DE BRUJAS Y MAGOS. Aún frescos en la memoria colectiva, los casos de Elías Musiris y Myriam Fefer llamaron la atención por el ingrediente esotérico, mágico, que cada uno incluía y que los hacía comparables con una historia de Edgar A. Poe. El poder y la magia caminan de la mano.
Por Por Ricardo León
"Ábrete bien de piernas y frótate", le ordena la bruja a Gladys Simón quien, obediente, se soba con fuerza el calzón negro a la altura de la vagina con una foto que no se distingue bien en el video; en el piso, periódicos abiertos. La bruja solo mira y dirige a Simón que grita como posesa :"Fuera, carajo, de mi vida". Pero la sesión recién alcanza la categoría de escalofriante cuando bruja y cliente repiten, una después de la otra: "Es una sinvergüenza y tiene mi plata, estamos botando a Estrella Aguad, es una sinvergüenza y tiene mi plata, estamos botando a Estrella Aguad...". En las manos de Gladys Simón, dos palos que chocan entre sí....
En 1989, en un coloquio sobre la magia y los ritos populares, Gabriel García Márquez dijo como quien no quiere la cosa algo que es tan cierto como desconcertante: "Casi todos los latinoamericanos están hechizados o son objeto de hechicerías". En su Colombia natal se han organizado congresos mundiales de brujería, allá la magia es algo común.
Aquí también. Pero los casos conocidos de ceremonias esotéricas nunca llaman tanto la atención como cuando incluyen rituales de magia negra, nunca llaman tanto la atención como cuando involucran a 'gente de bien', nunca llaman tanto la atención como cuando el supuesto móvil se contabiliza en dólares. Tres ingredientes de lo más sórdidos que reúne el caso de Elías Musiris Chahín, el famoso empresario que un mal día de 1996 quedó encerrado dentro de su propio cuerpo por una enfermedad muy poco común --esclerosis amiotrófica lateral--, que para los médicos tiene un origen neurológico pero que para el terco imaginario popular empieza en esa sesión en la que Gladys Simón, su cuñada (¿estaba enamorada de él?, ¿envidiaba de su felicidad?, ¿quería su dinero?, pregunta el morboso de a pie), le hizo un 'daño' a través de una sesión de magia negra.
Una bruja, Eva Egúsquiza, confesó a Estrella Aguad, la segunda esposa de Musiris, haber preparado pócimas para su marido. Una segunda bruja es la que aparece en el video con Gladys Simón y fue la que le dio la cinta a Aguad, quien tiempo después la difundió en un programa de televisión. No solo la colonia árabe se escandalizó: una ciudad chismosa como Lima no dejó de mencionar, en todos los niveles lingüísticos que el español permite, que una 'pituca' le había hecho brujería a un 'billetón'. Cosas así han sucedido antes; García Márquez sabe lo que dice.
Por otro lado, hasta en las mejores familias pasa, ¿no?
'La bruja de San Isidro'. Así la llaman en la Dirección de Criminalística de la Policía. Myriam Fefer fue asesinada en su habitación en la madrugada del 15 de agosto. Aún no se sabe quién lo hizo aunque se sospecha que fue alguien de su entorno; pero ya casi no se habla del crimen. De lo que se habla, sí, es de la afición de la acaudalada empresaria por los rituales esotéricos: en una habitación de su casa se encontró un altar con espadas, imágenes y toda la parafernalia de un ritual mágico, además de una foto del abogado Pinkas Flint. Una persona culta, acomodada, de esa clase alta limeña tan particular, envuelta en asuntos de brujos y curanderos y asesinada por alguien cercano a ella; hay que reconocer que es una historia con ingredientes morbosos. Semanas después del crimen, una columna de un diario popular sazonaba el asunto con aquel lenguaje que tan bien maneja la prensa chicha y con una frase incluso despechada: "Los ricos también lloran".
A un psiquiatra como Max Silva Tuesta estos casos no lo sorprenden y no tanto por su escepticismo a prueba de brujas, sino porque él vivió en la montaña (Lamas, San Martín) y allá eso es tan común como para un limeño tener una imagen del Señor de los Milagros. Un día a su padre, que era policía, le hicieron un 'daño', fue víctima de la magia negra. "Mi padre buscó al brujo y allí mismo deshizo el embrujo". Le hizo comer heces fecales y con eso el 'daño' se quebró.
Silva conoció más tarde el mundo de los brujos desde un ángulo académico. Siendo discípulo de Carlos Alberto Seguín (en el 2007, por cierto, se celebrará el centenario de su nacimiento), analizó el fenómeno de los curanderos en Lima y se hizo pasar como cliente ante 40 de ellos. En la casa de una bruja en Pueblo Libre había una lista de las personalidades que habían acudido a 'limpiarse', y ahí Silva leyó los nombres de Víctor Raúl Haya de la Torre y del que fuera cardenal Juan Landázuri. Uno representaba al poder político y el otro al poder religioso (aunque la bruja podía haber puesto esos nombres por una cuestión de márketing).
