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El censo que sirvió de frontera

El empadronamiento pudo ser trágico en las comunidades ubicadas entre los distritos de Yauli y Paucará, donde hay un problema limítrofe en la autodenominada nación Chopcca

Por Miguel Ángel Cárdenas

Junto con los queros del Cusco, los chopccas de Huancavelica son quienes conservan sus tradiciones con mayor rigor. Ellos tienen la fama de ser, desde que resistieron a los españoles, extremadamente amistosos con quienes los visitan y aprecian a más de 3.850 m.s.n.m. y radicalmente violentos con quienes los enfrentan.

Un día antes del censo nacional 2007, en la capital del departamento, la directora del INEI-Huancavelica, Esperanza Arroyo, confesaba que seguía habiendo zozobra. Es que habían aparecido problemas de límites en la nación Chopcca, que tenían en pie de guerra a sus representantes. Según ellos, recién habían descubierto que el anterior presidente regional de Huancavelica había ordenado que 10 de sus 16 comunidades pasaran a la jurisdicción de Paucará, en la provincia de Acobamba. Y, por eso, cincuenta autoridades chopccas llegaron tres semanas antes del censo hasta la oficina de Arroyo para defender su pertenencia "desde siempre" a Yauli, en la provincia de Huancavelica.

El INEI buscó una salida de emergencia, "hasta que se dilucide la ley de creación de distritos". Si bien en la zona rural el período del censo se amplía hasta 15 días, en la nación Chopcca se haría un barrido censal extraordinario en dos días. Y en una medida más delicada ordenó que los empadronadores serían cien personas ajenas a las comunidades: 86 trabajadores del programa Juntos en Huancavelica y el resto, personal del INEI. Los chopccas aceptaron "porque somos pacíficos", pero aseguraron que todo el proceso sería vigilado, como es hasta en las elecciones presidenciales, por sus inspectores ancestrales (identificados con 'verccas' o cinturones para azotes) y su grito: "ñaupaccman puririspa" ("siempre adelante, nunca retroceder").

UN CHOPCCA A PRESIÓN
Y así fue. El sábado en Ccasapata, la comunidad más antigua y más poblada, Víctor Soto, el alcalde, formaba tres comisiones de fiscalización. Los comuneros de los diez anexos decían respetar a los campesinos de los otros seis que se identificaron con Paucará, "pese a dividir a la nación". A las 11 a.m. del domingo la incertidumbre continuaba en el caserío limítrofe de Chuccllaccassa, donde la noche anterior los chopccas yaulinos se habían decidido por el distrito rival; según su teniente alcalde: "porque Paucará nos ofrece obras". La comunidad de Chopccapampa también se dividió en dos, ahora llamados A y B, según el INEI, por este lío.

Pero fuera de la zona fronteriza, en los caseríos fieles a Yauli y que pasan los 4.000 m.s.n.m., el censo fue recibido con aplausos y los inspectores ayudaron a los empadronadores que llegaron en 21 motos y tres camionetas.

--¿Qayka wata?, le preguntaba por su edad, al borde de un bosque de piedras, la empadronadora Hilda López a Moisés Taipe, padre de dos hijos.

Los quechuahablantes estuvieron animados y cómodos con encuestadores como Graciela Esteban, quien, sin embargo, se sentía morir de pena preguntando primero:

--¿Kaywasiquipi cancho radio? (¿Tienes radio?)

Y ante el evidente: "no" en un pueblo en pobreza extrema, tener que continuar: "¿y lavadora, refrigeradora, teléfono, televisor y celular?".

Pero se moría de risa cuando pobladores agudos como Simón Taype (44) le respondían en quechua: "No, solo tengo Internet". Graciela también le preguntó si tenía parientes fuera del país y Simón contestó: "No, pero yo a veces me voy de vacaciones a Alemania".

Hasta el mediodía, en las siete comunidades quechuablantes más pobres había un fenómeno innegable: una abrumadora mayoría pertenecía a la religión evangélica. "Pero son evangélicos de día nomás", asestaba en minoría Angelo Dámaso, el católico teniente alcalde de Ccasapata.

La orden de inamovilidad fue imposible de cumplir aquí. Y empadronadoras como Irma Páucar, del programa Juntos, sabían que su trabajo debía extenderse hasta más allá de las 6 p.m. y empezar al día siguiente a las 5 a.m. para censar a los campesinos que luego van a sus chacras. "Lo haré con alegría", afirmaba Irma, porque la gente la trataba con extrema amabilidad. "Pero también con preocupación porque cuando me preguntan si tengo que ver con la solución a sus problemas limítrofes, les digo que soy una técnica y no una política", porque la fama de guerreros de este pueblo de sombreros multicolores con figuras de aves y zorros y correas llamadas 'zurriajes', para mantener la disciplina, no se la quita nadie.

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