Practique ejercicios moderados con buena alimentación

Cuidado con la vigorexia o adicción al gimnasio

Quienes la sufren consumen en exceso proteínas y fármacos para los músculos. Se requiere ayuda de los especialistas en patologías de índole alimentaria

Por Sonia Ramos

¿Luce de maravilla, pero se siente flaco y se avergüenza de su cuerpo? ¿Prefiere ir al gimnasio en vez de ver a sus amigos y se siente mal cuando no hace ejercicios?

Tenga cuidado si tiene o conoce a alguien que pasa por estas realidades, pues puede que sufra de vigorexia, un trastorno alimenticio que puede traerle serias repercusiones físicas y psicológicas.

Sus signos visibles, de acuerdo con los especialistas, son: mucha preocupación por la figura (pendiente de la balanza), autoimagen distorsionada (poco atractivos para el sexo opuesto, se ven débiles y muy flacos), baja autoestima, introversión, tendencia a automedicarse anabólicos y depresión.

"Los enfermos de vigorexia no aceptan su condición de enfermos bajo ningún término. Ellos suelen justificar sus extenuantes rutinas de ejercicio y su ingesta compulsiva de proteínas y anabólicos, diciendo que es por el bien de su salud", afirma la psicóloga Diana Pacheco Ponce del Centro Abint (anorexiaybulimia.org) especializado en combatir patologías alimentarias.

COMPLEJO DE ADONIS
La doctora Pacheco menciona que puede haber cambios en la personalidad del enfermo, pérdida de interés por los placeres naturales y dejar de lado las actividades programadas.

Ello --añade-- con la única finalidad de dedicar más horas al ejercicio, actitud que puede traerle serios problemas familiares y laborales.

En el proceso de la enfermedad, hay un peligroso cambio en la dieta en el que la persona con el problema de vigorexia consume demasiadas proteínas, para luego buscar casi con obsesión fármacos que ayuden a potenciar la musculatura, lo cual puede convertirse en una adicción.

"Físicamente va a haber una descompensación hormonal que puede afectar su rendimiento sexual; en el caso de las mujeres, puede llegar a desaparecer el flujo menstrual. También se está propenso a enfermedades renales y cardíacas, con riesgo de infarto".

¿CÓMO AYUDARLO?
Quien sufre de vigorexia no va a querer ayuda profesional porque estas enfermedades van de la mano con una falta de conciencia de la enfermedad y desmotivación por el tratamiento, sin embargo es muy importante que la familia o los amigos lo lleven a un especialista en patologías alimentarías.

Las terapias en patologías alimentarias que se pueden brindar a las personas que sufren este mal van de acuerdo con los casos de cada paciente.

EN PUNTOS
Otros desórdenes alimenticios
Bulimia: Quienes padecen este mal sufren preocupación constante por la comida, (hablan muy seguido sobre su peso, las calorías y la comida), compulsión al comer (a veces comen a escondidas), miedo a engordar, inasistencia a reuniones por miedo a comer, idas al baño después de comer, uso de medicamentos para adelgazar, dietas rigurosas, abuso de edulcorantes (conducta adictiva), engrosamiento de las glándulas del cuello, pequeñas roturas vasculares en mejillas y debajo de los ojos, garganta irritada, fatiga y dolores musculares, inexplicable pérdida de piezas dentales, oscilaciones en el peso.

Anorexia: Los que sufren esta enfermedad hacen dietas severas, comen muy poco (conducta alimentaria restrictiva), rituales con la comida, conteo de calorías de los alimentos, terror a engordar, mantienen su peso debajo de los valores normales, temor a verse obligados a comer en reuniones o fiestas, hiperactividad, exceso de gimnasia o deportes, esconden el cuerpo con ropa muy holgada, negativa a usar ropa de baño, 'atracones' de comida, uso de diuréticos o laxantes para eliminar lo ingerido, abuso de edulcorantes, falta de menstruación sin causa fisiológica conocida, palidez excesiva.