba en Lima".
El capitán Lynch estuvo preso en la cárcel de Nepeña y fue liberado por el subprefecto a cambio de cinco mil soles entregado por los chilenos. Desde Chimbote, se enviaron más tropas chilenas que se enfrentaron con la guerrilla en el puente de ingreso al pueblo de Moro, afirmando don Manuel Baca "les cargamos con tanto denuedo, que los corrimos, muriendo el comandante chileno 'Tragamundo' y quince soldados más".
Los chilenos, en represalia, incendiaron los pueblos de Moro y Jimbe, pasando éste a llamarse "Cáceres del Perú". A pesar de estar invictas, las guerrillas tuvieron que entregar las armas, pues se había iniciado la política de paz del general Iglesias. Sin embargo, el mayor Castro y varios guerrilleros se dirigieron al norte a plegarse a don José Mercedes Puga y continuar la lucha.
El Perú otorgó una pensión vitalicia a un buen número de los "sobrevivientes del 79", pero también a muchos se les negó por "falta de pruebas", entre ellos a los ocho hijos de don Manuel Baca, al anciano profesor don Manuel Adrianzén, que angustiosamente escribió: "en la actualidad me encuentro desamparado y sin recursos de ninguna clase"; al mecánico don Francisco Aguirre que expresaba su: "ancianidad y excesiva pobreza, pues me encuentro casi en la mendicidad" y al indígena cusqueño Manuel Accostupa, analfabeto, quien en el extremo de su desesperanza, en 1947, expresa por su apoderado: "No reclamo honores ni cuantiosas pensiones para mí y mis pobres descendientes, únicamente creí tener derecho a pedir que la Patria en mi inmensa desgracia, pudiese otorgarme un mendrugo para mitigar mi hambre y cubrir mi desnudez".
Hemos vuelto "a la vida" a algunos "sobrevivientes del 79", los hemos hecho hablar, pero muchos otros siguen esperando que se les rescate del "cementerio" de los archivos donde se encuentran. Porque tal vez el olvido sea el peor pago que les podemos dar a estos hombres.
* Docente de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.