El Jaguar dicta un taller de actuación
Por Ricardo León
Malicia en el país de las maravillas. El perfecto malvado en el ecosistema actoral peruano usa pijama blanca, pinta con crayolas en un afán básicamente recreativo y es un tipo al que le gusta conversar, le gusta el lenguaje gestual, le gusta que lo escuchen y cuando menos lo esperas salta de su silla y te acecha con su cara de qué me miras y te ataca con una pregunta categórica: ¿Qué es el mal? Y otra capciosa: ¿Por qué los personajes malvados siempre tenemos mala puntería?
El tiempo es oro y también es humo: durante la entrevista solo se discute la primera pregunta; encontrar la respuesta de la segunda sería un ejercicio de ambición, casi un tiro al aire.
En su departamento vacío ante una inminente mudanza, todavía no sé sabe a dónde, solo se escucha a Joaquín Sabina --y morirme contigo si me matas, y matarme contigo si te mueres...-- y a Margarita, la pequeña de año y medio y ojos de búho, única autorizada a interrumpir una conversación que tiene la virtud de irse docenas de veces por las ramas, pero que aterriza siempre y por su propio peso en la vida detrás de cámaras de su padre, Juan Manuel Ochoa (a) El Jaguar.
--¿Existe el mal por sí mismo?
--Mejor yo te pregunto a ti: ¿Cómo diablos avanza la vida si no hay antagonismo, si no hay vida y muerte, si no hay días y noches, si no hay blanco y negro? El blanco puede descomponerse en su espectro de siete colores, pero al negro no puedes descomponerlo, el negro es absoluto, como el mal.
--¿Y cuál sería un personaje verdaderamente malvado?
--Alex DeLarge en "La naranja mecánica", o Hannibal Lecter en "El silencio de los inocentes". Ese tipo... ¿Sabes qué?... ¿Qué le puede dar miedo a un malvado?
--Un malvado más malo.
--¡Uno biológicamente malo! Uno que es tan malo que no sabe que lo es. La maldad es muerte, es destrucción, los motivos ya no importan. ¿Sabes por qué te mato? Porque me quiero comer tu lóbulo frontal derecho, porque tengo una receta exquisita y te elegí por tu olor... ¡qué miedo! ¿Es malo ese señor o es simplemente un depredador? ¿Es malo? Para él no, pero para ti sí. Es el cuco, es el diablo. Es más, si te portas mal te mando donde el cuco para que te coma. Es como la Caperucita cuando regresa del bosque y le preguntan: "Caperucita, ¿cómo te fue?". Y ella responde: "Cuál Caperucita, oye: soy la señora de Feroz". Eso se llama perversidad...
El genio malvado. Sabina está por acabarse. Ochoa no sabía o no se acordaba que él y Serrat van a tocar en Lima. Se acomoda en su silla, que puede ser roja o naranja, toma una guitarra imaginaria con diez dedos de furia y canta más para sí mismo que para el exterior: Mi primo el Nano / que no me toca nada y es mi hermano. / Harto ya de estar harto de las fronteras / va pidiendo escaleras para subir / de tu falda a tu blusa, toca madera: / tendría que estar prohibido un fulano así...
Tendrían que estar prohibidos tipos como El Mesías. Cuando Aldo Miyashiro le entregó el guion para la nueva temporada de "La Gran Sangre" --actualmente está grabándose-- le dijo que su personaje era una mezcla más o menos anárquica de Osama Bin Laden, Hugo Chávez y el Guasón: un tipo megalómano, culto, inteligente, rapaz, todopoderoso, un loco absoluto que se hace llamar El Mesías. Juan Manuel tenía que inventarle un pasado al personaje: una vida.
Este es un tipo, miembro de una quinta generación de europeos instalados en el Perú y dueños de una fábrica textil. El padre de este sujeto, por ser honesto, pierde la empresa y todo se va a la quiebra, el trabajo, la familia. El tipo se refugia en una propiedad que la Sunat no puede embargar, deprimido, destrozado; un día abre unos cajones y encuentra unos títulos de propiedad. Cobra su parte, juega en la bolsa, quinientos mil dólares, un millón, cinco millones de dólares, bendita bolsa. Como "La Gran Sangre" es un cómic que todo lo permite (ergo, en la creación del pasado de sus personajes todo vale), este diseña un sistema en el que cada transacción bursátil que se realice en el mundo le dejará a él un dólar en su cuenta. Nunca le faltará dinero, pero él es megalómano, más que dinero lo que quiere es poder. PODER. Entonces se convierte en El Mesías.
