Lunes, 26 de marzo de 2007
El compositor oculto


HOMENAJE. Celso Garrido Lecca, el compositor clásico vivo más importante del Perú, cumple 80 años. Y en su honor se ha organizado el Cuarto Festival Internacional de Música Clásica Contemporánea de Lima en el Centro Cultural de España. Su obra ha mezclado lo culto y lo popular.

Por Miguel Ángel Cárdenas M.

Lo que hace no es música culta, sino oculta, dice sin sombras. Casi un extraño en su propia tierra, y sin vocación de profeta, las composiciones de Celso Garrido Lecca han sido ejecutadas por las grandes orquestas latinoamericanas, españolas, europeas y hasta japonesas. Solo el año pasado su obra se tocó con éxito en Caracas, Bogotá, Santiago de Chile, Buenos Aires y Sao Paulo. ¿Y en el Perú? Las sombras.

Usted nació en Piura, ¿cómo llega de niño a la música: por el lado materno o el paterno?
A través de mi madre, quien como todas estas señoras provincianas tenía una educación limitada, pero les enseñaban a que tocaran piano. Y yo de niño la escuchaba, me metía debajo de un piano de cola para escuchar mejor el sonido, tendría 3 o 4 años. Me acuerdo de un estudio de Liszt, no sé cómo lo tocaría, pero me gustaba mucho y le pedía que lo repitiera.

¿Su padre tenía contacto con la música? ¿Aqué se dedicaba él?
No, era un hombre dedicado a la agricultura, que tenía una hacienda con un tío.

Se lo preguntaba porque las influencias paternas son decisivas. Dicen los psicólogos que la madre está vinculada más a los afectos. Si le vino la música por ese lado...
Sin duda, siempre mantuve mayor contacto con mi madre que con mi padre, quizá por esta sensibilidad, sin dejar de señalar que mi padre era un hombre sensible.

¿Su madre llegó a escuchar sus composiciones? ¿Las tocó alguna vez?
Sí, las escuchó, pero nosotros fuimos siete hermanos, qué iba a estar ocupándose de la música, la dejó. Yo fui el mayor, pero a los 11 salí de Piura, aunque ese paisaje piurano me quedó muy grabado, el arenal, todos los veranos nos íbamos a Paita, me ponía los zapatos de vez en cuando.

Y debió ser traumático venirse a Lima.
Fue muy trágico, porque me alejaba de todo, del medio, de mis amigos, de mis parientes. Me vine a la casa de unas tías, esas antiguas de la plaza Bolognesi, a estudiar en el colegio La Inmaculada.

¿Fue en ese colegio que empezó su formación musical?
Un hecho decisivo fue encontrarme en mi clase con otro músico, Enrique Pinilla, que tenía una discoteca formidable para esa época en Lima. Estoy hablando de esos discos de 78, en esas grandes vitrolas que se hacían a cuerdas, inclusive se preocupaba de buscar púas de cactus y las ponía como aguja y sonaba perfecto.

Pero supe que su padre quería que fuera químico industrial.
Él lo que quería era que no me muriera de hambre. Cuando le dije que quería ser músico, me dijo que estaba loco, pero no fue como otros padres que niegan todo, me dijo 'allá tú'. Era pragmático. Yo ya había estado estudiando piano desde los 14 años justamente por este encuentro con Enrique Pinilla.

Y fue de la primera promoción del conservatorio...
Fui de la primera de la carrera de Composición que fuimos tres: Enrique Iturriaga, Rosa Alarco y yo.

Y empezó teniendo mucha simpatía por las vanguardias europeas.
Terminada la Segunda Guerra Mundial hay una apertura en Latinoamérica y un contacto con las fuentes europeas. Yo estuve muy vinculado a un grupo de arquitectos en esta época, creamos la agrupación Espacio; que fue como un abrir la ventana para que entrara un aire renovador. En el grupo estaban Fernando de Szyszlo, Javier Sologuren, Sebastián Salazar Bondy. Yo tenía un estudio en la última casa de la Bajada de los Baños en Barranco y construí un pequeño teatro abierto, donde los veranos hacíamos conciertos de música contemporánea.

Entonces viaja a Chile en 1950 y cambia su visión de las cosas...
Allí inicié mi cambio estético al buscar obras más de acuerdo con nuestro tiempo. La década del 60 fue quizá la más fructífera, en ese momento escribíamos una obra y se tocaba en poco tiempo. Yo componía para el teatro experimental.

Era una época en que estallaban las ideas de cambio social y usted se comprometió con las ideas socialistas.
Sí, porque era una época en que toda Latinoamérica estaba comprometida... La revolución cubana marcó en 1959 un hito dentro de este proceso cultural. Y se produjo eso que se llamó la nueva canción latinoamericana, que tenía esta intención de arraigarse en nuestra idiosincrasia, lo que éramos en ese momento. Era un movimiento social que vinculaba todo, el arte con este pensamiento renovador, político, era el cambio que quería experimentar el mundo en ese momento.

¿Y usted trabajó con Víctor Jara, con Violeta Parra?
Trabajé con Víctor primero en el teatro, él era director, yo hice la música incidental para una obra que dirigió él, "Antígona" de Sófocles. Posteriormente comenzó a hacer canciones, debe haber hecho las primeras el año 62, 63. Conocí a Violeta, pero no fui su amigo, más bien con su hija Isabel sí tuvimos proyectos comunes y después los tuve con los conjuntos que comenzaban a salir, el Quilapayún, pero fundamentalmente con Intillimani, con quienes pensamos hacer un ballet grande, pero se truncó por el golpe militar.

