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Domingo, 8 de octubre de 2006
El hombre del punto peruano


Crónica 4 UNA EMPRESA DEL ARTE
Juan Pacheco teje a crochet anillos y collares con hilos de plata. También utiliza cobre y oro. Tiene empresas en EE.UU. y Alemania



Por Julio Escalante Rojas

Como si tejiera una chompa de lana, Juan Pacheco Enciso teje a crochet anillos, brazaletes y collares con hilos de plata. Ahora está sentado en una larga mesa de su oficina en Miraflores. Es un martes cualquiera al mediodía y Dora Zevallos lo observa, desde un extremo de la mesa, quizá como la primera vez que lo vio en aquel programa de televisión, invitando a la audiencia a participar en uno de sus talleres. Ella se interesó por la técnica de tejer pequeños aros encadenados a los que Juan Pacheco había bautizado como "el punto peruano", un invento suyo utilizado en la confección de vestidos de plata. Tuvo simplemente curiosidad y acudió. Ahora ella también enseña el tejido de joyería, y como otras siete alumnas se convirtió en directora de talleres de Escultórica, la empresa de joyería de Pacheco. Para Dora, aun la técnica tiene un truco que hace imposible igualar al profesor. Quizá el único secreto esté en la mano: el maestro es zurdo.

Hoy Escultórica, que inició sus actividades en 1994, es un consorcio que tiene más de cuarenta tejedoras (todas alumnas de Pacheco) repartidas en Lima, Cusco, Trujillo, Huancayo Arequipa y dos empresas filiales que desde febrero buscan clientes en Florida (EE.UU.) y Fráncfort (Alemania). En el Perú cada tejedora factura por su cuenta, y cuando hay ventas conjuntas, todos se reparten el trabajo encomendado y luego la ganancia. En cambio, los negocios en el extranjero recién han comenzado. "Son empresas en proceso de inversión para ganar mercado", dice Pacheco.

VOCACIÓN DE ARTISTA
Un día de 1992, cuando Pacheco aún hacía esculturas, pensó que podía hacer alambres del grosor de un cabello humano, como son los hilos de plata. Había aprendido a moldear figuras en la Facultad de Artes de la Universidad Católica, pero a tejer nadie le enseñó. Pacheco recuerda que mientras sus compañeros de clase se resistían a vender sus pinturas o esculturas, él siempre buscaba hacer negocios. Lo había aprendido de su padre, porque de muchacho estuvo siempre vinculado a la empresa familiar: un vivero de plantas ornamentales. Por eso, su padre esperaba que estudiara una carrera afín a las ciencias biológicas o forestales para sucederlo en el manejo del negocio. Y aunque Juan se haya decidido por el arte, luego estudió un posgrado en una escuela de negocios y allí aprendió todo el proceso que implica desarrollar un producto. "Creo que sí es posible que un artista sea empresario", dice.

¿Es fácil transmitir la necesidad de hacer empresa a las nuevas generaciones de artistas? "Les resulta difícil aceptar que en la carrera deben llevar cursos de comercialización", dice Pacheco, recordando su experiencia como profesor de la Escuela Nacional de Bellas Artes, cuando al dictar un curso de negocios enviaba a sus alumnos a que se den un paseo por tiendas y grandes almacenes para ver qué demandaban los clientes y ellos creían que con ese curso solo perdían el tiempo, ¿para qué les iba a servir aprender a sacar costos?

Pacheco dice que era normal tal reacción porque el estudiante de arte busca satisfacer solo una necesidad espiritual, estética y personal. Pero la escena ha cambiado, dice Pacheco: En el medio ya se dieron cuenta de que en confecciones, artesanías y joyería la labor del diseñador es la clave en el valor agregado del producto.

PLATA FUTURA
Cuando comenzó en 1994, un consultor de joyería le dijo a Juan Pacheco que era imposible hacer joyas con plata pura. "Eso no existe", dijo. Es cierto, pero Pacheco le demostró que tejiendo hilos a crochet sí es posible. "Pude identificar un nicho y el crecimiento es sostenido". Juan Pacheco tiene un sueño. Espera que en diez años tejer joyas sea una actividad tan difundida como tejer chompas. "Es mejor que cada día aparezcan más tejedores", dice. Si uno pregunta cuál ha sido la pieza más costosa que ha exportado Escultórica, Pacheco dirá que fue un collar que costó 350 euros. Y agregará para que no quede duda: "Lo hice yo".



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