Tras un largo silencio, la lideresa de Unidad Nacional confirma la crisis de su agrupación y critica la falta de reformas del régimen
Por Juan Zegarra
¿Hay alguna razón para su alejamiento del debate político?
He guardado un poco de silencio y quizá sea la línea que deba asumir. Quiero tomarme el tiempo para reflexionar y permitir que en el PPC puedan haber otros voceros que también cubran el día a día político.
¿Estará como ausente?
Ni tanto que queme al santo ni tampoco que no lo alumbre. El PPC tendrá su congreso nacional y habrá una nueva directiva. Precisamente, hace dos meses yo había señalado que prefería una renovación de toda la directiva, incluyéndome. Junto con eso, existen voces de que debo revisar esa decisión. Confieso que lo estoy haciendo.
¿Antes pensó en no reelegirse teniendo en cuenta los últimos resultados electorales?
No se puede seguir poniendo el tema del pasado, yo más bien pensaba en el futuro. Soy institucionalista y me parece importante que un partido no se centre en una sola figura.
¿Quizá cambió de decisión porque como presidente del PPC tiene la plataforma para el 2011?
Si decido continuar en el cargo, haré una reforma generacional para poder proyectar las figuras del 2011. En ningún caso, cualquiera sea mi decisión, tiene que ver con el 2011, lo cual siento absolutamente lejano.
¿No descarta su postulación en el 2011?
Soy la mejor jueza de mí misma. Una decisión de esa naturaleza tiene que ser pensada con mucha serenidad porque para una persona que ha tenido dos derrotas consecutivas hay un desgaste. El escenario del 2011 hay que mirarlo con mucha calma. Construí con ilusión Unidad Nacional, que está pasando momentos difíciles, en un intento por no fragmentar nuestro espacio político. Esa misma lógica debería mantenerse en el 2011 y lo peor que le puede pasar a nuestro espacio político es tener por vanidades personales una proliferación de candidaturas.
¿Queda algo de Unidad Nacional?
Sería muy tonto y falto de objetividad no decir que se está pasando por dificultades luego de la derrota del 2006. Primero con la salida de Renovación, que se incorporó al Gobierno. Allí hubo una fractura. En cuanto a la relación con Solidaridad Nacional de Luis Castañeda, no se ha producido un quebrantamiento en cuanto al carácter programático, pero sí hemos tenido dos muy significativas votaciones políticas
Ambas con relación al Apra
La votación para la elección de la Mesa Directiva del Congreso y la censura al ministro Luis Alva Castro demuestra que hay una perspectiva distinta. El PPC aspira a tener una posición responsable pero más crítica al Gobierno, mientras que Solidaridad Nacional tiene una actitud más proclive a evitar conflictos con el Gobierno. Está claro que tenemos una afinidad programática pero perspectivas políticas distintas. Hay voces dentro del PPC, que también las hay en Solidaridad Nacional, que dicen que frente a las insalvables discrepancias políticas hay que poner una lápida a lo que ya son añicos.
¿Entonces ya feneció UN?
No creo eso porque hay espacios comunes. Hay alcaldes en todo el país que tienen como base nuestra alianza. Una ruptura precipitada sería una irresponsabilidad porque llevaríamos a la crisis a los gobiernos municipales que perderían mayoría. Convertiríamos los episodios políticos en la ineficacia de alcaldes. Yo haría un esfuerzo por preservar la alianza hasta mayo del 2010.
¿Se resigna entonces al hecho de que su alianza vote dividida en los temas políticos?
Podría haber eso. Me da la impresión que el presidente de Solidaridad Nacional, que además es el alcalde de Lima, prefiere la más armoniosa relación posible con el Gobierno.
¿Quizá hay un juego propio de Luis Castañeda con el Gobierno y no tanto con usted?
Previmos no estar necesariamente comprometidos al 2011 y por eso la prórroga de la alianza se firmó hasta mayo del 2010.
¿Reconoce que se equivocó cuando pretendió que el PPC se subsumiera en Unidad Nacional?
