Lic. Cristina Barroso Psicóloga
La capacidad de los organismos para acomodarse a las circunstancias que los rodean se observa en todo ámbito. Los seres vivos que han sabido modificarse para contrarrestar las agresiones de su entorno son los que han sobrevivido.
En casos extremos como el abuso sexual infantil existen, por un lado, estrategias de protección que trastocan el equilibrio psicológico del infante y, por el otro, la llamada resiliencia. Martin Segilman, creador de la Psicología Positiva, se refiere a la habilidad para seguir proyectándose en el futuro a pesar de los traumas.
Detrás de estos ejemplos hay un proceso llamado adaptación. Piaget consideraba que esta se compone de: asimilación y acomodación. La primera se refiere al modo en que un organismo se enfrenta a un estímulo; la segunda implica una modificación en la organización en respuesta a las demandas del medio y la recuperación del equilibrio.
Para Piaget, inteligencia es ante todo adaptación, una puesta en equilibrio entre un mecanismo asimilador y una acomodación complementaria. La búsqueda de un nuevo equilibrio sería el motor para avanzar.
Todo proceso de adaptación implica transformación. Quien mejor asimila los cambios y se acomoda a las nuevas demandas contaría con mayor capacidad de adaptación, siendo esta una garantía de supervivencia.
Los obstáculos, los fracasos y los cambios en la vida de una persona serían nutrientes para nuestra personalidad y experiencia. La certeza de que mas allá de lo sucedido los recursos para superar el evento están en nosotros mismos, contempla una mirada más alentadora de las dificultades.