Con la moral por los suelos, enfermo de gastritis y buscando un cirujano plástico, el jefe senderista del Huallaga se encuentra cercado y con un puñado de 45 terroristas para evitar su inminente caída.
Por Óscar Castilla C.
I
Desde hace algunos meses su estado de ánimo es inestable y depende, en demasía, de los extraños designios de las circunstancias. Ha dejado de jugar fútbol por el apremio de la fuga continua y ya no tiene tiempo para distraerse con alguna de sus películas, como lo hacía antes de que perdiera su colección de 50 DVD piratas durante la última incursión policial en su campamento. Ya no ordena ejecuciones y apenas puede cobrar cupos a lo largo y ancho del río Huallaga. Solo mantiene, a cuentagotas, una costumbre: leer a Mao Tse Tung.
Últimamente esta afición se ha convertido en su hábito más continuo, casi tanto como escapar de las casuchas que él mismo improvisa en la selva. Es discutido que entre las obras políticas o los poemas del líder comunista chino prefiera a estos últimos. No se puede debatir, sin embargo, la versión que revela su gusto por el poema "Retorno a las montañas Chingkang", escrito en 1965 por un otoñal y nostálgico Mao mientras recordaba los mejores años de su vida en combate.
Un gusto que la policía antiterrorista confirmó el 28 de noviembre del 2006 cuando descubrieron un campamento que 'Artemio' había abandonado en el sector de Valle Grande (a más de 30 kilómetros de Tingo María). Aquel día un efectivo levantó al azar una hoja de cuaderno, de entre los papeles desperdigados, y leyó un fragmento del poema: "Vientos y truenos braman, tremolan banderas y estandartes, allí donde los hombres viven". Entonces, nadie comprendió el significado en aquellas palabras. Hoy, once meses después, aquella lectura permite entender el complicado panorama que se vive en la selva del Alto Huallaga, el refugio del cabecilla terrorista desde hace casi tres décadas.
Y es que entre febrero del 2006 y setiembre del 2007 los estandartes de la Dirandro y de la Dircote han desfilado, más cerca que nunca, por los inhóspitos territorios de 'Artemio', utilizando una fórmula infalible: incursión y golpe. Así se sucedieron las operaciones que desembocaron en la muerte de su viejo camarada Héctor Aponte Sinarahua, 'Clay', en la constante y fastidiosa presencia de cientos de agentes antidrogas protegiendo a los erradicadores de hoja de coca en el fortín senderista de Yanajanca, así como en la caída de casi 30 integrantes de su facción vinculada a los narcotraficantes del Monzón y Tingo María, la destrucción de sus campamentos en zonas remotas, y en la captura de diez hombres vinculados a su seguridad.
Estas intervenciones, así como los testimonios recogidos, desentrañaron los secretos mejor guardados de la organización. Los colaboradores eficaces, los testigos con clave, los senderistas 'Arnold' y 'Chato Hugo' y un menor de edad --cuyos testimonios se encuentran en la Corte Superior de Huánuco y a los cuales accedió este Diario-- revelan la estructura y constitución del movimiento terrorista, las reales identidades de sus miembros, su verdadera capacidad de fuego y de respuesta ante contingencias, además del reducido número de integrantes que tienen para dominar un inmenso valle que produce unas 17 mil hectáreas de hoja de coca al año y que se ha convertido en una de las mayores despensas de droga de los cárteles mexicanos.
II
En la cabeza de la pirámide senderista está, hoy como hace 25 años, 'Artemio', custodiado por un anillo de seguridad de diez subversivos. A sus 54 años solo se sabe que tendría seis hijos en tres mujeres distintas y, según inteligencia militar, el último vástago nació el año pasado. Este Diario pudo conocer que el máximo mando senderista sufre de gastritis y que hace pocas semanas contó su necesidad de realizarse una cirugía plástica en Tingo María, para no ser identificado. Sus contactos hasta con cuatro médicos de dicha ciudad, todos vinculados a la organización, ya dispararon la alerta entre la policía antiterrorista. Los testimonios recogidos también indican que su alicaído poderío reposa sobre tres lugartenientes: Juan Laguna Domínguez (34) 'Piero' o 'Clay II'; Mario Epifanio Espíritu Acosta (42) 'JL' o Mancini'; y un personaje que tiempo atrás solo era conocido como Julián' o 'Iván'.
Este misterioso hombre, que no aparecía en los recientes archivos policiales, fue identificado por este Diario como Atilio Cahuana Yuyali (42), un senderista de viejo cuño, ex recluso y testigo junto a su hermano, también subversivo, de la masacre del penal Miguel Castro Castro en 1992. Se sabe que tiene una formación militar e ideológica sólida, que salió de Lima hace algunos años y que por órdenes del mismísimo Abimael Guzmán llegó a los dominios de 'Artemio' para ordenar y conducir con mano de hierro a las huestes del Alto Huallaga. Otro detalle que se conoce de su vida es que buscó formar nuevos cuadros en la organización y que pertenece a Sendero desde los '80 como el jefe del Comité Regional Huallaga, quien lo respeta por encima de 'Jl' y 'Piero'. Fue, precisamente, Cahuana o 'Julián' quien recitó el poema "Retorno a las montañas Chingkang" (el mismo que la policía descubrió en el campamento terrorista) y el que dio el mensaje final en un video grabado por un canal de televisión local en noviembre del 2006. Todo ante la atenta mirada de 'Artemio'.