Poder y miedo, miedo y magia, poder y magia. No es un juego de palabras, sino una relación tripartita directamente proporcional, advierte Silva. "Todos necesitan a alguien todopoderoso, hay una especie de miedo común y corriente. Pero el que más poder ostenta, más miedo tiene. El poderoso teme perder su poder, teme que lo traicionen". Por eso el del brujo es uno de los más antiguos oficios --"Quizá más antiguo que la prostitución", diría el psiquiatra-- y por eso hay quienes recurren al psiquiatra y también a un brujo , por si acaso.
Eduardo Bernal, miembro de la Asociación Psiquiátrica Peruana, estudió a los curanderos de Salas (Lambayeque) y vivió allí durante un año; sabe cómo funciona este sistema y quiénes son los clientes. "No hay diferencias socioeconómicas, la única diferencia entre un cliente y otro es que el de clase alta acude a escondidas y en privado". Nadie va por la calle comentando su próxima visita al curandero porque sería asumir cierta debilidad. Agrega Bernal: "El brujo no da estatus; un psicoanalista sí".
La relación entre el poder y la magia tiene entre sus máximos exponentes de la era moderna a Rasputín, que con sus supuestos poderes proféticos se ganó la confianza y ejerció fuertes influencias en el poderoso zar Nicolás II de Rusia a principios del siglo XX. O el propio Hitler, cuyo poder interno era solo conocido por Erik Hanussen, considerado el mejor vidente de Berlín y que ejerció una influencia concreta en el 'Führer'. En el lado latinoamericano, uno de los más fervientes creyentes en los poderes ocultos fue José López Rega, algo más que la mano derecha de Juan Domingo Perón. López Rega se consideraba el otro yo esotérico de Perón y pensaba que el alma de Evita podía trasladarse a través de ciertos rituales al cuerpo de Isabel, la segunda esposa de Perón. A ese punto llegó su fanatismo. La periodista Viviana Gorbato decía que López Rega tenía su "gabinete del más allá", integrado por las videntes Aschira y Lilly Süllos y por Ilda Evelia, su bruja de cabecera.
En el Perú nunca faltaron los poderosos supersticiosos. Se sabe que Sánchez Cerro se leía las cartas todas las mañanas antes del desayuno. Fujimori también tenía su lado débil ante lo desconocido y ahí está aquella filmación subrepticia de una vidente extranjera advirtiéndolo de que algo malo pasaría y que mejor se fuera por unos días del país. 'Frejolito' Barrantes, por su parte, tenía plena fe en un tipo que curaba posando las manos. Y ahí está Eliane Karp, quien --se dice-- confiaba en lo que le decían los brujos cusqueños de Huasao.
Se llamaba Bernardo Villanueva Velásquez, pero era conocido como 'El Chunganero Andino'. Frío como él solo, en una entrevista que concedió hace unos 20 años explicó cómo funciona la cosa: Él se consideraba un brujo blanco (seguidor de San Cipriano, patrono de los curanderos), pero comentaba que, si la paga era buena, "invoco al demonio para 'voltear' al enemigo". Decía que un brujo para hacer magia blanca debía haber conocido antes la magia negra, debía haber sido un 'malero'. Él era de Huancabamba, tierra de curanderos. Le llamaban 'El Sicario del Diablo'.
Coty Zapata es bruja blanca y una voz autorizada para confirmar que no hay distinciones para creer en 'algo más'. "Todos, hasta los más poderosos creen; siempre hay un brujito por ahí". La diferencia está en la orientación del brujo y del cliente. "La magia negra persigue objetivos yendo contra las reglas y contra la voluntad de las personas. Un amarre es también magia negra". Implica actuar de mala fe: consiste en desordenar las 'cuentas' de una persona (en el argot chamánico quiere decir desarreglar el ritmo de los acontecimientos en esa persona, provocarle un cortocircuito). Pero es peligroso: en el mundo mágico, el cliente que paga a un 'malero' por un 'daño' contra un tercero recibe un castigo equivalente por parte de los ancestros de ese tercero afectado. "Se vive --explica Coty-- en un estado de paranoia, de sentimiento de culpa y aparecen alteraciones psicológicas". Uno se mete más y más en los dominios del 'malero' para protegerse, si cabe el término. "Esa persona nunca duerme en paz".
En 1982 el famoso brujo Eduardo Calderón Palomino, conocido como 'el Tuno', hizo gala de su capacidad interpretativa y explicó el fenómeno: "Esto de la magia blanca y la magia negra es como jugar: si me sacan papel, yo saco tijera. Es un juego de simbolismos". En aquellos días Perú y Camerún se alistaban para enfrentarse en el Mundial de Fútbol en España. Los brujos de uno y otro país jugaban su partido aparte.