--¿Alguna vez te molestó sentirte encasillado en papeles de malo?
--A mí me 'chantaron' todos los malos importantes, era el malo por antonomasia. Al comienzo me resentí, hasta que un amigo y ex alumno mío me dijo: "Oye, piensa: ¿De cien actores que hay, cuántos tienen un nombre, a cuántos se les recuerda por algo que hayan hecho? Tú la hiciste y en primera, ¿y te resientes por eso? ¡Especialízate!". Y era verdad, pues.
--Lo asimilaste.
--Tengo método, tengo información, tengo cultura, tengo talento, tengo oficio, tengo todo y por eso puedo crearte el pasado de un personaje como El Mesías.
--Pocos te imaginan haciendo un papel que no sea antagónico.
--Sí, pues, y todavía me decían "claro, con ese cacharro qué otro papel te van a dar".
--¿Y te incomoda que en la calle te llamen El Jaguar, como en "La ciudad y los perros"?
--La verdad, con El Jaguar la 'chunté', era mi personaje, yo soy El Jaguar. Cuando hice "La ciudad y los perros" jamás se me ocurrió, ni en mi sueño más avezado y loco, que 22 años después yo saldría a la calle y me dirían "habla, Jaguar". La 'chunté', nada más. Además, yo estudié en el Leoncio Prado.
--¿Y te animó la vida militar?
--Es importante, te marca, te forma. Yo quería ser marino. En verdad yo quería ser pirata (otra vez Sabina): la del pirata cojo con pata de palo / con parche en el ojo, con cara de malo...
Oficio (o culto). Juan Manuel Ochoa pasea cualquier día por la calle y cruza un grifo y un grifero lo ve y él deja de ser Juan Manuel Ochoa y pasa a ser El Jaguar y desde lejos le mandan el saludito: "Jaguar, ya no estás trabajando, ya no se te ve, la última vez que te vi fue cuando te ampayó Magaly".
Y otro día cualquiera, pero en una conferencia de prensa, un periodista acucioso le dice que por fin reapareció en la escena artística. Ochoa no ha dejado de trabajar, que lo sepa el grifero y que lo sepa el periodista. En el teatro, en sus clases, en cortometrajes, él no ha dejado de actuar. Lo que pasa es que Ochoa no es farándula, Ochoa no pertenece al 'Chollywood' que regurgita con cada matrimonio de 'Brad Pitzza'.
--En algún momento la prensa se te prendió.
--Magaly me agarró en mis dos últimas caídas a la comisaría porque me agarraron, pues. Me tuve que comer días de comisaría. ¿A quién no le ha pasado eso? Si tú sales en Magaly nadie te llama, te congelas. ¿Esa situación tuya es noticia? Yo sé odiar, hermano, sé despreciar, y no sabes el profundo desprecio que me produce esa .
--¿Eres autodestructivo?
-- Ya no. Lo fui, pero de puro vengativo, hasta que me dejé de cosas.
-- Tú reconociste haber recaído en los vicios, haber estado internado y otra vez haber recaído. ¿Tocaste fondo alguna vez?
-- Claro que toqué fondo, y es bueno hacerlo. ¿Dónde queda el cielo si no sabes dónde queda el infierno? Hace 13 años que toqué fondo por última vez, estuve mal, fueron casi cuatro años de ostracismo absoluto, yo andaba por el piso, ni siquiera podía conseguir una erección, era un maestro virtuoso del onanismo. Hasta que encontré a una mujer (Chana, la mamá de la niña con ojos de búho, Margarita).
-- Nunca te quejas de no poder vivir siendo actor en el Perú.
--No, jamás. Soy tan soberbio que nunca he envidiado a nadie ni he querido ser más, mi parámetro soy yo, mi gloria y mi pena caminan conmigo, por eso soy malo...
--¿Juan Manuel Ochoa es malo?
-- (En voz baja) Oye, yo soy El Mesías, yo no me comparo...
SEPA MÁS
Hoy empieza Malvados, el taller de experimentación actoral a cargo del reconocido Juan Manuel Ochoa, dirigido a actores y actrices con cierta base profesional en el rubro. Va hasta el 18 de octubre en la sede de la Asociación de Artistas Aficionados AAA (Jirón Ica 323, Lima; teléfono: 428-0432).