Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google

Análisis político: Los reinos del mal peruano

Impunidad de la congresista Elsa Malpartida, que puede generar violencia como favorecer la siembra ilegal de coca

Juan Paredes Castro

Por  Juan Paredes Castro

Escribo esta columna en medio de dos viajes. Uno ya realozado, a Asia, y otro por hacer, a Europa. Ambos con una motivación de fondo: buscar algunas claves de por qué estas regiones han despegado hacia un desarrollo avanzado y cómo la nuestra --América Latina-- sigue tan extraviada como siempre, así lo beneficie el crecimiento económico y la inmensa riqueza de sus recursos naturales.

Aquí en el Perú, por ejemplo, queremos atacar por fin y decididamente la corrupción, inclusive nombrando una 'zarina' para ese fin. Pero la corrupción, el contrabando y la evasión tributaria tienen un solo vientre materno: el Estado ineficaz y engorroso, al que precisamente demoramos demasiado en transformar y modernizar. Y lo que es peor: no hay lucha anticorrupción que valga si no acabamos o por lo menos reducimos la impunidad. La impunidad como la de la congresista Elsa Malpartida, que tanto puede generar violencia donde quiere como puede favorecer la siembra ilegal de coca en provecho del narcotráfico. Ella, como tantos colegas suyos, refleja, con desparpajo, cómo el voto ciudadano puede ser secuestrado y desviado hacia el ejercicio del poder político con fines oscuros.

Bien. ¿Qué combatimos primero, la corrupción o la impunidad? Ojo que la corrupción puede estar --y de hecho lo está-- tan institucionalizada como el Estado también puede albergar una criminalidad gubernamental profunda. Sea cual fuere la dimensión de ambas, nos sentiremos cada vez más impotentes para enfrentarlas si es que antes o paralelamente no encaramos la reforma del Estado.

¿Tenemos acaso que emprender una curación de golpe que termine por no emprender nada? Comencemos por tener al paciente permanentemente en el quirófano, que es mejor que tenerlo suelto.

La lección emergente de Asia (China, Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Malasia, Hong Kong) es que el Estado tenía que ponerse al servicio del desarrollo y no al revés. El Estado tenía que dejar de ser un parásito para convertirse en una célula regenerativa de cambios en la educación (con altos niveles de inversión), en la administración estatal (con cero corrupción), en la investigación tecnológica, en los agresivos estudios de mercados externos, en la infraestructura de las telecomunicaciones (que abaratan el acceso a la modernidad), en la obtención de recursos humanos calificados eficientes y honestos (que aquí necesitamos a gritos), en la competitividad de costos, en la propiedad intelectual. En fin, ¡cuánto podemos cambiar al Estado Peruano en esta dirección!

Por lo pronto, luchemos contra el reinado de estos tres poderes: la corrupción, la impunidad y el Estado parásito.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google