Por Renato Cisneros
Volver al torneo local luego de ver la Copa América es como regresar al país después de viajar por el extranjero. Uno baja del avión con una babosa mezcla de nostalgia y decepción: nostalgia por el entrañable lugar que se ha abandonado y decepción porque, de pronto, todo lo local resulta malo y cochino. Hace un par de semanas nomás hablábamos de Robinho, Riquelme, Forlán y esperábamos las finales de la Copa América. Ahora, mimetizados otra vez con el bizarro Descentralizado, volvemos a barajar apellidos tan continentalmente intrascendentes como, no sé, Fano, Viza o Torres. Si es verdad que el hombre es un animal de costumbres, entonces el hincha del fútbol es un animalazo, porque se acomoda a las coyunturas con extrema facilidad. De lo que he visto hasta ahora me parece innegable que los animadores del torneo siguen siendo dos extranjeros con anatomía de padres de familia: Candelo y Montaño. Los dos colombianos. Los dos volantes. Los dos con biotipo de jubilados. Lo otro que me ha sorprendido son los entrenadores de Alianza y de la 'U'. ¿Alguien sabe quiénes son? Hay que buscarlos en Google para conocer sus méritos, porque --hasta donde sé-- ambos sobreviven de éxitos lejanos que nadie, salvo ellos, podrían reconstruir. El de los íntimos, por lo menos, sí tiene facha de técnico; el de los cremas, en cambio, parece más un abuelito que ya no está para las taquicardias de un campeonato. Ojalá que los dos me callen la boca.