Ese será uno de los temas por los que tengo que dar cuenta en el congreso partidario. Frente a eso, tuve una oposición interna muy importante como la de Ántero Flores Aráoz. A la luz de las cosas agradezco a los críticos de mi tesis porque hubiese sido una decisión un poco precipitada.
Por ejemplo, a Ántero Flores Aráoz.
La vida tiene circunstancias curiosas porque quien se despidió de su mandato diciendo que quedaba como vigilante para impedir que eso ocurriera, hoy ya no está en nuestra casa.
Ahora está cercano al Gobierno, como Rey y Castañeda.
Tengo que respetar la decisión de las personas. Respecto del Apra, siento satisfacción de que algunas ideas que planteamos con claridad y que los apristas criticaron o dudaron, hoy las asumen como tesis. Si el contrincante vira en el ejercicio del Gobierno, uno no tiene por qué sentirse mal de que nuestras ideas sean seguidas.
¿Pero el Apra, al seguir parte del programa de UN, la deja sin bandera opositora?
Así como Lourdes Flores salió para enfrentar la estatización de la banca, qué duda cabe que hoy no le puede decir lo mismo a Alan García. Pero, me parece que está seducido por ser el presidente de un país que crece al 8% anual, aunque no está dando énfasis a la transformación del Estado, en la labor social, en la elevación de los niveles de educación y salud. Con todo el maravilloso escenario internacional, sin esas reformas no será posible tener una modernización integradora. Hay que aprovechar el quinquenio de precios altos de minerales para transformar socialmente al Perú, si no será una oportunidad desaprovechada como en la época del guano.
¿Y se ha hecho alguna reforma para esa gran misión social?
No, es allí donde siento que está el gran vacío y déficit del Gobierno. La carencia de este régimen puede tener consecuencias nefastas. Esos son los desafíos y no contentarse solo con ser un país de éxito macroeconómico. Aunque sean matices, es allí donde se centrará nuestra voz crítica.
Pero si la oposición falló en un tema tan evidente como la censura contra Alva Castro...
Allí la oposición falló, nosotros fallamos. Hubo personas independientes de nuestra bancada que fallaron esa noche. Presentaron certificados de salud, hicieron viajes inesperados o tuvieron reuniones imprevistas, todo eso es una mala señal. Soy muy crítica por esas ausencias. En la vida parlamentaria uno no puede quitar el cuerpo.
¿Y los ha llamado para decirles qué pasa, a qué juegan?
Prefiero guardar reserva de lo que hago internamente pero critico abiertamente a quienes han evadido su responsabilidad con ausencias que no se justifican.
Con esa oposición desarticulada, Alan García y su partido dominan el escenario con solo un tercio de su bancada.
Creo que es peligroso que con maña y habilidad, y un tercio del Parlamento, se pueda hacer lo que se quiera. Eso no me parece bien. Soy crítica de quienes no están honrando su deber como parlamentarios, me parece penoso. Nos está faltando una línea crítica responsable. El caso de la censura a Alva Castro es importante porque tiene que ver con una reforma en seguridad ciudadana y porque es uno de los temas que está fallando. El Estado es incapaz de gastar eficientemente, en un momento que tiene plata. No estamos hablando de compras extraordinarias, sino de carros.
¿Debe renunciar Alva Castro?
Debe renunciar y está bien que el presidente del Consejo de Ministros y el presidente hayan dicho que es el momento de evaluar a los ministros.
¿Usted cambiaría a Rey, como algunos vocean?
Soy cuidadosa de no decir a quién deben cambiar, pero me parece bien que haya cambios, no para satisfacer a la oposición o a la opinión pública, sino para que el Gobierno se oxigene.
Pero ahora Alva Castro está fortalecido, en Transportes estaría por entrar Garrido Lecca, y en Vivienda asumiría Omar Quezada, es decir, habría una tendencia por aumentar la cuota aprista en el gabinete.
