LONDRES [AGENCIAS / EL COMERCIO]. Como casi ningún otro galardón artístico, el premio Turner tiene una larga historia de controversias y escándalos: nadie olvida, por ejemplo, la vaca partida en dos en formaldehído de Damien Hirst o la sala vacía de Martin Creed. Bajo el título "Turner Prize: A Retrospective", la Tate Britain de Londres ofrece una revisión de los ganadores de este premio, que se entrega desde hace 23 años.
La exposición, que estará abierta hasta el 6 de enero, es una amplia retrospectiva sobre las décadas de polémicas, que renuevan una y otra vez el debate sobre qué es el arte moderno. El premio Turner, que algunos comparan en importancia con el premio Hugo Boss del Museo Guggenheim o el premio Bucksbaum del Museo Whitney, se remonta a la iniciativa de un grupo de coleccionistas: los Patrons of New Art. Su meta era impulsar las carreras de artistas británicos jóvenes. Y como el conocido paisajista inglés del romanticismo William Turner (1775-1851) intentó en vano durante su vida crear un premio para artistas jóvenes, le pusieron su nombre al galardón.
El entonces director de la Tate, Alan Bowness, quedó entusiasmado con la idea de inmediato y así en 1984 se entregó el premio Turner por primera vez. Desde entonces, la distinción es también sinónimo de escándalo. Así, hasta ahora, prácticamente todas las entregas desataron polémicas y controversias. Entre las obras nominadas al Turner figuran floreros decorados con imágenes sadomasoquistas, bull terriers castrados o maniquíes de mujeres de escaparate desnudas con narices en forma de pene.
Y entre las obras distinguidas figuran fotos de hombres masturbándose, imágenes de bosta de elefante, camas deshechas y animales en formaldehído. Incluso un periódico arrugado fue premiado por su "impulso a la reflexión".