Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google

La última de las implacables

Aunque su hoja profesional es envidiable, la flamante jefa de la ONA no está libre de críticas. ¿Le alcanzará su buena experiencia para despejar las sombras de duda?

Por Renato Cisneros

Es la hora de salida del viernes en el estudio Echecopar. Todos los empleados abandonan la oficina, ubicada en el elegante quinto piso de un edificio clavado entre San Borja y Monterrico. La jefa de la Oficina Nacional Anticorrupción (ONA) y socia de este estudio, Carolina Lizárraga, llega tarde a la entrevista que aceptó concedernos. Pactamos a las 5:30 p.m. y ya son casi las 6 p.m. No es su culpa. El Consejo de Ministros --el primero en el que participa-- se extendió más de la cuenta y alteró su agenda.

Diez minutos antes de que la ex jueza hiciera su aparición, Gloria, su secretaria personal, nos ofrece un vaso de agua para distraernos. "¡Qué terrible! ¡En lo que se ha metido la doctora!", musita, como quejándose de la imparable rutina en que su jefa se ha visto repentinamente envuelta. Gloria comenta que conoce a la doctora Lizárraga desde que era practicante y luego, en un acceso de orgullo casi maternal, deja escapar un piropo: "Ella siempre ha sido muy recta".

Lizárraga ingresa a la habitación y nos saluda. Ofrece mil disculpas por su tardanza. Sin perder la sonrisa, se deja caer en la silla. Está extenuada.

Lo que más llama la atención de ella es su poca rudeza. Parece mentira que esta mujer guapa, de rasgos finos, que responde con amabilidad, que se muere de risa cada vez que su hijo de 5 años le hace muecas y que tiene un dejo algo aniñado en la voz, sea la misma ex jueza con fama de insobornable que en el pasado encaró a varios peces gordos y que ahora deberá montar un plan para mantener a raya a los corruptos.

"Soy tranquila, pero cuando estoy bajo presión tengo carácter fuerte", advierte la ex jueza, a quien cierta prensa local ha bautizado como 'zarina', mote que ella prefiere omitir.

A LUCHAR POR LA JUSTICIA
Antes de ingresar a la universidad, Lizárraga pensó en estudiar psiquiatría. Le gustaba analizar el comportamiento humano y la estructura de las mentes criminales, pero su impericia con los cursos numéricos la disuadió. "Me iba a ser difícil estudiar Medicina. En los dos años de Humanidades en la Católica noté mi tendencia al servicio público".

Eligió Derecho, se afanó con el curso de Derecho Penal y rápidamente intuyó que su futuro iba a estar ligado, no a un estático bufete de abogados, sino a la investigación, al ámbito carcelario y a la administración de justicia.

A pesar de que tenía ese panorama muy claro, su decisión de convertirse en jueza no contó con la anuencia de su entorno. "A nadie le gustó mucho la idea. Yo estaba separada de mi primer esposo y tenía siete meses de embarazo de mi primer hijo. Fue un momento un poco crítico".

Hace poco más un año, en una entrevista, Lizárraga contaba que la demanda de sus labores le impedía tener una familia normal. Hoy su sensación es diferente. Su reciente segundo matrimonio le ha devuelto cierto optimismo perdido y, aunque sus responsabilidades no son menores, intenta estar cerca de sus hijos. Que Andrés, de 5 años, corretee por el estudio mientras su mamá conversa con nosotros es una irrefutable prueba de eso.

MUÑECA MUY BRAVA
Le preguntamos a Lizárraga cuál de todos los procesos que ha tenido a su cargo ha sido el más complicado. Su respuesta no demora un segundo. "El Caso Colina", dice. "Era un caso de derechos humanos y se produjo justo en la época del terrorismo", añade.

Aunque nunca ha recibido amenazas de muerte, ni incentivos económicos que intentasen torcer sus puntos de vista, Lizárraga recuerda que una vez le hicieron un seguimiento.

