Se requiere gente técnica que haga marchar las cosas con más agilidad y que la plana mayor del Ejecutivo promueva y practique la ansiada reforma del Estado
Por Mariella Balbi
El alza de algunos alimentos de impacto en la economía popular, la inconsistencia del trabajo gubernamental en los pueblos damnificados por el reciente terremoto de Pisco, el desplome del precio del dólar, las irregularidades en el Seguro Integral de Salud y en la compra de patrulleros y pertrechos originaron un descenso preocupante en la aprobación de la gestión del presidente Alan García.
El tratamiento del tema del dólar fue inadecuado. Diversos voceros gubernamentales pretendieron minimizar el impacto en la economía, alabando las bondades de nuestra moneda nacional, sin tomar en cuenta que al Perú llegan cerca de US$3.000 millones de remesas mensualmente, con los que viven muchas familias de bajos ingresos. Si recibían 330 o 320 soles, bajaron a 299, cosa que las perjudica, ajustándolas.
Con el asunto de patrulleros y pertrechos la población percibe poca transparencia y teme, legítimamente, que caigamos en la feroz corrupción del primer gobierno aprista. Si bien no vale la pena recordarla, no se puede olvidar.
Todo esto y la lentitud de los trabajos de reconstrucción en el sur colocan en la pantalla un problema que este gobierno aún no puede superar: no hay capacidad de gestión, no hay gerencia, metas, mediciones ni eficiencia. Tan inapelable como cuando a uno solo le queda cambiar de talla por gordas razones. Antes del terremoto de Pisco la tensión social llegaba a decibeles preocupantes y todo indica que tendremos una réplica con paralización de la CGTP y protestas regionales.
El remozamiento del Gabinete es la respuesta gubernamental ante la mirada crítica de la gestión presidencial. No sabemos cuántos cambiarán, menos sabremos el porqué; más aun cuando el primer ministro declaró estar satisfecho con los actuales ministros. Falta ver si los sustitutos son personas del Apra, simpatizantes del partido o independientes, aunque el requisito fundamental debe ser que posean capacidad de gestión. Tenemos un Estado ricachón que no puede colocar su dinero en postas médicas, colegios, caminos, patrulleros, agua ni desagüe.
Se requiere con urgencia gente técnica que haga marchar las cosas con más agilidad y que la plana mayor del Ejecutivo promueva y practique la ansiada reforma del Estado. Muchos profesionales destacados ven con espanto trabajar para el gobierno. Este les pide su cuota de civismo y que acepten los bajos sueldos que el impulso presidencial dictaminó. Pocos lo harán, pues no aspiran a las compensaciones del político.
Tal vez el mayor resquemor de los independientes sea enfrentar a un partido como el Apra, tan infraterno con quienes no lo integran. Alguien que cuenta con un doctorado en el extranjero o con altas calificaciones profesionales no tiene paciencia para la pequeña lucha política. La disyuntiva para el gobierno es dura: si no actúa y llega donde la gente espera hace tiempo, el radicalismo se incrementará y reducirá aun más la viabilidad del país. No habrá encuesta, por más amiga que esta sea, que muestre un alza en la aprobación presidencial.