Sin embargo, los tres mandos de SL al igual que su jefe no tendrían ninguna capacidad de fuego sino fuera por el accionar de su fuerza principal, o lo que ellos llaman "ejército guerrillero popular". Este batallón tiene dos pelotones de entre 12 y 14 miembros cada uno, de los cuales cinco son mujeres y dos de ellas parejas de 'JL' y 'Piero', con quienes tuvieron hijos y a los cuales abandonaron para seguir en el monte. Otro órgano de importancia en Sendero es su destacamento guerrillero, la última instancia en jerarquía, integrado por solo cinco miembros. Es decir, la cúpula terrorista solo tiene 45 combatientes. Número suficiente para llenar un aula de clases o para formar cuatro equipos de fútbol, pero no para mantener su poderío de antaño en el Huallaga, desde Tingo María hasta Tocache y desde el Monzón hasta Aguaytía.
Combatientes atemorizados, que viven a salto de mata. Algunos menores de edad, iletrados y con mayor capacidad para armar y desarmar un fusil AKM o una ametralladora HK-21 que para entender los escritos filosóficos o poéticos de Mao. Como ocurre, por ejemplo, con AAJC (16), 'Muña' (16) y 'Jordán' (17), tres de los diez detenidos por una patrulla que barrió las zonas comprendidas entre Aucayacu (Huánuco) y Nuevo Progreso (San Martín) en agosto. Los efectivos que vieron sus rostros, el día de su intervención, nunca imaginaron que ellos fueran los 'chalecos' del cabecilla. La sorpresa también los embargó cuando capturaron, por aquellos días, a otros terroristas de entre 19 y 20 años, casi todos de la zona, con familiares en Sendero o extraídos de su familia a la fuerza. Uno de esos muchachos, que representaría a la última generación senderista en el Huallaga, reveló detalles desconocidos de 'Artemio'.
III
Es un rara avis entre los personajes entregados al terrorismo en Latinoamérica ya que su identidad sigue siendo un absoluto misterio y debido a que ha sobrevivido --con pequeñas cicatrices en distintas partes del cuerpo-- a brutales enfrentamientos y a cercos montados por el Ejército y por la Policía para detenerlo. Nadie lo ha reconocido desde la creación de SL, y hasta hace cuatro años apenas se distinguía su rostro en el famoso video de "Zorba El Griego". Ahora se sabe que sus padres habrían fallecido, pero que tendría un hermano vivo en el Huallaga. Algunas de sus mujeres están tras las rejas y apenas lo conocen. Ni qué decir de los hombres de su entorno --quienes solo conocen qué comida prefiere, qué obras lee o qué armas porta-- pero que ni se atreven a preguntar sobre la verdadera identidad del hombre que conocen como 'José' o 'Negro'.
'Artemio', según fuentes consultadas, es casi un fantasma que desde los últimos meses viene planeando un atentado de proporciones aún sin los pertrechos necesarios para ejecutarlo y regalando terrenos entre los subversivos. Tierras más pequeñas, sin lugar a dudas, que las 40 hectáreas que él tiene en el sector Bijao-Magdalena y que sus maizales en la zona de Pavayacu. Lugares que por años se han constituido en su feudo infranqueable, alejados de extraños, y de difícil acceso a la policía antidrogas que casi no realiza trabajos de erradicación de cocales ya que la producción aquí es mínima. Zona donde los pobladores, empobrecidos y dedicados a cultivar coca por necesidad, lo ven como un terrateniente que imparte justicia ante la acostumbrada ausencia del Estado. Territorio vedado no solo para las fuerzas de seguridad sino también para los narcotraficantes extranjeros que llegan al Perú.
Hasta los predios de 'Artemio' "no llegan colombianos, como los que se pasean en el VRAE (el gran valle cocalero de los ríos Apurímac y Ene), y menos mexicanos. Aun cuando los narcotraficantes peruanos, que él mismo protege a cambio de dinero, envían la droga hacía Ecuador o México. Los extranjeros apenas llegan a Huánuco y si caen por Tingo María será para la fiesta de San Juan y para probar comida de la selva. No para hacer negocios", dijo un efectivo antidrogas. Sin embargo, la sombra de imbatibilidad que proyecta el jefe terrorista es falsa, según agentes antiterroristas, ya que incluso ha sido vapuleado y tachado de traidor por la facción del VRAE.
Nunca antes 'Artemio' y su famélica organización han quedado tan frágiles, expuestos y desprotegidos como en los últimos meses. Fuentes de inteligencia policial que operan en el Huallaga desde el 2006 (algunas financiadas por la DEA), incluso revelaron que el último mando histórico en libertad de SL ya está 'centrado', y que su caída es inminente. Un agente que descartó el uso de sistemas GPS y de operaciones helitransportadas en simultáneo reforzó dicha hipótesis: "Es posible que su captura se realice a la antigua. Es decir, con los datos de informantes o testigos de su entorno se forma un pequeño equipo de efectivos y se les envía al monte a ejecutar la misión". Una misión que deberá realizarse ahora o nunca.