"Fue durante el caso del ex presidente Alejandro Toledo, pero nunca se llegó a saber quién era la persona que me siguió".

Como se sabe, en diciembre del año pasado el Sexto Juzgado, a su cargo, decidió abrir un proceso penal contra Toledo, por su participación en el caso de la masiva fábrica de firmas falsas de País Posible (luego Perú Posible). Esa medida le granjeó los odios de las huestes toledistas, que hasta hoy la miran con desconfianza. En los últimos días, el ex presidente del Congreso Carlos Ferrero y el ex ministro de Trabajo Juan Sheput han levantado críticas en su contra, pues están convencidos de que ella se prestó para materializar una persecución política contra el ex mandatario.

A Lizárraga le fastidian esas insinuaciones, pero no se hace mala sangre. "Las críticas no me resbalan, las oigo, pero tengo que seguir trabajando".

Ella no recuerda haberse arrepentido nunca de una decisión, aunque sí admite que ha habido episodios conmovedores en los que ha tenido que congelar el corazón. "Recuerdo el caso de unas mujeres que trabajaban en una oficina del Estado que daba dinero a personas muy pobres para que se pudieran operar. Ellas habían estado sustrayendo el dinero. Me dio pena porque tenían hijitos, pero hubo que detenerlas. Les tocó una pena muy alta".

DEBAJO DE LA TORMENTA
Desde que fue designada jefa de la ONA, Lizárraga ha tenido que cargar la cruz de las dudas de mucha gente. El propio presidente de la Corte Suprema, Francisco Távara, ha criticado la constitución de esa entidad y ha dicho que ella sería mucho más útil en el Poder Judicial.

"A mí me hubiera gustado permanecer ahí para siempre, pero desde el momento en que me hicieron el llamado para esta oficina yo sabía que iba a tener que tomarlo", explica.

Le consultamos sobre sus discrepancias mediáticas con el contralor Genaro Matute y la pregunta pierde total sentido cuando su celular suena: es justamente Matute, llamándola para felicitarla y para preguntarle cuándo se juntarían para conversar.

También se ha rumoreado que ella es amiga de Alan García y que su nombramiento solo pretendería alejarla de una labor ejecutiva y fiscalizadora a cambio de una tarea puramente administrativa.

"No soy amiga del presidente. Lo conocí recién a mediados de setiembre y me parece que es una persona que tiene un auténtico interés de hacer las cosas bien".

Le preguntamos si no teme que su oficina sea nicho para el copamiento aprista, pero muy convencida señala que no cree que vaya a haber apristas en la ONA. "La idea es captar a la gente más independiente", agrega.

Aunque no le gusta especular, Lizárraga dice que no descarta regresar al Poder Judicial en el futuro. Se pone un poco roja cuando le inquirimos si le gustaría ser ministra de Justicia. Pero su salida no es mala: "Yo no soy política, tendría que estudiarlo. Lo único que sé es que mi futuro está relacionado con el servicio público".

Al despedirnos, le deseamos suerte. La va a necesitar. No tanto para pescar a los corruptos ordinarios que tratarán de estar lejos de su oficina, sino más bien para librarse de los corruptos que la merodean, disfrazados de compadres. Si ella es implacable, sabrá reconocerlos.

LA FICHA
Nombre:
Carolina Lizárraga Houghton.
Nacimiento: Lima, 25 de marzo de 1970.
Estado civil: Casada (en segundas nupcias con José Ramírez Gastón).
Hijos: Dos, Constanza, de 11 años, y Andrés, de 5.
Estudios: Derecho en la U. Católica. Maestría en la U. de Yale (EE.UU.). Doctorado en la U. de Salamanca (España). Estudios financieros en ESÁN.
Últimos trabajos: Jueza del Juzgado Penal 36 de Lima, del Segundo Juzgado Especial y del Sexto Juzgado Anticorrupción.
Casos más importantes: Mariella Barreto, grupo Colina, César Almeyda, firmas falsas de País Posible (hoy Perú Posible), Sistema Integral de Salud (SIS).

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google