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Lagerfeld: tirano, vanidoso y despiadado

EL FAMOSO DISEÑADOR SE MUESTRA COMO UN HOMBRE PREMEDITADA Y FUNDAMENTALMENTE SOLO SE ATRIBUYE EL MÉRITO DE HABER RESUCITADO LA CASA CHANEL CONFIESA QUE NI SUS AMIGOS LO CONOCEN VERDADERAMENTE

PARÍS [Agencias/El Comercio]. Karl Otto Lagerfeld (Hamburgo, 1933) posee una biblioteca personal de 300.000 volúmenes y una librería aristocrática en la Rive Gauche de París, aunque es imposible encontrar en las estanterías "The Beautiful Fall" y "Merci Karl", dos versiones complementarias del modisto germano que coinciden en modelarle un retrato despiadado, narcisista, extravagante, caprichoso.

El pigmalión de Chanel y de H&M ha movilizado a sus abogados para frenar la traducción francesa del primero y llevar a pleito, si procede, al autor del segundo, aunque debería disuadirlo de semejante estrategia la sentencia que él mismo proclama en un pasaje del filme "Lagerfeld Confidential": "La moda es injusta, efímera y peligrosa. Quien quiera justicia, que trabaje en otro sitio, que se dedique a la caridad, que haga obras sociales y benefactoras". La película acaba de estrenarse en Francia y ha competido en el Festival de Berlín, más o menos como si el estilista quisiera recordar a sus compatriotas cuánto ha progresado y cuánto se ha enriquecido aquel apátrida homosexual y ambicioso que recaló en París a los 21 años.

Fue entonces cuando conoció a Yves Saint-Laurent. Tuvieron una historia de amor y rompieron con vehemencia porque los dos pretendían al mismo hombre. Estos detalles no aparecen en el filme.

Sí pueden leerse en "The Beautiful Fall" (La hermosa caída), cuyas páginas envenenadas aluden a la (presunta) agonía profesional de Lagerfeld y sostienen que la contraposición entre él e Yves Saint-Laurent, animadores de la pasarela parisina, puede reconocerse en el orden ético y estético: "YSL ha creado su propio estilo con una fuerte personalidad, Karl ha sido un vampiro capaz de asimilar hasta la última gota de sangre". El veredicto proviene de la pluma de Alicia Drake, aunque los lectores franceses solo tienen acceso al volumen original en dos librerías inglesas de París. Otra cuestión es el narcisismo, la construcción del personaje Lagerfeld.

Le gusta el travestismo nocturno y llevar puesta una falda decimonónica, tanto en la intimidad de casa como en un avión que lo transporta de Nueva York a París. Podría tratarse de una regresión freudiana, pero el estilista detesta el psicoanálisis.

Y detesta conducir. Y detesta la idea cristiana del pecado y del perdón. Y detesta a los aduladores y a los crédulos. Y detesta a los homosexuales que reivindican el aburguesamiento del matrimonio. El verbo 'detestar', en fin, resuena y retumba en sus conversaciones tanto como lo hace el verbo 'adorar'. Por eso adora los libros y la soledad. Adora los anillos de plata y los iPod. Adora los amaneceres y el Tippex.

Adora a los hombres con melena y adora a su difunta madre. Se diría que el modisto está encantado de conocerse. Que ha convertido el 'dolce far niente' en 'dolce far tutto'. Que no confía en nadie ni en nada. Mucho menos en la idea sublime de Dios o en la vida después de la muerte.

Se atribuye el mérito de haber resucitado a Chanel en 1982. Y ha aprendido que la vida no se organiza en horas, días o años, sino de seis meses en seis meses, en alusión explícita a los plazos tradicionales de las colecciones de moda: "No hay nada peor que creerse el propio éxito. O vivir de él. Hay que saber renovarse. Dejar el pasado en el pasado. Saber leer con atención las claves de cada tiempo".

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