Domingo, 11 de febrero de 2007
Con delirio de persecución


Crónica 4 PRESIDENTES Y EX PRESIDENTES
La relación entre los gobernantes y sus predecesores suele derivar en un rápido conflicto: Nadie quiere ser investigado cuando se va y todos quieren investigar apenas llegan



Por Renato Cisneros

Como en un diminuto y aburrido tiovivo en el que el elefante persigue al caballo, el caballo al tiburón y el tiburón al elefante, así también nuestros últimos presidentes y ex presidentes han planteado la tensa dinámica de sus relaciones. Activados por un gen que combina a partes dispares justicia con revancha, han tomado la costumbre de alinearse en un peligroso carrusel, en el que se acechan unos a otros y se muerden grotescamente la cola.

El juego consiste en una suerte de hostigamiento infructuoso que muy pocas veces se materializa, y que recibe distintos nombres según la posición de quien lo practique: los perseguidores le dicen proceso de fiscalización; los perseguidos prefieren llamarlo cacería de brujas.

A pesar de que esta crónica solo se detiene en la actuación de los mandatarios y ex mandatarios de las décadas recientes, hay razones para pensar que el patrón persecutorio se fundó mucho antes.

Enrique Bernales, reconocido jurista y analista político, entiende que en los primeros cincuenta años de la república --tiempos de caudillos y anarquía-- hubo comportamientos igualmente desleales: "Los presidentes se sucedían unos a otros, sin que ninguno terminara su mandato, y eso creó un estilo de prácticas muy egocéntricas. El político se percibía a sí mismo como lo mejor y a su adversario como lo peor y tenía que combatirlo. Ese rasgo ha quedado".

Para Bernales, el único período en que hubo respeto por la continuidad de un mismo tipo de gobierno fue el de inicios del siglo XX (bautizado por Jorge Basadre república aristocrática).

Desde entonces se han sucedido democracias precarias, dictaduras y persecuciones. "Eso ha creado una línea de comportamiento que no parece haber sido plenamente superada", afirma.

LA LAMPA LIMPIA
Fernando Belaunde conspira contra la tesis de este texto. Él fue un ave rara que no necesitó perseguir ni dio motivos para ser acusado. Hay una anécdota famosa que ilustra la manera en que se comportó con la cúpula militar que le dio el golpe y lo desalojó de Palacio durante su primer gobierno.

La noche del 3 de octubre de 1968, el recordado general Rafael Hoyos Rubio --entonces coronel, al mando de las Fuerzas Especiales-- participó en el derrocamiento del arquitecto. Años más tarde, en 1980, con Belaunde sentado nuevamente en el sillón presidencial, Hoyos Rubio postuló a la Comandancia General del Ejército. Con el antecedente de su intervención en el golpe, estaba seguro de que su ascenso era imposible. Sin embargo, Belaunde, enemigo de las represalias, lo nombró.

"Mi padre pensaba que Belaunde lo iba a mandar a su casa, retirado, y se llevó una sorpresa cuando le dijo que quería que fuera comandante general. Nunca fueron amigos, pero sí tuvieron una relación de mucha lealtad", recuerda su hijo, el general Rafael Hoyos de Vinatea.

Tampoco durante su segundo mandato Belaunde inició proceso de investigación alguno contra los miembros del gobierno militar de Francisco Morales Bermúdez. Como bien precisa el ex senador de AP Gastón Acurio Velarde: "A Morales Bermúdez se le reconoció el haberse diferenciado notoriamente de (Juan) Velasco Alvarado".

AMIGOS DE MENTIRA
Cuando Alan García se calzó la banda en 1985 jamás se puso en plan de incomodar a Belaunde. La admiración que sentía por él, amén, obvio, del impecable récord ético del fundador de AP, fueron razones suficientes para evitar asperezas.

"Con Belaunde hubo una estupenda relación humana y respetuosa. Alan se reunía con él siempre y mantuvo la cercanía antes y después del ejercicio del cargo", opina Luis Gonzales Posada, actual congresista aprista.

Todo lo contrario ocurrió con Alberto Fujimori. Tras un período de encantamiento mutuo, la magia acabaría rompiéndose. En 1990, apristas y fujimoristas se unieron para desplazar a Vargas Llosa y permitir el desconcertante debut palaciego del 'Chino'.

La empatía se mantendría después: antes de la transmisión de mando, García condecoró a Fujimori nada menos que con la Orden del Mérito y la Orden El Sol del Perú. Y no solo eso: cuando en el Congreso Fernando Olivera chillaba día y noche para que se inicien procesos contra Alan, los fujimoristas votaban disciplinadamente en contra.

