Mañana jugará de '6' ante Chile en Santiago
Por Guillermo Oshiro
De figura indiscutida a pieza prescindible, de la plenitud de una carrera ascendente a la jubilación que asoma. En siete años, Jayo Legario ha pasado de ser el 'Pulpo' de enormes tentáculos al volante que ofrece experiencia por sobre todas las cosas. Hoy no es ni en broma la copia mal hecha de aquel 'perro de presa' de Unión de Santa Fe que a punto estaba de marcharse al Celta de Vigo con una sola misión: hacer menos trágica la marcha del francés Makelele al Real Madrid.
A sus 34 años, Juan José perdió hace rato la condición de estrella que alguna vez tuvo, se le extravió el ticket de titular de la selección en algún lugar de la casa. Sin embargo, la escasez de volantes centrales en el medio peruano le permite hacer de su experiencia una cualidad capaz de seducir a cualquier seleccionador.
Que Chemo lo anote en su lista de cambios para enfrentar mañana a Chile no sorprende. Más que por méritos propios, lo de Jayo pasa por una cuestión de descarte, sobre todo tras el gran favor que le hicieron Paolo de la Haza y el 'Pato' Quinteros --ninguno, por cierto, es volante neto de contención-- y la ausencia terrible de alternativas válidas para aceptar otras sugerencias (Rainer Torres, la única opción visible, está lesionado).
Con el 'Ciego' Oblitas, Pacho Maturana y Paulo Autuori como seleccionadores, JJ siempre tuvo un lugar asegurado, incluso al punto de ser tan fijo como hoy lo es Paolo Guerrero. Pero los años pasan y no en vano.
Ya no recuperará tantos balones como antes ni tampoco tendrá el don de la ubicuidad. La versión de este Jayo recurre a la intuición para 'robar' pelotas y al esfuerzo medido para terminar de pie el partido sin hacer evidente que ya no corre a 80 km por hora.
Siete años después de su único golazo con la selección (en 93 partidos), el 'Pulpo' vuelve a Santiago y no como una cábala, pese a que para muchos lo parezca. Simplemente regresa para pedir el puesto que prestó y nadie se lo arrebató en la cancha, aunque no sea el Jayo que siempre queremos recordar.