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Una tragedia anunciada

Por Jorge Vera. Brigadier mayor del Cuerpo General de Bomberos del Perú

El 29 de diciembre del 2001, a las 7:15 p.m., la caótica rutina del Centro de Lima se vio brutalmente alterada por lo que, al principio, parecía una celebración con fuegos pirotécnicos; pero con el transcurrir de los minutos se fue tomando conciencia de que se trataba de un siniestro que se constituiría en la más grande tragedia ocurrida en el país.

Las cifras oficiales indicaron: 227 muertos (cadáveres completos), 117 restos humanos, 247 heridos, una cifra no precisada de desaparecidos y pérdidas estimadas en US$10 millones.

El de Mesa Redonda fue un incendio previsible. Este lugar siempre fue una zona de riesgo, debido a las deficientes condiciones en materia de previsión y de prevención de incendios. Basta con remitirnos a la historia. Se han producido incendios con presencia de pirotécnicos en 1981 (14 heridos); en 1991, en la esquina de Andahuaylas y Cusco (siete muertos); en 1998, en la cuadra 6 de jirón Cusco (14 muertos); el mismo año de la tragedia, días antes se produjo un incidente pirotécnico que ocasionó 14 heridos. Desde 1993 hasta el 2001 se registraron 25 incendios por otras causas.

El Centro de Lima es una zona de riesgo, debido a que muchas edificaciones han sido construidas con madera, quincha y barro, que datan de los siglos XIX e inicios del XX. Inmuebles que originalmente fueron viviendas hoy funcionan como establecimientos de venta y almacenes. A esto le sumamos que el comercio ambulatorio proliferó desordenadamente.

Edificaciones que no estaban construidas ni preparadas adecuadamente se convirtieron en grandes almacenes, con considerables cantidades de productos combustibles, lo que produjo una espectacular carga térmica. Días antes del incendio existía gran cantidad de material pirotécnico en la calle y en edificaciones aledañas. Esto convirtió a la zona en un lugar ideal para una tragedia anunciada.

El encendido de 900 metros cúbicos de material pirotécnico inicia una propagación en cadena con factores de transmisión del calor de tipo exponencial, que dura aproximadamente 14 minutos, lo que hizo que este sea técnicamente imposible de ser extinguido.

El acceso de las unidades de los bomberos resultó muy difícil, porque las calles estaban ocupadas por los ambulantes y por una gran cantidad de personas que pugnaban por salvar sus vidas o sus mercaderías, y algunos por hacer pillaje.

Si bien es cierto que después del incendio se promulgó la Ley 27718, que regula la fabricación, importación, depósito, transporte, comercialización y uso de productos pirotécnicos --que dio resultados, pues en los años posteriores los incendios descendieron en 50% durante diciembre--, todavía se cometen errores. Por ejemplo, han construido galerías con material que favorece la propagación del fuego. La prevención implica no almacenar excesivas cantidades de productos en un solo lugar y utilizar muros cortafuegos, que impiden que los incendios se propaguen de un lugar a otro.

Utilizar la plancha de fierro como tabiquería o pared para dividir los puestos en las galerías resulta un factor de propagación en los incendios, ya que el metal es buen conductor del calor. Si la pared fuera de ladrillo y concreto, los resultados serían mucho mejores, ya que resiste más el calor y evita la propagación. Esta condición, que pudo ser una lección aprendida del incendio, no ha tenido efectos positivos, pues en el mismo lugar donde fallecieron tantas personas, existe una galería con tabiquería metálica.

Es importante que se tenga en cuenta que el incendio de Mesa Redonda pudo evitarse, ya que se originó por las actividades inseguras o negligentes. En otra palabras, son los actos que hace o deja de hacer la gente, debido a la falta de cultura de seguridad.

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