Sin embargo, tras el golpe de 1992, la química (palabra favorita de Alan) se terminó por disolver (término predilecto de 'Fuji'). El régimen mandó capturar a García, que acabó guarecido en Colombia tras escapar de una feroz emboscada del Ejército.

"Alan intentó tender puentes de concertación, pero la relación colapsó a partir de 1992", asegura Gonzales Posada.

Ya en el CCD (con insistencia del FIM e IU, hay que decirlo, aunque con la anuencia del fujimorismo más radical) se promovieron investigaciones y sobraron acusaciones constitucionales contra García. Incluso se promulgó, en la segunda mitad de los años 90, la famosa Ley del Reo Contumaz, que para muchos llevaba nombre propio.

Enrique Bernales dice que esa ley "fue una escandalosa persecución, pero en una dictadura como esa el respeto a los derechos de la persona es secundario".

La ex legisladora fujimorista Luz Salgado recuerda ese capítulo de otra manera. "Esa ley tuvo consenso y hasta hoy es válida jurídicamente. Pero no hubo más de tres investigaciones contra Alan García y en el Poder Judicial prescribieron por tiempo".

LA HORA DE TOLEDO
El paso de Paniagua y de Toledo por el gobierno significó para los fujimoristas la época más dura de soportar. Aunque en este caso vale aclarar que las pesquisas estuvieron plenamente justificadas (las evidencias eran incontables), las huestes del prófugo ex presidente siguen heridas por lo que --según ellos-- fue una dolosa e indiscriminada cacería.

"Tanto Paniagua como Toledo, cada uno en su estilo, tomaron conciencia de que el país no podía mirar para otro lado cuando era tan escandalosa la corrupción. Había que investigar a los artífices de eso que se llamó cleptocracia. No olvidemos que se logró recuperar más de 200 millones de dólares que le sustrajeron al Estado", reseña Bernales.

En todo caso, la red antico-rrupción y la captura de Vladimiro Montesinos fueron la defensa lógica del Estado tras ese terremoto ético y político que nos dejó moralmente damnificados.

NO TE ME ESCAPES
El toledista Marcial Ayaipoma, ex titular del Poder Legislativo, ve con desconfianza la actitud del Apra para con Toledo, su líder partidario. Y no solo por la polémica reciente acusación promovida por el aprista Javier Velásquez Quesquén, sino por otra serie de indicios.

"A los tres meses de salir, Toledo ya tenía 16 acusaciones, entre las del Congreso y las del Poder Judicial. Hay un cargamontón, un huaico y mucho más escándalo que con Fujimori", se lamentó en el teléfono.

No dudamos de la seriedad del reproche que lanza Ayaipoma, pero en el fondo su queja asemeja ser parte del repetido estribillo que antes ya tararearon fujimoristas y apristas.

La misma sufrida balada del perseguido que venimos oyendo desde hace veinte años y cuya melodía (¡cuidado!) se ajusta a toda las cuerdas vocales.

REACCIONES
GASTÓN ACURIO VELARDE
EX SENADOR (acción popular)

Nunca hubo un deseo de investigación o acoso de parte del gobierno de Belaunde hacia la gestión del general Morales Bermúdez. Al contrario, hubo un reconocimiento a la manera en que él gobernó".MARCIAL AYAIPOMA
EX CONGRESISTA (Perú Posible)
Los toledistas nunca iniciamos una persecución. La fiscalización a Fujimori estuvo en manos del Apra, no de Perú Posible ni del FIM. Ahora, en cambio, hay un seguimiento".

LUZ SALGADO
EX CONGRESISTA (Cambio 90)
"No hubo persecución del fujimorismo contra el Apra, pero Toledo sí desató una marcada persecución contra el fujimorismo: a Martha Chávez, a Carmen Lozada y a mí nos sacaron del Congreso".

LUIS GONZÁLES POSADA
CONGRESISTA (APRA)
"Sí hubo hostilidad contra Alan García de parte de Alberto Fujimori. No hay nada más antidemocrático y perverso que utilizar el poder para perseguir a alguien".

Más información:
4 
Del consultor: El adanismo gubernamental





¿Considera que el diálogo entre el Ejecutivo y los líderes de la oposición facilitará la reforma del Estado?
4 Deje su mensaje


Copyright Empresa Editora El Comercio S.A.
Derechos reservados
Contáctenos

Edición impresa