Era una época convulsionada, con la asunción de Salvador Allende. Era el primer gobierno socialista de América Latina elegido por vía democrática, y se desató una crisis con el sabotaje de la CIA...
Fue una época con mucha carga emocional, de vivencias, sobre todo en esos tres años desde 1970. Uno trabajaba para este ideal en el campo en que estuviera, había trabajo voluntario porque había un boicot de los grandes empresarios para la entrada de alimentos a Santiago. Yo cargaba sacos de cebollas, era un momento especial de compromiso que nunca se ha dado ni se va a dar.

Con aciertos pero con muchos errores ¿Cuál fue el peor error?
El caos ideológico de las izquierdas en el que todos querían tener la razón, a pesar de que el partido se llamaba Unidad Popular.

¿Cómo vivió el golpe militar, cuando muere Allende en su martirio y comienzan las persecuciones, torturas y asesinatos?
La represión fue feroz... Jorge Peña, un amigo músico en La Serena, había estado en La Habana con un coro de niños. Entonces llegó y fue fatal, lo acusaron y fusilaron. Asesinaron a Víctor Jara y tuve que esconderme porque no sabía qué podía pasar. Con el apoyo de la Embajada de Perú, salí de Chile.

Y regresa al Perú tras 23 años.
Vine casi como extranjero, ingreso como director al Conservatorio Nacional de Música y se me ocurre, siguiendo la experiencia chilena, hacer el taller de la canción popular. Hicimos un conjunto, Tiempo Nuevo, por impulso del propio gobierno. Después siguieron su propio camino y me dediqué a un taller interior del conservatorio para formar diferentes grupos y darles una alfabetización musical, yo seguí con ellos hasta el año 81, hice otras labores en el INC y a la par seguía mi parte de compositor.

En ese tiempo fue experimentando con instrumentos peruanos.
Yo venía con ese bagaje anterior, con los grupos de canción nueva chilena, y lo vinculé con la tradición musical peruana, e introdujimos las características del charango, la quena, la zampoña. Fue valioso reencontrarme con mis raíces, con aspectos melódicos, rítmicos nuestros, que después me inspiraron para escribir música que está dentro del plano de conciertos.

En los años 90 sucedió su detención injusta, involucrado y mostrado en televisión junto a Abimael Guzmán.
De ese punto di la vuelta a la página, no hablo nunca más.

En una reciente entrevista su ex pareja Patricia Awapara, también detenida injustamente, se decidió a contar...
Bueno, ella puede contar su experiencia, pero yo no voy a hablar de eso. Fue algo desagradable, amargo, que pasó como tantas cosas en la vida.

¿Pero la ha pasado con perdón o con rabia?
En este momento me es absolutamente indiferente.

¿Es como si lo hubiera erradicado de su memoria?
Absolutamente, 'out', como dicen en inglés, fue una época convulsionada en el Perú para todos. Pero toda esta época última, desde el gobierno último de Belaunde hasta nuestros días, el Perú se ha ido por una pendiente no productiva en el aspecto de la cultura, bastante negativa. Hay muchas explicaciones que se pueden dar, el crecimiento poblacional, la poca incorporación de esta población a los medios culturales, la decadencia de la educación escolar, los cambios continuos de ir adelante y volver para atrás, no hay una visión clara de futuro.

En el sentido ideológico, usted creyó como su gran amigo, Fernando de Szyszlo, en los valores socialistas, pero él se volvió liberal. ¿Cómo evolucionó su pensamiento?
Yo permanecí fiel a cierta visión política de izquierda. Pero ahora ya no se puede hablar de izquierdas y derechas, estamos en otro plano más que nada del pragmatismo absoluto, de la inmediatez permanente.

¿Usted es pesimista con el futuro del país?
Soy un escéptico ahora, pero podría ser hasta optimista porque creo que el Perú va a evolucionar dentro de 300 años.

¿Cómo se ve la muerte a los 80 años? Dicen que el arte es una forma de inmortalidad, de perdurar en el tiempo.
Veo la muerte como un proceso que tiene que ser, natural, así como nací tengo que morir... Pienso que si has hecho una labor, perdura tu memoria solo por un tiempo.

Es usted un fatalista.
Si quieres decirlo así, pero quién se acuerda de un gran poeta como Martín Adán.

Usted tiene una obra monumental, "El movimiento y el sueño". Y nunca la ha montado.
Ni se va a montar, fue un sueño y uno tiene derecho como artista a soñar, crear una obra fuera de las dimensiones por lo menos de nuestros países. En Europa, en Estados Unidos se podría hacer, pero aquí no.

¿Pero no tiene el sueño siquiera?
El sueño sí . Claro, ¿por qué no hacerla, no? Mire, entonces soy un idealista, no un fatalista.

La ficha
Nombre
: Celso Garrido Lecca Seminario.
Edad: 80 años.
Trayectoria: En 1982 recibió la condecoración de la Orden del Mérito Civil en el Grado de Comendador del Gobierno Español. En 1983 su composición "Retablos sifónicos" recibió el premio a la mejor obra sinfónica, otorgado por el Patronato Popular y Porvenir Pro Música Clásica. En 1997 el Gobierno de Chile le otorgó la Orden Bernardo O'Higgins en el Grado de Oficial. En el 2000 ganó el premio Tomás Luis de Victoria, considerado "el Cervantes de la música clásica".





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