Imagino que el Gobierno estará haciendo su juicio de valor respecto de esta caída importante en la opinión pública. Hay la sensación de que el Apra se aferra a la defensa de un militante cuando surge una voz crítica mientras que a los ministros independientes sí dejan que se les cuestione, incluso ellos mismos lo hacen. Alva Castro debe irse y es prudente que el Gobierno se refresque con un cambio parcial del gabinete.
¿No fue un tanto benigna cuando vino Fujimori y usted dijo que sentía lástima por el hecho que un ex presidente termine de ese modo?
No era esa la idea, ni creo que se haya tomado de ese modo. Reitero el concepto, lo que es una lástima es que hayamos tenido pocos gobernantes de los cuales puedas decir "fue un presidente elegido por el pueblo y es un señor". En el caso Fujimori, digo que no hay que politizarlo.
El caso Fujimori puede servir para advertir a futuros mandatarios de que irán a la cárcel cuando cometan delitos desde el poder
No tengo ningún problema en decirlo en esos términos. Si como consecuencia del proceso hay que imponer sanciones, entonces que se haga con severidad. Quiero que la justicia peruana nos dé una señal inequívoca para juzgar situaciones difíciles.
¿Le preocupa que ese señalado pacto entre el fujimorismo y aprismo favorezca a Fujimori?
El país sancionaría severamente alguna actitud permisiva en ese campo. No creo que el presidente García ni el Apra consideren tal cosa y además eso está en manos del Poder Judicial. El fujimorismo es monotemático. Primero trataron de evitar la extradición y seguramente buscarán su libertad. En todo caso, considero que el fujimorismo tendrá un período adicional pero que tenderá a la extinción. No creo que tengan posibilidades en el 2011.
¿Le preocupa que siga en pie una corriente antisistema?
El éxito de este proceso de modernización que el Perú vive es el mejor antídoto contra el radicalismo. Mientras más gente tenga un trabajo, un pequeño negocio o la familia que recibe atención médica y educación, entonces tendrá cosas que defender, será una sociedad que no busca la radicalidad. Me imaginaba a García, al día siguiente de asumir su mandato, haciendo un fuerte trabajo en el sur y la sierra central, cambiando la realidad de Huancavelica, el departamento más pobre, pero está totalmente inactivo y las pequeñas cosas que ha hecho no terminan por armarse. Él sigue encandilado con el crecimiento del 8% del PBI. El Gobierno va a paso de tortuga en la reforma social.
"No formamos parte de la Iglesia"
¿Qué opina de la propuesta para retirar la palabra 'cristiano' del rótulo del PPC?
El autor de esa propuesta fue Xavier Barrón que nos sorprendió a todos y que ha dado lugar a un debate intenso. Barrón considera que es un tema de imagen, no supone un desconocimiento doctrinario. No formamos parte de la Iglesia.
Puede ocurrir que el cintillo de 'cristiano' aleje a un sector de liberales que podrían integrarse al PPC.
Si me lo plantea en esos términos, eso obliga a una definición de fondo. Debemos ser una expresión popular del pensamiento social cristiano. Por eso, cuando el partido ha ido construyendo su historia lo hizo sobre la base de alianzas con fuerzas afines y personas con las que podía compartir un proyecto común. Esa es la decisión que debemos tomar hacia el 2011, y no pienso en un proyecto personal. Lo peor es que ese sector se fragmentara en 20 partes, impidiendo ser una genuina opción de gobierno.
¿Entonces, cómo queda el PPC?
Transformaremos el partido. Como los republicanos y demócratas en Estados Unidos que agarran todo, que no son doctrinarios sino agrupaciones con una serie de temáticas. Creo que el PPC debe ser siempre un partido social cristiano, pero debe tener lazos y posibilidades de abrirse un poco más allá. Desde la Democracia Cristiana hasta hoy hemos sido un semillero de líderes políticos. Martha Chávez me dijo con mucha sorna pero con una frase inteligente, que éramos el Centro Iqueño de la política peruana, este equipo que fue semillero de glorias del fútbol pero que luego bajó a segunda división.